Los veranos de Annia Quesada
La joven realizadora cubana está a punto de concluir El adivino, un telefilme que se estrenará en la etapa estival dentro del programa juvenil “Una calle mil caminos»
Annia Quesada, realizadora de cine y televisión especializada en historias de personajes femeninos
Foto: Lorena Massip
Antes de dirigir obras para la televisión durante tres años seguidos y de que su guión Después del abrazo fuese galardonado en el certamen latinoamericano Premios Tal 2025 en la categoría de contenido educativo, y antes también de que sus telefilmes fuesen celebrados por el público en cada verano, Annia Quesada Milord atravesó un camino pavimentado por las desilusiones.
El fracaso aparente tomó la voz de unos profesores que le aseguraban que sus cuentos no eran literatura por esa manía de la visualidad. Comenzó la carrera de Psicología, pero nunca le gustó lo suficiente y la abandonó finalmente. En su primer trabajo en Trimagen, luego de una habilitación en edición, cometió el error de borrar todos los archivos del disco.
Estos escollos dieron origen, en cambio, a tantas otras alegrías: las terapias con la doctora Lacy Valladares, el Taller de Cine de Armando Pintado, su segundo y definitivo trabajo en Trimagen, como foto fija de la unidad de audiovisuales; la cámara profesional con la que concurrió luego a clases de fotografía y a la Academia de Rufino del Valle…
Luego, el ingreso a la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (Famca), con 26 años, y graduarse en Dirección de Cine. Más tarde, la ficción, el universo donde finalmente se colmaron todas aquellas indecisiones y deseos, con las decenas de historias que la habían perseguido desde su infancia.
Por estos días, Annia Quesada edita el primer corte de su más reciente telefilme, El adivino, que se estrenará durante el verano en el programa juvenil “Una calle mil caminos”. El guión, original de Ernesto Pazos, se enfoca en la vida de Erick, un joven ludópata cuya ambición por el dinero lo empuja a un constante descenso espiritual y social.
Con gran parte de las filmaciones y proyectos de cine detenidos por causa del déficit de combustible que ha provocado el bloqueo petrolero de Estados Unidos y del agravamiento vertiginoso de las carencias en la isla, el hecho de rodar un material de entre 52 y 57 minutos en solo 5 días, con 12 horas de llamado estipulado por Ley, constituye una odisea.

La iniciación
L.M: Estudiaste en la Famca, pero ¿cuándo entras a trabajar en la televisión?
A.Q: La primera vez que trabajé en televisión fue por medio de Elena Palacios, una profesora de la escuela con la que surgió una química superchula en aquel momento y me ofreció trabajar como asistente de dirección en un teleplay que ella iba a dirigir. Nunca antes había hecho ficción en este espacio y por ahí fui aprendiendo cosas. Después de eso continué empapándome un poco en otras producciones.
Tuve la experiencia de proyectos rodados por mi cuenta: mi tesis, el cortometraje Traza y luego Si alguna vez, que no son obras de televisión porque no pertenecen al medio ni replican sus dinámicas; pero, en realidad, son iguales a La felicidad, corto de doce minutos que dirigí para la televisión.
Con eso de la distancia entre este medio respecto al cine, y el modo tan instantáneo en que la gente crea una división, tengo un problema, porque me cuesta un poco asumir esa distinción, más allá de las divergencias que puedan existir en la producción y en la mecánica de grabarlos en sí misma.
Creo que el medio no define la obra o el producto final. Es un poco elitista generar esta diferencia: hago cine o hago televisión. Trato de igual manera los cortos que he filmado para ambos medios. Es más una cuestión de oportunidades, de las puertas que se abren y de cómo el otro recibe la propuesta que tú estás entregando.
La mujer
L.M: ¿Cómo es ser mujer en el medio televisivo?
A.Q: La condición de ser mujer puede ser un arma de doble filo, tanto para las oportunidades como para el trabajo en sí mismo. Por eso creo que he sido afortunada, aunque no es cuestión de suerte, sino del equipo que te acompaña. Hay muchas mujeres dentro del Departamento de Audiovisuales Infaniles y Juveniles.
Tampoco siento que me haya sido difícil dirigir a hombres o a un equipo con prevalencia masculina; pero soy consciente de que experimento un privilegio que no han tenido muchas otras. Siempre intento que intervengan en mis rodajes la mayor cantidad posible de mujeres; y a la vez, muchos de mis indispensables, como mi productor y el director de arte, son hombres.
L.M: Actualmente creas para un canal con enfoque particular en el público juvenil. ¿Cuál es la significación personal que le encuentras a este espacio de contenido educativo?
A.Q: Llegué al departamento juvenil-infantil dentro del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), en Cubavisión, por azar. Desde que hice el guión para mi primer telefilme, me sentí expulsada de mi zona de confort. No estaba acostumbrada a escribir cosas de ese estilo.
