Pilar Cabrera Fonte: reencontrar a Cuba en Texas

Identidad, familia, migración, erotismo y conmociones sociales en Camelia 12.

Pilar Cabrera en Marianao con su tía Lucía Vidal y varios estudiantes.

La vida de la profesora y escritora mexicano-­cubana­ Pilar Cabrera Fonte, entre la niñez y la adolescencia, fue un ir y venir entre Cuba y México hasta que su madre y su abuela materna (ambas cubanas) se establecieron definitivamente en el país azteca. La historia de ellas tres da cuerpo a la novela Camelia 12.

Camelia 12, de Pilar Cabrera, alcanzó el Premio Bellas Artes Juan Rulfo para Primera Novela 2022 que otorgan la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal) en conjunto con el Gobierno del estado de Puebla, su Secretaría de Cultura y la Universidad Iberoamericana Puebla.

En el acta del jurado del Premio, se consigna: “Esta novela sobre la diáspora cubana entrelaza los acontecimientos políticos y sociales con la vida cotidiana de personas comunes, elevando estas a la altura de los mitos y las historias fantásticas, a través de una estructura que recuerda y se remite a Las mil y una noches.

Pilar Cabrera, José Antonio Michelena, y un grupo de estudiantes en la entrada del Museo Nacional de Bellas Artes en La Habana.

”La novela explora el tema de la identidad a través de tres generaciones de mujeres migrantes, y con un lenguaje vivo y una prosa evocadora retrata la vida en Cuba antes, durante y después de la Revolución y el posterior exilio”.

Pilar Cabrera nació en México en 1974, de madre cubana y padre mexicano; cuando su progenitora regresó a Cuba, tras el terremoto de 1985, estudió el último grado de la educación primaria en La Habana, y luego de una estadía de un año en su país natal, cursó octavo y noveno grados en la secundaria “José Antonio Echevarría”, en Marianao. En 1990 regresó con su madre a México, donde completaría sus estudios, hasta la licenciatura. La maestría y el doctorado la llevaron a Holanda y Estados Unidos, país en el que reside desde 2002.

Pilar Cabrera junto a Nancy Calomarde, Antón Arrufat, César Salgado y Andrew Bennett en el congreso por el centenario de Virgilio Piñera. La Habana, 2012.

Cuando le pregunté a Pilar —a quien conozco desde hace varios años— qué recuerda de Cuba, me habló de su familia en El Cotorro, La Habana del Este y Santos Suárez y de jugar con sus primos en las vacaciones, durante la niñez (antes de que su madre se repatriara, venía casi cada año, en los veranos), una experiencia que resume: “De los años que viví en Cuba, lo mejor fue estar cerca de mi familia (entonces todavía tenía allá muchos primos y tíos que ya se han ido)”.

De su paso por las escuelas cubanas, me contó que fue buena estudiante, aunque no resistía la escuela al campo (“no la aguanté completa ni una sola vez”) y mencionó algo que sería esencial en su vocación y definió su formación profesional: “Tuve un taller de teatro (en Ciudad Libertad) que amé y que me marcó muchísimo. E hice algunas buenas amistades que me influyeron mucho en esos años”. [Pilar estudió Literatura Dramática y Teatro en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)].

Pilar Cabrera durante la ceremonia del premio otorgado a su novela Camelia 12

Al inquirir qué significa ser parte de la diáspora latinoamericana en Estados Unidos y más propiamente en el mundo académico, me dijo: “No lo sé muy bien. Cambia cada día. Ha cambiado con las décadas también. Una extraña muchos lugares que ya no existen. Y mantener lazos y puentes, para mí, es a veces difícil —cuesta dinero en viajes, cuesta tiempo—. Una no quiere ni puede ser portavoz de una identidad predefinida”.

Con esa afirmación, está reconociendo lo señalado por el paraguayo Ticio Escobar en su artículo “Identidades en tránsito”, donde apunta: “En verdad, los perfiles de las identidades titubean; ya no recortan sujetos de posiciones prefijadas sino que señalan a menudo desplazamientos y tránsitos. Es imposible por eso concebir un esquema estable de identidades definido desde la exclusión de la alteridad”.

