La animación como territorio de memoria
En Raptus, documental realizado con la técnica de stop motion, la realizadora Ivette Ávila recoge un duro testimonio sobre la violencia de género.
Raptus, un documental sobre la violencia de género realizado con las técnicas de la animación.
Foto: Cortesía de la entrevistada
Ivette Ávila, bióloga devenida realizadora audiovisual, convirtió la animación en un modo de escuchar el trauma sin exhibirlo. Con Raptus, documental animado realizado en 2025, ganó el Coral al corto y mediometraje de animación en la 46 edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y extendió el universo de Linterna Violeta, su proyecto sobre la violencia de género. Sobre el tema conversamos con la profesora de animación, especializada en la técnica del stop motion.
M.Q: ¿Cómo se articula el proceso de investigación y creación en tus obras?
I.A: Realmente investigo mucho, desde los aspectos formales hasta el contenido. En el caso de los spots leo muchos artículos, veo otros materiales hechos con anterioridad, sobre todo por lo delicado del tema y teniendo en cuenta el público meta al cual van dirigidos. También busco reportes de incidentes semejantes y testimonios o declaraciones de especialistas al respecto.
En cuanto al desarrollo audiovisual, como uso técnicas varias dentro de la animación artesanal, siempre hay que estudiar las particularidades técnicas de cada visualidad escogida y su posible potencialidad. Creo que el reto mayor es cómo la belleza artística y la poesía pueden potenciar estos mensajes.
Universo de posibilidades de la animación
M.Q: ¿Qué motivaciones te llevaron a abordar la violencia de género desde la animación?
I.A: Desde que comencé en el mundo de la animación, me han fascinado todas las posibilidades que tiene este arte, más allá de lo conocido y lo comercial. Ir descubriendo, poco a poco, todo ese universo fascinante y expresivo que puede evocarse a través de la imagen animada, ya sea para contar una historia o no, me parecía extraordinario.
Así descubro el documental animado, investigo sobre él y, quizás, la gran atracción que ofrece sobre mí este género viene por mi formación científica y como antropóloga. Nadie se asombra si ve un documental animado sobre el cosmos o sobre los dinosaurios que ya no habitan la tierra y no hay otra forma de representarlos.
Pero si dices: “Voy a hacer un documental animado sobre el estrés postraumático de militares, o sobre alguien que padece una enfermedad o de una experiencia subjetiva que han vivido unos pocos, la gente se asombra. Y es que la animación es un medio expresivo que carga con cierto estigma, que se asocia con lo ficcional, infantil o lúdico.
Ya teniendo claro que me parecía muy interesante explorar el documental con la imagen animada como visualidad, se unió a esto mi interés en el tema de la violencia de género.
A lo largo de mi vida, las experiencias de las amigas que he tenido en cada fase y mis propias vivencias, me motivan a proponerles grabar esos testimonios y comenzar esta serie titulada “Linterna Violeta”.

Violencia psicológica en Raptus
M.Q: ¿Por qué elegir el stop motion como lenguaje para Raptus?
I.A: Raptus es un testimonio muy duro, con evidencias de violencia psicológica, en el cual la sobreviviente de esta experiencia nos cuenta una historia de abuso al interior de la pareja, que pone de manifiesto un ciclo de violencia clásico.
Para esta obra escogimos la animación artesanal con plastilina. Lo dúctil del material, sus posibilidades de trasformación, las texturas que se producen al animar y arañar, excavar, provocar abolladuras con las espátulas, así como la paleta de color escogida, sentíamos eran un grupo de cualidades que apoyaban la sensación, la confusión, el sentir de esta mujer y podía hacer partícipe al público de la experiencia, ponerse en la piel del personaje.
M.Q: ¿Cómo dialoga la estética de la animación con la dureza del tema?
I.A: La voz que narra contiene mucha emocionalidad, mucho dolor. Y por momentos creo que esas texturas en movimiento, esos relieves que se transforman, casi permiten una percepción táctil a través de la vista, ayudan al espectador a conectar con el testimonio. Además de los colores, el uso de planos detalles y la atmósfera un poco oscura y asfixiante.
Otro elemento vital que aporta lirismo, sensibilidad y vuelve más real el trabajo con la plastilina es la música, creada por Carlo Fidel Taboada. Él trabajó con mucha ilusión y dedicación y fue muy receptivo con los ajustes, que nos llevaron a quedar muy satisfechos ambos.

