Presente del cine cubano: entre la perseverancia y el deseo
Dos largos de ficción han concluido el proceso de postproducción mientras un nuevo rodaje comienza en medio de la compleja situación económica de Cuba.
Estrés es un largometraje de la directora Marilyn Solaya donde la ciudad y sus habitantes vuelven a convertirse en personaje decisivo del cine cubano.
Foto: Tomada de Cubacine
Los cineastas cubanos siguen soñando con ver materializadas sus historias en la pantalla grande pese a unas limitaciones económicas y tecnológicas que implican la entrada en una etapa de reorganización, y de acogimiento al lema de “resistencia creativa” enarbolado por el discurso gubernamental.
Según reciente comunicado de la presidencia del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) han concluido los procesos de postproducción de Estrés, segundo largo de ficción de la cineasta Marilyn Solaya, y La Fiesta del veterano realizador Gerardo Chijona. Ambas obras se perfilan como parte de la cartelera nacional en 2026, en medio del complejo escenario que vive la isla.
El propio Icaic ha destacado el espíritu de colaboración que permitió culminar la postproducción de ambas obras gracias “al respaldo financiero del Estado cubano; a la gestión de amigos, auspiciadores y coproductores, e instituciones; y al talento y capacidad de técnicos y artistas de Cuba y España”.
Esa nota oficial del Icaic resume una postura más amplia: el agradecimiento a quienes, “por encima de cualquier relación comercial o contractual, llevan en su alma el cine cubano y lo defienden con hechos”.
En un contexto donde los recursos escasean, este tipo de alianzas confirma la vigencia del modelo cooperativo que ha caracterizado históricamente a la cinematografía nacional.
El peso de las emociones contemporáneas
El largometraje Estrés, concebido como un entramado de historias entrelazadas que exploran las fracturas de la vida cotidiana en la Cuba actual, marca el regreso a la dirección de Marilyn Solaya. Su ópera prima en la ficción, Vestido de novia (2014), ya constituye un referente en cuanto a la mirada crítica y sensible sobre las identidades de género y los conflictos íntimos.
En palabras de la propia directora, su trabajo “nace desde la emoción, pero busca también ser un espejo de la realidad nacional”. Solaya le presentó la propuesta al Icaic en 2016, y su guion fue madurando durante años hasta convertirse en una pieza coral donde la directora combina su visión feminista con una sensibilidad aguda hacia la crisis social y emocional contemporánea.
La película articula varios relatos. Lucía (Iyaima Martínez) es una cantante que ya no puede trabajar, vende objetos familiares para sostener a su hijo y a su madre enferma de cáncer, encarnando el desamparo de quienes sienten que la infraestructura social les ha fallado.
Por su parte, el actor Aramís Delgado encarna a Alfredo, un intelectual ciego atrapado entre un pasado de diplomas y reconocimientos y la doble moral, quien confronta a su cuidadora Maruja (Isabel Santos), una “luchadora” que intenta seguir adelante.
Mientras que con Esther, una oncóloga infantil amante de su trabajo que interpretada María Isabel Díaz, se refleja el dilema de muchas profesionales exitosas que deben elegir entre su vocación y los roles tradicionales de género.

Una película de amor donde se muestran verdades
Otros personajes que se suman son los de Ernesto (Héctor Noas), entrenador de boxeo arrastrado por un modelo de masculinidad exitosa que lo lleva a subestimar las consecuencias de una enfermedad por prejuicios machistas; y el de Carlitos (Enrique Pérez Viciedo), el “loco optimista” que deambula por el Paseo del Prado habanero regalando tenis, versos y poemas, es una figura que recuerda la capacidad de la ciudad de producir y acoger personajes excéntricos.
La propia Solaya ha descrito Estrés como “una película de amor en la que, como en la vida misma, también aparecen nuestros problemas, nuestras verdades”. También ha dicho que se trata de un filme donde se ve reflejada y lo ha filmado como “una guajira de Camagüey comprometida con su país”.
Esta cinta recorre temas como la nostalgia, la separación, el envejecimiento poblacional y la violencia de género, para terminar convertida en un canto a la esperanza que salva, con el sostén actoral de un elenco legendario: Luis Alberto García, Isabel Santos, Aramís Delgado, Verónica Lynn, María Isabel Díaz, René de la Cruz, Jorge Molina, Mario Limonta y otros intérpretes fundamentales del imaginario audiovisual cubano.
Con la complicidad de Rafael Solís, en la dirección de fotografía, y de Olga María Fernández en la producción, Estrés devuelve a La Habana su condición de personaje, no como postal complaciente, sino como espacio contradictorio. La música compuesta por el dúo creativo de Magda Rosa Galván y Juan Antonio Leyva acompaña a una visualidad que intenta iluminar la dureza de lo vivido.

Humor, memoria y herencia cinematográfica
Con una trayectoria que supera las cuatro décadas, Gerardo Chijona continúa explorando nuevas aristas de la comedia cubana. La Fiesta, su obra más reciente, se presenta como un retrato coral de la sociedad contemporánea a través de la ironía, el humor y la nostalgia.
Chijona, responsable de títulos emblemáticos como Adorables mentiras, Boleto al paraíso o Los buenos demonios, pertenece a esa generación de realizadores que ha sostenido a pulso el oficio cinematográfico cubano, conjugando sátira social y ternura humana.
