La Manigua: ¿Quién llamaba a Elpidio Valdés?
Esta interrogante sirve de pretexto para reunir a más sesenta artistas visuales y diseñadores en un singular homenaje al icónico personaje creado por el reconocido realizador y dibujante cubano Juan Padrón.
La Manigua se ha propuesto hurgar en las esencias de la identidad cubana a partir del humor y la interacción directa de los públicos infantiles y juveniles.
Foto: Tomada de la pagina de Facebook de La Manigua.
Con esta exposición —organizada como parte del proyecto de creación del Fondo Documental Juan Padrón apoyado por la Embajada de Alemania en Cuba— el Centro Cultural y Creativo La Manigua abre un nuevo espacio para promover la creatividad infantil a partir de tres ejes fundamentales: innovar, experimentar y divertirse con la historia, el arte y la cultura cubanas.
Pero me atrevo a afirmar que esta propuesta no solo involucrará a niñas y niños sino también a sus familias. Y la clave está, precisamente, en el modo en que el equipo de trabajo de La Manigua se ha propuesto hurgar en las esencias de la identidad cubana a partir del humor y la interacción directa de los públicos infantiles y juveniles con las obras artísticas, llámese pintura, dibujo, fotografía, animación, teatro, música… Se trata en síntesis de aprender jugando.
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La Manigua, un centro cultural y creativo —que se concibe para que los pequeños de casa y la familia toda puedan aprender— abrió sus puertas este sábado, 14 de marzo, en su sede, en calle 35 entre Paseo y 2, en el habanero municipio Plaza de la Revolución.
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El sueño de Silvia
En el lejano 2014 ya Silvia Padrón Durán soñaba con un espacio donde, según ella misma ha contado en varias entrevistas “niñas, niños, adolescentes y jóvenes pudieran conectar con la obra de su padre, Juan Padrón (La Habana 1947- 2020) de otras maneras que no solo fuera solo el audiovisual”.
Pasaron tres años hasta que a su regreso a Cuba —luego de haber completado sus estudios como máster en Cooperación internacional y gestión de políticas públicas, programas y proyectos para el desarrollo en el Instituto Ortega y Gasset, de España—, decide presentar el proyecto al Ministerio de Cultura. Aquel sueño-idea inicial de Silvia se enriqueció con nuevos aportes del propio Juan Padrón. En pocos meses ambos recibieron la buena noticia de que había sido aprobado. Así nació La Manigua.
“Nos propusimos crear un lugar culturalmente enriquecedor para estimular la creatividad, con una programación variada, en el cual niñas, niños, adolescentes y también sus padres, puedan disfrutar de cine, teatro, artes pláticas, juegos, exposiciones interactivas y se incentive la animación y la historieta”, contó Silvia en una entrevista con el periodista Rodolfo Romero, que salió publicada en el sitio web de Unicef Cuba.

Pero llegó la pandemia y el proyecto tuvo que reacomodarse a las nuevas circunstancias, que desde 2020 se han agravado como resultado de la crisis económica por la que atraviesa la isla caribeña. Las dificultades, sin embargo, no han frenado el entusiasmo y espíritu emprendedor de quienes integran el colectivo de trabajo de La Manigua.
Ya en 2021 el nombre de La Manigua comenzó a tener visibilidad social gracias a la realización de talleres en apoyo del desarrollo de capacidades infantiles en disímiles manifestaciones artísticas.
Cuando se trabaja para y por los niños y niñas, debemos hacerlo confiando en sus capacidades e inteligencia”.
Silva Padrón Durán
“Ya somos muchos manigüeros y manigüeras, pero necesitamos ser muchos y muchas más para continuar dándole forma al proyecto”, han dicho los impulsores de La Manigua. Por esa razón irrumpieron en redes sociales con la intención de conectarse y compartir con muchas más personas no sólo sus experiencias sino darle voz a la experiencias de los otros. Para este colectivo las redes son oportunidades de comunicación y conocimiento. Aparecen con la etiqueta #lamaniguacreativa y, además, se puede seguir al Espacio Cultural y Creativo a través del usuario @lamaniguacreativa.

Para y con esos “pillos manigüeros”
La idea de trabajar con y para las infancias está en la génesis de La Manigua desde mucho antes de concebirse como proyecto.
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La Manigua viene acometiendo la digitalización y conservación del fondo documental Juan Padrón a partir de un programa de patrimonio cultural promovido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Alemania, que ha posibilitado el inmobiliario idóneo y los recursos tecnológicos para conservar acetatos, guiones, fondos, fotografías, bocetos, entre otros documentos del invaluable archivo. |
En el ya lejano 2008 Silvia participó, junto a la también psicóloga y amiga Yuliet Cruz, en un proyecto auspiciado por Unicef como parte del entonces Festival de Cine Pobre de Gibara, en la oriental provincia de Holguín, que comprendía la realización de talleres con niñas y niños para fomentar el aprendizaje de capacidades audiovisuales y la participación.
La propia Silvia cuenta que, a los dos años regresó a Gibara y “aquellos mismos niños y niñas —con los que nos había costado trabajo que participaran y tomaran decisiones— ya tenían un nivel de empoderamiento grandísimo, a tal punto que ellos siguieron con la experiencia de manera autónoma”.
De aquellos talleres sacó Silvia una idea clara: “Cuando se trabaja para y por los niños y niñas, debemos hacerlo confiando en sus capacidades e inteligencia”.
Así como es la obra creativa de Juan Padrón —la del dibujante y el realizador audiovisual—, y con el mismo ímpetu y la pasión del icónico personaje Eldipio Valdés, así también resulta el desempeño de este colectivo de manigüeros. Su vocación de servicio se aleja de lo panfletario y superfluo para adentrarse en las esencias y de manera que no parezca acto glorioso sino cosa común que engrandece el alma de lo cubano.
Silva Padrón lo tiene claro y lo ha dicho no pocas veces: “Queremos que, La Manigua, no sea un espacio ni adultocéntrico ni aniñado, en el que haya un respeto hacia ese público infantil, que las ofertas tengan la misma calidad que tienen para cualquier otro público y que se fomente el desarrollo de un espíritu creativo y el buen humor. Promoveremos otros valores como la equidad de género y los temas ecológicos; queremos que haya energía fotovoltaica, que se pueda recoger al agua de la lluvia para regar las plantas, para limpiar, que se fomente la igualdad y la inclusión, que son también valores intrínsecos de la obra de mi padre, porque son valores contrahegemónicos. Queremos que sea un sitio popular, como su obra”.

Para aquel sueño, convertido este 2026 en Proyecto de Desarrollo Local, en el barrio habanero de La Timba, el mayor desafío sigue siendo algo que expresó su directora “lo que hagamos para la infancia debe conectar con lo mejor de ser cubanos y cubanas”.
Y se me antoja que ese reto se traduce también en construir eso que se ha llamado, modernamente, resiliencia, un concepto que en época de las gestas libertarias pusieron en práctica los mambises y donde la “manigua” se convertía en el sitio por donde cruza el monte y el río, ese espacio para “el compartir”, muchas veces el mísero pan, pero también el abrazo, el encuentro, la palabra o el chiste más hilarante en medio de circunstancias difíciles para la subsistencia humana. (2026)
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