Escenas escondidas en la memoria
M.Q: ¿Qué retos éticos y representacionales implica trabajar estos temas desde lo visual?
I.A: Realmente es un desafío cada nuevo material. Son temas que requieren de mucho cuidado, aunque las testimoniantes no salen en cámara, siempre nos exigimos cuidar ese mundo particular e íntimo que ellas nos comparten, desde la fractura, el dolor y el trauma.
Muchas reviven escenas que tenían escondidas en la memoria: sobrevienen recuerdos e imágenes que no habían tocado en años. Es muy fuerte y somos conscientes de que hablan de esos pasajes terribles porque sienten que pueden ayudar a otras, otros, a que no tengan estas experiencias negativas.
Entonces, además del profundo agradecimiento que sentimos por su cooperación y valentía, queremos que se sientan cómodas en cómo son representadas. Las invitamos a ver cómo progresa la realización, ellas dan su opinión e incluso a veces, aun cuando no salen en cámara, traen sus objetos, se dejan grabar para que en algún momento salga su silueta en el documental y están muy ligadas al proceso de trabajo.
Exponer la emocionalidad del personaje
M.Q: ¿Cuáles estrategias narrativas utilizas para generar empatía o conciencia en el espectador?
I.A: Para dar un acompañamiento visual al testimonio, que es el centro de Raptus, teníamos el gran reto de que no queríamos usar la animación para describir exactamente lo que se narraba, ni para sustituir la imagen que no se tenía real, en el documental.
Era nuestra intención entrar en la emocionalidad del personaje y exponerla, como un viaje a su propio sentir a medida que vivía la experiencia. Sentir los latidos, el sofoco, el desconcierto. No exponer la historia de modo literal, sino llevarla al campo de lo simbólico, de metáforas que adquirían corporeidad a través de la plastilina. Y ese fue un gran reto, cómo representar ese dolor físico y emocional con poesía y también con un poco de representación grotesca, para provocar también esa aversión hacia el abusador.
En un inicio era un documental más corto, ajustado a la duración del testimonio. Pero de esa forma resultaba más intenso, comprimido y podía ser quizás demasiado para el espectador: excesiva información, visual y sonora, muy compactada y asfixiante.
Entonces se tomó la decisión de incluir unos espacios donde imagen y música, daban un reposo al testimonio pero adentrándose en la confusión que podía sentir esta mujer ante las acciones de un hombre que creía la amaba, para luego pasar a una siguiente fase en esa escalada de violencia, en un nuevo fragmento de la narración».

Expansión de “Linterna Violeta”
M.Q: ¿Cómo ha sido la recepción de Raptus ante los diversos públicos que lo han podido apreciar?
I.A: Siempre es una obra que conmueve mucho, es sobrecogedora, los públicos suelen quedar en silencio un rato, como digiriendo lo que acaban de ver. Cuando hay posibilidad de debate e intercambio con el público es muy enriquecedor, salen a relucir testimonios, cuestionamientos sobre qué se puede tolerar o no dentro de una relación. Es muy interesante, la verdad.
M.Q: ¿Existen otros trabajos tuyos que amplíen o profundicen esta línea temática?
I.A: Aunque “Linterna Violeta” surge en el momento mismo que comenzamos a grabar los testimonios, se ha convertido en un proyecto más grande. El proyecto cuenta ya con tres documentales terminados y un cuarto que está en fase de postproducción. Además de diez spots que tocan diferentes aspectos y fenómenos de la violencia, como la prevención del abuso sexual infantil, las características y tipos de violencias de género, la violencia psicológica, el ciclo de la violencia, la hipersexualización infantil, entre otras.
M.Q: ¿Qué potencial tiene este tipo de obra para el activismo o la educación?
I.A: Algunos materiales de “Linterna Violeta” van dirigidos a los niños y niñas, a sus familias, a los profesores. Necesitamos que lleguen a las escuela y sean visionados y debatidos y estamos trabajando para eso. También los spots son materiales ideales para programación de cambio en la televisión o para las redes sociales.
Gracias al apoyo de British Council Cuba, estos materiales han sido subtitulados y doblados al idioma inglés y se están usando en clases de idioma en diferentes niveles de enseñanza. También han sido doblados a lenguaje de señas.
Estamos creando con el profundo deseo de que estos audiovisuales, más que una pieza de arte, sean obras útiles, transformadoras, polémicas, que arrojen nuevas perspectivas y debates. Hemos estado en espacios académicos y comunitarios. El intercambio con el público ha sido muy fructífero, tanto para ellos como para nosotros los realizadores. La sensación que nos queda siempre es: ¡Tenemos tanto por hacer aún como sociedad! (2026).
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