Ulises Rodríguez Febles: Escribo aunque el mundo se esté cayendo
Un atleta de alto rendimiento en el arte y la literatura.
Su currículo exhibe una extensa lista de obras de literatura, teatro, guiones, que han traspaso las fronteras de la isla.
Foto: clautrofobias.com
Es raro ver a una persona que tenga un nombre más apropiado que el escritor, investigador y dramaturgo Ulises Rodríguez Febles (Cárdenas, 1968), porque como el héroe de La Odisea, es un luchador incansable, un atleta del arte, la literatura y la vida con una tenacidad a prueba de balas. Su currículo exhibe una extensa lista de obras de literatura, teatro, guiones, que han traspaso las fronteras de la isla y han obtenido multiplicidad de premios en esa diversidad de géneros y disciplinas.
Mi conexión inicial con Ulises fue a través del deporte y la literatura. Tuvimos una química inmediata y él me solicitó –para mi sorpresa y regocijo– que escribiera el prólogo de su texto teatral Corriendo con Terry Fox. Fue una experiencia inédita. El día de la presentación del libro en Matanzas, él corrió un maratón hasta la Casa de la Memoria Escénica para honrar doblemente a Terry Fox. He aquí una conversación reciente sobre sus “competencias”.
José Antonio Michelena (JAM): Ulises, ya uno como se acostumbra a leer tu nombre de manera continua en los más diversos escenarios del arte y la literatura. Ahora mismo estás en el centro de varias promociones: la Feria Internacional del Libro de La Habana, para el mes próximo, anuncia la presentación de tu novela Las últimas vacas van a morir; en junio, será el estreno de Huevos, por Teatro del Viento, en el Sauto, al tiempo que se prepara la edición del texto por Ediciones Matanzas; mientras que en el mismo teatro matancero será la puesta de Cuarentena, en agosto, por Vital Teatro. Casi ningún género queda fuera del tu labor creativa. ¿A qué ritmo trabajas? ¿Cómo concilias tu labor en la Casa de la Memoria Escénica con la escritura?
Ulises Rodríguez Febles (URF): Escribo inmerso en muchas cosas, siempre ha sido así, desde mis primeras obras, como El Concierto, en el 2004. Y la menciono porque ya estaba trabajando en la Casa de la Memoria Escénica, que como sabes es un espacio donde se defiende el patrimonio, y es un hervidero de proyectos culturales diversos que te quita tiempo; pero es una labor que yo veo como acto creativo combinado con la escritura.
Escribo especialmente en las mañanas; en realidad puedo hacer muchas cosas a la vez, concentrarme y desconcentrarme, sumergirme en el mundo de la dura realidad cotidiana y en el de la creación; puedo sentir que tocan a la puerta, atender a alguien, resolver algún problema y volver a la escritura. Últimamente escribo en el móvil; escribo en el instante en que necesito hacerlo, con personajes e historias dentro de mí, siempre ahí, aunque el mundo se esté cayendo. Así transcurre mi vida creativa.

JAM: ¿Cómo eliges el género, literatura o teatro, en que trabajarás un argumento determinado?
URF: No lo elijo, nace de la necesidad de creación, nace de una idea, de una provocación, de un personaje, de un suceso. El teatro o la novela, los minicuentos o un ensayo, nacen con esa provocación que crea una necesidad de reinventar una realidad, y a la vez lo concibo como un proyecto que implica otras cosas, un evento, un panel, un performance, o un maratón.
Hace más de un año, por ejemplo, me enamoré de Emilia Teurbe de Tolón, la bordadora de la bandera cubana. La idea vino por un documental que exhibimos en la Casa de la Memoria Escénica, realizado por un descendiente de esa mujer asombrosa y poco conocida. Lo que me provocó el documental y lo que sucedió con él fue el motivo inspirador.
Las primeras líneas de lo que decía el personaje nacieron en el teclado de mi móvil. Luego vino la investigación en los documentados libros de la historiadora Clara Emma Chávez, en otros archivos; hasta que nació definitivamente el texto, que recorre la compleja vida de la primera mujer desterrada de la isla de Cuba, la mujer enfrentada por su vida personal a la injuria, una mujer excepcional de la historia de nuestro país.
Con el texto nació también el proyecto de estrenarlo, con varias actrices cubanas, en los lugares donde vivió Emilia: Cuba, España y Estados Unidos. Desde que escribí la primera línea, supe que era un texto teatral, para una actriz, de la misma manera que las imágenes reales de unas vacas muriendo de hambre en una vaquería me sugirieron imágenes para mi novela Las últimas vacas van a morir y la búsqueda de mis raíces, la indagación en la historia agraria del país en que nacimos.