Durante mucho tiempo, Pilar oyó a su abuela contando las historias de su vida, según declaró en la ceremonia de entrega del Premio: “Para esta novela tuve la sensación de estar escribiendo de oído, oyendo la voz de mi abuela, contando las historias que me repitió muchas veces, para que se me grabaran bien en la memoria. Escribirla me remitió a una escritora que me ha marcado mucho, Virginia Woolf, y que tiene que ver con la idea de recordar o recordarse —remember—, como volver  a conectar partes de un cuerpo que estaban separadas”.

Luego, Camelia 12, es una novela de encuentros, desencuentros y reencuentros, que “culmina con el encuentro erótico de dos mujeres en una calle con nombre de flor en la ciudad de México y al mismo tiempo con el regreso de la protagonista, Sara, a su Cuba natal”, indicó su autora.

Sara Felgueroso, al decir de la novelista, “es tan parecida al ser maravilloso que fue mi abuela como me fue posible. Ella me dijo: ‘qué buena memoria tienes, Pilar. Y todo lo que cuentas es verdad’.  Era una mujer luchadora, muy liberada para su tiempo, muy directa en su forma de hablar. Sufrió mucho con la intransigencia de sus padres y el abuso de uno de sus hermanos. No es cierto para nada que todo lo que cuento es verdad. Pero me alegro que lo validara de esa forma. Hay mucho de mí, de mi madre, y de muchas personas reales en la novela”.

En 2010 Pilar Cabrera defendió su tesis doctoral, la cual estaba centrada en Virgilio Pinera: “Altamente teatral: Subjet, Nation, and Media in the work of Virgilia Piñera”. Según me relató, “para mí fue una sorpresa encontrar a través de César Salgado[1] en la Universidad de Texas, en Austin, una conexión con la cultura cubana que yo entonces no estaba buscando —o no sabía que estaba buscando—. Pero leer a Virgilio y a Lezama fue una revelación en mi vida y me reconectó con un país que yo pensé que había dejado atrás”.

La profesora y escritora mexicano-cubana Pilar Cabrera Fonte

Al año siguiente, yo acompañé a Pilar a casa de Antón Arrufat, con quien sostuvo una larga conversación acerca de Virgilio. En 2012, en el congreso celebrado en La Habana por el centenario de Piñera, ella presentó la ponencia: “Entre la vida y el flash: Escritura y fotografía en Virgilio Piñera”.

Por si no bastaran esas muestras de reconexión con Cuba, Pilar acompañó a la Isla, en 2015, a un grupo de estudiantes universitarios para conocer mejor el país y su cultura, una visita que repetiría cuatro años más tarde. Paradójicamente, cuando ya había reconectado con esa parte de su ser, una barrera se interpuso ante ella: “Ahora mismo me resulta prácticamente imposible visitar Cuba porque desde la última vez que fui, con un grupo de estudiantes de Estados Unidos, en 2019, las autoridades cubanas me aseguraron que al mi madre haberme registrado allá como cubana cuando niña (así se lo exigieron para que yo pudiera viajar a ver a mi padre) yo no puedo entrar al país más que con un pasaporte cubano. Y como tengo el mío perdido desde los dieciséis años, ese trámite es casi imposible de lograr. Me entristece, porque Cuba es importante para mí de muchas maneras”.

Ojalá que un nuevo capítulo de su relación con Cuba pueda abrirse en un futuro no lejano. Acaso esta novela sirva para abrir esa puerta. (2022)

[1] El puertorriqueño César A. Salgado, Profesor Asociado del Departamento de posgrado del Programa de Literatura Comparada de la Universidad de Texas, en Austin, es muy reconocido como historiador literario y cultural en los estudios cubanos. Fue el tutor de la tesis doctoral de Pilar Cabrera.

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