En La Fiesta, Chijona reunió un casting estelar integrado, entre otros, por Isabel Santos, Héctor Noas, Vladimir Cruz, Osvaldo Doimeadiós, Tahimí Alvariño, Carlos Gonzalvo y Thais Valdés.
El filme se inscribe en la línea de la comedia social que ha caracterizado buena parte de la obra del realizador, pero con una mirada atravesada por la crisis, el desencanto y la necesidad de sostener los afectos en medio de la precariedad. Una vez más, Chijona se vale de la sátira como herramienta crítica para hablar de desigualdades, doble moral y resiliencia cotidiana.
Inicia rodaje de Tengo una hija en Harvard
Mientras los nuevos filmes de Solaya y Chijona se preparan para llegar al público nacional, el cineasta Arturo Sotto se encuentra inmerso en la producción de Tengo una hija en Harvard.
Este primer largometraje del realizador tras Nido de mantis (2018) levanta expectativas porque tiene su génesis en el texto ganador del Premio Coral de Guion Inédito en el 45 Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, de diciembre de 2024.
En la sección Industria del Festival de Málaga se dieron los primeros pasos para establecer una coproducción con Honduras, con el propósito de que el director de Boccaccerías habaneras acometiera la realización de esta nueva historia.
La directora de casting Libia Batista dio la noticia, en un post de Facebook fechado el 29 de enero, del comienzo del rodaje de Tengo una hija en Harvard. Ahí se anunciaba que Olga María Fernández sería la productora —la misma de Estrés— y publicaba fotos de los protagonistas, caracterizados en dos épocas distintas: los años 50 y los 70.
Las imágenes mostraban un reparto conformado por figuras prominentes de la escena cubana como Jorge Perugorría, Tahimí Alvariño, Néstor Jiménez, junto a rostros más jóvenes, entre los que sobresalen Luis Ángel Batista, Linda Soriano y Darianis Palenzuela.
En su perfil de Facebook, el actor Luis Ángel Batista subrayó la oportunidad de volver a trabajar con Sotto y comentó: “Gracias a Dios por este gran regalo que me ha dado en este comienzo de año. Hacer cine, con colegas, humildes, de gran corazón es una bendición. Esta película será una hermosa pieza, un gran homenaje para el Teatro Cubano, sus actores y actrices de todos los tiempos”.
Del teatro al cine
Reconocido por títulos como Pon tu pensamiento en mí y Amor vertical, Sotto ha sabido explorar la psicología de personajes atrapados entre la contradicción individual y la complejidad del entorno social.
Su guion de Tengo una hija en Harvard fue escrito en 2017, a partir de fuentes históricas entre las que destaca Las metáforas del cambio en la vida cotidiana. Cuba 1898–1902, libro de Marial Iglesias Utset.
El texto de Sotto se fundamenta en un episodio histórico real: el viaje de estudios de 1273 maestros cubanos a la Universidad de Harvard en el verano de 1902, durante la ocupación estadounidense de Cuba tras el fin la Guerra de Independencia contra España.
Ante la imposibilidad de llevarlo a la pantalla en aquel entonces, se adaptó a la escena teatral con el título Oficio de Isla. Estrenada en 2019 y dirigida por Osvaldo Doimeadiós, la pieza teatral poseía elementos de música en vivo, danza y teatro vernáculo, y tuvo al propio guionista entre los autores. Con múltiples funciones durante cinco años, la obra fue un éxito entre la crítica especializada y los espectadores.
Ahora, Sotto regresa a su visión cinematográfica original y ha incorporado narrativas en los años 50 y 70 para explorar transiciones históricas y dinámicas familiares en Cuba.
Coproducir, compartir y resistir
La cooperación con España, México, Argentina y otros socios europeos o latinoamericanos han sido claves para sostener la producción cinematográfica más reciente en la isla.
Además de apoyo financiero, estas alianzas aportan formación técnica, circulación en festivales y una mirada internacional que permite contrastar visiones.
Desde la aprobación del Decreto 373 (2019), que reconoce oficialmente las creaciones audiovisuales independientes, se ha abierto un espacio más flexible para el surgimiento de pequeñas productoras, alianzas transnacionales y proyectos híbridos entre la institucionalidad del Icaic y la autogestión.
Aun así, la falta de insumos técnicos, las dificultades en la logística de rodaje y la escasez de financiamiento continúan siendo obstáculos habituales. En este contexto, cada estreno supone una conquista colectiva.
Perspectivas y desafíos
De cara a los próximos años, el reto para el cine cubano no es solo económico, sino también generacional y simbólico. Las plataformas digitales presionan por nuevos modos de distribución y consumo, mientras los directores emergentes reclaman espacios de exhibición y apoyo sostenido.
La culminación de Estrés y La Fiesta, junto al inicio del rodaje Tengo una hija en Harvard, son señales de los sueños y dilemas de los cineastas cubanos que están empeñados en no rendirse ante las adversidades.
De cara a los próximos años, el desafío será asegurar que estas películas —y otras que vendrán— encuentren espacios de exhibición sostenidos, circulen en festivales internacionales y logren conectarse con nuevas audiencias dentro y fuera de Cuba. (2026)
Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.
Normas para comentar:
- Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
- Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
- No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
- Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.