La memoria imborrable del artista

En el centenario de Servando Cabrera.

A propósito del centenario del pintor Servando Cabrera Moreno sigue abierta al público en el Museo Nacional de Bellas Artes la expo que recoge buena parte de su obra.

Foto: Tomada del MNBA

A propósito del centenario del pintor Servando Cabrera Moreno (La Habana, 1923-1981) varias instituciones culturales cubanas se concertaron para conmemorar el acontecimiento: el Museo Nacional de Bellas Artes inauguró la exposición La memoria de los borrados y exhibió el documental La hora azul,¹ sobre la vida y la obra del artista, mientras el Palacio de Lombillo, en los predios de la Plaza de la Catedral, expone veintiséis de sus cuadros, entre lo más señalado.

La muestra de Bellas Artes toma su nombre de una pieza y un texto de Servando y es una alusión directa a la censura y marginación que sufrieron él y su obra, como bien declaran los testimoniantes en el audiovisual Los cercanos días del amor ² que se pasa de manera continua en la exposición.

Los borrados físicamente ofrecen su memoria a quienes corresponden en su condición de hombres no muertos aún…»

Servando Cabrera Moreno

El “expediente” de Cabrera Moreno en poder de los censores-marginadores acumulaba varios “cargos” en su contra, tales como ser gay, irreverente, rebelde; atreverse a pintar milicianos, obreros, héroes, batallas, fuera de los códigos del establishment; desplegar de manera extensa e intensa el erotismo y el desnudo en su pintura, y –con esos males– constituir una marcada influencia entre los más jóvenes pintores.

La memoria de los borrados es una muestra amplia y bien estructurada que nos permite tener una idea de las distintas etapas que atravesara Servando, desde su adolescencia hasta los óleos que pintara en sus días finales; y nos deja apreciar la evolución y la dimensión de unos de los mayores creadores en la historia del arte en Cuba.

Marginado, censurado, Servando Cabrera siguió pintando. Con furia, con pasión, siguió pintando

No hay mejor juez en el arte que el paso del tiempo porque es el que pone todo en su sitio. A cuarenta y dos años de la muerte temprana de Servando Cabrera, muchos criterios sobre algunas zonas de su obra, se difuminan y desdibujan al apreciarla en conjunto.

Entre la mujer que nos mira desde una cartulina (alrededor de 1940), el Retrato de Vicente Revuelta (sobre 1950), el Niño de la alberca (1954), el Retrato de la madre (1960), los Martianos (1974), o las Mujeres de Habana-Cuba (1975), vemos el mismo aire de familia, la misma voluntad expresiva, similar intento de mirarse a sí mismo a través de las figuras elegidas en el acto de la representación.

La Habana-Cuba, 1975. Óleo sobre tela.

“He transitado por diferentes etapas; ellas surgieron por convicción, búsqueda o reacción a una inmediata anterior. Soy sincero en todas con los medios a mi alcance, no niego las influencias en mi formación y mis gustos personales… Tampoco considero alguna pintura o dibujo mío desvinculado de los anteriores o posteriores; yo diría que hay un cordón umbilical que los une”, dijo el creador.³

Sobrepasado el tiempo de las influencias y de la breve incursión en formas geométricas y cubistas, la pintura de Servando fija una identidad que lo coloca de manera definitiva en el arte cubano y universal: una vigorosa épica del cuerpo que acompaña la representación de las figuras presentes en la composición, ya sean milicianos, obreros, o amantes; ya sean combatientes en una batalla o en una alcoba. Y siempre, siempre, el dibujo exquisito y la calidez del color. Cuando ese vigor se expresa en los cuerpos desnudos, en el erotismo más intenso y sexual, provoca el paroxismo, el estallido de las emociones.

Las piezas exhibidas en el Palacio de Lombillo forman parte de los fondos de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y no habían sido expuestas antes como conjunto. En lo particular, me llamaron la atención dos obras que a una distancia de doce años entre ambas, reflejan lo cubano con las influencias ya comentadas. Se trata de Habana (óleo sobre lienzo, 1948), y Tríptico guajiro (óleo sobre madera esmaltada, 1960).

El también dibujante cubano dejó una obra colosal que anda dispersa entre muchas colecciones, institucionales y privadas, sin haber sido apreciada en su momento, pero ahora es eterna.

En el primer cuadro, tres mujeres levemente diversas, posan en medio de una ventana de persianas francesas, bajo un vitral con una enigmática ilustración. El segundo es más interesante aún: en un ambiente campestre bucólico, una pareja campesina representa el amor mediante la fusión de la naturaleza y del ser humano.

Respecto a los cubanos propiamente, Servando declaró:

Los cubanos tienen una forma de moverse que los diferencia del resto del mundo. La manera en que se mueve una palmera, se retuerce un jagüey, es comparable al movimiento, andar o insinuar de cualquier parte del cuerpo de un cubano, aunque sea el dedo meñique de una mujer o un hombre. Esto pude ser para ellos mismos o para el disfrute y observación de los demás o para un intercambio entre ambos, en el cual se produce un acto de belleza que en Cuba tiene sus características propias. Es un deber entenderlo y comprenderlo con un profundo cariño y admiración. Eso es manifestación de amor y Cuba está llena de amor. El amor es mi tema, lo fue y lo seguirá siendo; sin amor no puede concebirse.

Marginado, censurado, Servando Cabrera siguió pintando. Con furia, con pasión, siguió pintando; con dolor, en soledad, siguió pintando, expresando el amor; y dejó una obra colosal que anda dispersa entre muchas colecciones, institucionales y privadas, sin haber sido apreciada en su momento, pero ahora es eterna. (2023)

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Notas:

¹ La hora azul: Dirección de Claudio Peláez Sordo; guion de Neida Peñalver y Nivaldo Carbonell.

² Los cercanos días del amor: Guion y dirección de Yosiri López Silvero.

³ Todas las citas están tomadas de la muestra de Bellas Artes.

2 comentarios

  1. Ana María

    A. Servando lo conocí siendo niña como el mejor amigo de mi madre , su obra me fascinó desde entonces con los azules y la forma de los cuerpos después quedé admirada ante la magia de su pintura para siempre.

  2. Benito Abeledo

    Excelente artículo. La sensibilidad de Servando supera todos los dogmas. Hoy nadie recuerda el nombre de los pequeños censores y mañana siquiera el proceso histórico que gestó esa censura. Sin embargo su obra es eterna. Nos superará a todos nosotros. Gracias

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