Me relacionaba más bien con tramas oscuras, historias que mostraban la violencia y cómo uno responde a ella, marcadas con una poderosa perspectiva de género, que es lo que me interesa tratar dentro del audiovisual.
En la televisión debo velar por aspectos muy específicos, como el lenguaje y que exista una carga educativa en lo que estás escribiendo. Pero creo que las historias contienen siempre una parte muy íntima del autor y escribir para mí es una necesidad.

Los telefilmes del verano
A.Q: En el medio me dieron la libertad de crear un relato con el que me sintiera cómoda. A causa de eso, yo siempre priorizo el sentirme enamorada del guión, y conforme, para entonces pretender que llegue al público. Siento que, de alguna manera, eso se nota cuando las personas visualizan el material.
Cuando creé una ficción como Barcos de papel experimentaba un momento terrible procesando la muerte de mi tía Maria Isabel, a la que adoraba, y pensé: “Esta es la manera de extirparme todo este dolor y un modo de honrarla”. Luego el telefilme tuvo buena acogida.
Después del abrazo no es una historia mía sino de una amiga cercana, de cuando ambas estudiábamos en la Lenin, y ese período lo reviví a través del personaje que encarna Jessica. Entonces, incluso si son trabajos de encargo, todos llevan una parte muy personal de mis vivencias.
Siempre mi interés es el de contar historias sobre mujeres, en toda su dimensión y diversidades. Hay mujeres que son víctimas y algunas que pueden llegar a violentar a su entorno. En los relatos sobre la violencia es común hablar de la agresión de un esposo abusador, o en un centro de trabajo; pero también es importante mostrar la violencia intra-género, y el caso del daño dentro de la familia, entre seres que suponemos que deben resguardar y amar.
Tenemos que continuar trasladando a la pantalla las realidades de las mujeres. Siento que existe una deuda inmensa con este tema.
Los recuerdos
L.M: ¿Un momento que atesores de los años que llevas de trabajo?
A.Q: Gibara….Fui en 2024 al Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara porque mi cortometraje Si alguna vez entró en la selección oficial. Esa semanita recorriendo el pueblo es de las cosas más bonitas que me han ocurrido y, además, fui premiada con una mención.
Lo otro maravilloso es el trabajo de todos los días, así de sencillo… Cada momento es especial. Algo sucede cuando estoy en el rodaje, porque desaparecen todas las infelicidades y las penurias que vivimos los cubanos de a pie. Toda la situación de estos tiempos pasa a un quinto nivel de importancia cuando estoy en el proceso de grabación. Admiro al equipo que me acompaña en cada proyecto y la posibilidad de crear me satisface mucho.
El adivino
LM: Cuéntame del proceso de realización de tu más reciente telefilme…
A.Q: Antes de comenzar a rodar El adivino, mi productor estaba todo el tiempo preocupado. Me decía: “no vamos a poder, porque están pasando cosas, no va a alcanzar el dinero” y yo me defendía: “lo que sea que acontezca, que nos agarre trabajando, lo demás no es importante”.
Esa energía supe transmitírsela a él y entonces todo el equipo cambió de dimensión, e ingresamos en una burbuja donde lo único primordial era lograrlo.
Fue una locura, pero lo hicimos. Convocamos los cinco llamados en triciclos eléctricos, buscamos locaciones que fueran próximas entre sí y concebimos escenas que no fueran complejas desde la producción.
L.M: ¿Algún adelanto de lo que veremos en El adivino?
A.Q: Te decía que suelo decantarme por historias con personajes femeninos… y de pronto me llega este guión de mi amigo Ernesto Pazos, con un ritmo excelente pero nada que ver con el tipo de ficciones en las que me siento cómoda, pues es, como bromeo con su autor, extremadamente “testosterónica”.
Entonces comienzan las dudas, ¿cómo me enfrento a esto? Le decía a Pazos: “no puedo, imposible”; y él reaccionaba tranquilo: “claro que si puedes, vamos a marcharla”. Pero cómo mi máxima es que lo principal es hacer y sólo hay que encontrar esa ventana y crear en cualquier tipo de situación…
El casting está compuesto por actores y actrices con los que estaba deseando trabajar, como el propio Pazos, quien es también el protagonista; Osvaldo Doimeadiós y su hija Andrea, Yudexi de la Torre, Jean Calderín, al que le descubrí una sensibilidad lindísima; y el debutante Yosvani Rodríguez, un joven muy simpático y con una energía especial.
Además, figuran otros con los que repito, porque me parecen espectaculares, como Rosaly Suén, Frank Mora y Yass Beltrán, actor al que me une un cariño inmenso porque aceptó colaborar desinteresadamente en mi tesis.
Por alrededor de un mes estaré editando todavía El adivino… Y aún me queda el resto del año para soñar con nuevos proyectos (2026).
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