Desafíos actuales y futuros de la seguridad social en Cuba  

El diseño actual del sistema de pensiones de la seguridad social necesita replantearse para responder a los retos del envejecimiento demográfico y un mercado laboral más heterogéneo.

Mujeres de la tercera edad aguardan su turno para adquirir medicamentos en el exterior de una farmacia que expende medicamentos subsidiados, en La Habana.

No es un secreto para nadie que Cuba es un país en franca transición demográfica. En sí misma esta noticia tampoco se debería traducir en un problema: es una felicidad que nuestros abuelos y abuelas estén más tiempo en nuestras vidas.

Sin embargo, el proceso que vive el país no es solo resultado del incremento de la esperanza de vida al nacer, sino de su combinación con otros dos factores menos auspiciosos: la disminución de la fecundidad y el incremento de la tasa de migración de la población en edad reproductiva.

La conjunción de esos factores, una “tormenta demográfica perfecta”, será la causa de que uno de cada tres cubanos en 2030 tenga más de 60 años. Dicha realidad también pone en riesgo de sostenibilidad financiera las cuentas de la Seguridad Social, es decir, los ingresos de esos cubanos que hayan escogido jubilarse luego de haber trabajado el tiempo que es necesario acreditar.

Las fuentes de este riesgo son fundamentalmente tres. Primeramente, el aumento de la cuantía nominal media de las prestaciones, ocasionado por los cambios realizados en cada una de las normativas vigentes, las revalorizaciones y el incremento del salario nominal.

En segundo lugar, el incremento del número de pensionados y el estancamiento relativo de la población ocupada que se encarga de sostener mediante sus contribuciones a la Seguridad Social las pensiones de los jubilados. Este sistema, conocido internacionalmente como régimen de reparto, es el único vigente en Cuba para garantizar las prestaciones de la Seguridad Social.

Por último, la dilatación del tiempo medio de permanencia en el sistema, a partir del aumento de la esperanza de vida, geriátrica y al nacer. La combinación de estos factores genera un estado de déficit en el sistema profundizado también por las insuficientes contribuciones de los empleados y empleadores. Ver gráfico 1.

Gráfico 1. Evolución de las Contribuciones y Gastos de la Seguridad Social. Cuba. 2004-2020.

Fuente: Elaboración propia a partir de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, años seleccionados. Para los años 2019 y 2020 se ha utilizado la información disponible en las Leyes de Presupuesto del Estado aprobadas en la. Asamblea Nacional.

Al mismo tiempo, el diseño actual del sistema de pensiones de la seguridad social necesita replantearse para hacerse más amplio. Debe hacerse así para incorporar relaciones laborales y población no cubierta que existen en la Cuba de hoy, y no estaban tan extendidas o reconocidas en el momento de la puesta en marcha original del sistema.

 

Un mercado laboral diverso y más complejo

La consolidación de la heterogeneidad de formas de propiedad y gestión resultante del proceso de transformaciones conocido en Cuba con el nombre de Actualización del Modelo Económico y Social, se ha encargado de configurar un mercado laboral múltiple y más complejo.

Esta característica, sumada a los dilemas asociados al envejecimiento demográfico, el déficit sostenido del sistema en marcha, la débil suficiencia de las prestaciones y algunas desigualdades en el acceso, configuran un mosaico de retos para la Seguridad Social en el país.

Es posible identificar un número breve de políticas que pueden ser evaluadas para mejorar los grados de cobertura y la suficiencia de las prestaciones. En principio puede recomendarse la formalización de los contratos en el “Trabajo por Cuenta Propia” y en las cooperativas, separando roles de empleador y empleado.

Esto puede lograrse mediante el fomento y legalización de las micro, pequeñas y medianas empresas (mpymes) no estatales. Introducir luego de esa separación la contribución del empleador, intentando evitar que recaiga sobre la bolsa salarial o diseñándola como responsabilidad compartida (una parte de la bolsa de salarios y otra parte de los recursos de la empresa).

Esto contribuirá a transparentar las relaciones laborales informales que hoy ocurren sin contratos y sin protección legal o de seguridad social. Baste decir que aproximadamente dos millones de cubanos en edad laboral no integran las filas de la ocupación formal en Cuba, por lo que es importante integrarlos y protegerlos mediante un sistema de seguridad social flexible y avanzado.

Personas de varios grupos etareos permanecen a la espera para adquirir alimentos en el exterior de un agromercado estatal decorado con grafitis alegóricos a la Revolución Cubana, en La Habana.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Al mismo tiempo debe fortalecerse el pilar no contributivo de la seguridad social, ya sea mediante transferencias monetarias o mediante subsidios de precio en productos que son de consumo inmediato del segmento de la población mayor de 65 años.

Esto podría ponerse a funcionar mediante la puesta en práctica y monitoreo de un Índice de Precios para la población envejecida que rastree la evolución de los precios de una canasta de bienes que son objeto de consumo de este segmento demográfico.

De manera general todos los ingresos asociados a las prestaciones de la seguridad social deberían indexarse a la evolución del índice de precios al consumidor en la economía cubana para garantizar la satisfacción de las necesidades de esta población más vulnerable.

Por último, debe crearse un sistema institucionalizado de cuidados siendo responsabilidad del Estado su conducción y la regulación de la presencia de las diversas formas de propiedad bajo el principio de corresponsabilidad.

Se deben establecer por ley los mínimos de capacitación, salubridad para comenzar en esta actividad mientras también se vigilará los precios de las actividades que son objeto de transacción comercial.

Este sistema contribuirá a aliviar la feminización actual de las tareas de cuidados, impactando así sobre la ocupación femenina, que hoy es significativamente más baja en el país, lo que ocasiona que estén menos cubiertas por el sistema de Seguridad Social en su vertiente contributiva. (2020)

 

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