JAM: Para un hombre de teatro, un arte que implica movimiento, cercanía humana, diálogos, comunicación, intercambios, debe ser difícil privarse de eso por un tiempo tan largo como hemos tenido con la pandemia. ¿Cómo ha sido en tu caso? ¿Cuál es tu experiencia al respecto?
URF: El aislamiento, en una primera etapa, me ofreció un descanso, una cercanía constante con mi familia, una pausa sin contratiempos para escribir; fue ahí que culminé varios proyectos y escribí Cuarentena. Luego, cuando se alargó el aislamiento, y especialmente cuando el peligro y las muertes crecieron, el deseo de volver a la intensidad de la existencia, como yo la vivo, me provocaron ansiedad y también debilitaron, aunque no lo parezca, mi libido creativa. Es horrible esa sensación de escribir, por ejemplo, por disciplina, pero sin pasión. La pandemia, en esa etapa, me produjo un arañazo doloroso en el espíritu. Esa fue mi experiencia.
JAM: Escribiste Cuarentena cuando en la Isla solo había transcurrido un mes de la pandemia de Covid-19, pero están recogidos allí la mayoría de los conflictos que han ocurrido en Cuba entre los núcleos familiares. A los personajes se les presentan las disyuntivas que se nos han dado a casi todos nosotros durante estos dos años. Sin embargo, hay características, en sus personalidades y profesiones que los singularizan. ¿Por qué escogiste estos personajes?
URF: Esos personajes fueron escogidos a partir de lo que quería decir, de ciertos signos de la realidad, al menos en esa etapa, de experiencias concretas y de la metaforización de un contexto: un hostal, un italiano, una enfermera, una joven artista, las zonas rojas o amarillas, las marcas del aislamiento.
Creo que esos personajes, y los espacios seleccionados, nos permiten hablar de la economía, del miedo al contagio, de la crisis –otra más– que se avecinaba, de los que fueron a enfrentar el peligro –que aún era desconocido–, de la necesidad del arte, de la relación con el otro, de las tragedias, de la conexión con el mundo, de la economía, de la negligencia médica, de la soledad y del miedo.
JAM: Han pasado casi dos años desde que creaste Cuarentena y muchas cosas han sucedido en todo este tiempo. Otros conflictos se han agregado. ¿Has pensado en escribir una segunda parte? De hecho, el final abierto de la obra da pie para continuarla. ¿O acaso abordas el tema en una novela?
URF: Mi Cuarentena es de esa primera etapa de la entrada de la pandemia al país, del enfrentamiento a lo desconocido, el testimonio de esos meses, que son muy diferentes a lo que ocurrió después; aun cuando en el texto hay varias zonas, psicológicas, sociales, válidas para todas las etapas e incluso para diversos contextos, sin dudas lo que vino luego fue distinto, aún más trágico, desesperanzador.
El final es abierto, mas creo que para mí por ahora está cerrado. Sentí la necesidad de escribir, de reflejar un momento y lo hice. Se escribirán muchas obras sobre la pandemia, estoy seguro. Quizás yo lo haga, pero no lo sé.
Cuarentena, que se estrenará en agosto en el Teatro Sauto (M.N.) Dios mediante, por Vital Teatro, dirigido por Alejandro Palomino, ha sufrido en su proceso los avatares de la propia pandemia: cambios de fecha de estreno, aislamiento total de los actores, con el circuito vivo del teatro, y consigo mismo, incertidumbre y desesperanza.
Matanzas, la ciudad donde vivo, fue una de las que más sufrió el azote de la pandemia, y lo que se sintió en esos instantes de contagio, muertes, negligencias, carencias de medicamentos, fue una tragedia, de la cual por suerte hemos salido.
Para los actores es duro enfrentar el texto, porque es volver a hablar de una etapa triste, en la que enfermaron o murieron mucha gente, a veces parte de una familia, conocidos.
De alguna manera, ahí está mi Fernanda, la enfermera, para hablar de esos seres que enfrentaron la muerte, en las zonas rojas y amarillas o en los centros asistenciales. Escogí a una enfermera, a una mujer, a una madre, a una madre con vocación y altruismo, a alguien que ama y defiende la profesión. Ya se sabe que hay muchos que no lo hicieron, que con sus actitudes denigraron a la profesión, y también están –en su mayoría– los que con pocos recursos o casi sin ninguno, se enfrentaron a un virus mortal y en muchos casos perdieron la vida.
Cuarentena, la mía, es un testimonio, un homenaje a esa gente buena, una manera de decirles a muchos lo importante que es la vida, lo constante del asedio de la muerte, la necesidad que tenemos de personas que tengan el amor, la bondad, la compasión, como virtudes de los seres humanos.
Quiero ver el estreno de Cuarentena, pero sé que mucha gente quiere olvidar, el dolor, la muerte; hemos pasado tanto, que queremos el alivio de la vida.
Tampoco sé si al final se aplaudirá. Imagino que haya silencio, mucho silencio. (2022)
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