Visiones de la pandemia en suelo cubano (5)

La reinvención del tiempo y el nivel de prioridades de una profesional del periodismo.

Yarelis Rico entrevista al padre Jorge Luis Pérez Soto, asesor de la Pastoral Juvenil en la arquidiócesis de La Habana.

Más de un año después de registrarse los primeros contagios de SARS-Cov2 en el archipiélago, los cubanos enfrentan un crecido rebrote de casos propiciado por diversas cepas del virus que recorre el mundo desde fines de 2019. Con muy pocas opciones de aislamiento total, la gran mayoría debe seguir saliendo a la calle a diario para resolver sus necesidades más elementales con el consiguiente peligro de infección ante el más mínimo descuido en una cola, en un transporte, en un mercado, o en cualquier otro sitio.

Pero el prolongado encierro entraña también otros peligros para la salud. Vivir en un permanente estado de sitio es en extremo asfixiante, dañino, perturbador. Para saber su parecer al respecto, nos acercamos a un grupo de profesionales de la literatura, las artes, el periodismo, la comunicación, las ciencias, y les preguntamos cómo han lidiado con el tiempo, cómo han transcurrido sus días, qué reflexión quieren compartir sobre esta realidad y cómo imaginan el futuro post pandemia.

YARELIS RICO: ALGO EN NOSOTROS HA CAMBIADO Y MUCHO

La periodista Yarelis Rico Hernández (Pinar del Río, 1971), editora jefa de la revista Palabra Nueva, una de las voces más sobresalientes de la comunicación católica en la isla, resume en su visceral testimonio, la enorme diversidad de ocupaciones y desafíos con los que debe lidiar a diario una madre trabajadora cubana en esta dilatada coyuntura por la que atravesamos.

José Antonio Michelena (JAM): Yarelis, ¿cómo has lidiado con el encierro, las ocupaciones, y el tiempo, en esta época de pandemia; en qué has ocupado tus días y tus noches?

Yarelis Rico (YR): Decir que ha sido una etapa difícil no es simple calificativo, al que le acompañarían otros muchos: angustiante, desafiante, buena en algún sentido, gratificante en otros. Me he descubierto en nuevas facetas, la primera de ellas, maestra de primaria, no solo de mi hijo, sino también de algunos de sus amigos, cuyas madres se han visto obligadas a volcarse a la calle para buscar alimentos. Yo igualmente lo he hecho, pero en mí conviven lo que pudiésemos definir como “nivel de prioridades”.

Una cola no puede competir con el tiempo de estudio junto a mi hijo; un tiempo que no me gusta limitar a los contenidos escolares. Durante estos meses he sido su rehabilitadora –mi hijo padece de un trastorno congénito que afecta sus movimientos–, su maestra de cocina, su alumna (y no su profe, que se entienda) de Inglés, su cansada y extenuada compañera de lecturas, la más creativa de las chef de cocina… En fin, tantas cosas.

A la par he tenido que llevar mi trabajo como periodista desde casa junto a las bien conocidas obligaciones del hogar, aunque en esto último comparto, de tú a tú, con mi esposo. Diariamente genero contenido para la página web de la revista católica Palabra Nueva, de la que soy editora jefa, y para nuestras redes sociales. Súmale que desde 2017 y hasta principios de este año fui la presidenta de SIGNIS Cuba, asociación católica mundial para la comunicación que, con carácter no gubernamental, agrupa a profesionales de la radio, la televisión, el cine, el video, la prensa escrita, e Internet.

En este tiempo de pandemia el trabajo comunicacional de la Iglesia se ha intensificado y diversificado, y en ello mucho han tenido que ver los jóvenes, para quienes SIGNIS ha realizado variadas propuestas formativas. Durante esta etapa han aparecido programas radiales, audiovisuales y cursos en línea y ha sido mayor el ritmo de actualización de nuestras publicaciones en las redes sociales.

En el día veo contenidos de calidad muy distinta, algunos los disfruto, otros no tanto, muchísimos los ignoro. Pero debo decir que es en la plataforma digital donde tengo mis acostumbradas fuentes de información, las que más me complacen por su veracidad, estilo y discurso. Como trabajo para un medio católico, es en esos soportes donde encuentro el contenido informativo que más requiero.

He sentido mucha satisfacción al realizar algún reportaje, entrevista o artículo que muestre la labor de comunidades religiosas en Cuba, especialmente en este tiempo de pandemia. Aunque la caridad no se pregona, los cubanos deben de conocer la obra de estos hermanos y hermanas consagrados (muchos misioneros de otros países) para ayudar a los más pobres, a los ancianos solos, a los niños, a las madres solteras, a las personas que viven en la calle… Siento que he tenido la gran oportunidad de visibilizar parte de esa gran obra, que no busca ser conocida, pero que es importante sostener en este país que tanto la necesita.

Como una más de la mayoría, he hecho colas, he comprado alimentos a sobreprecio, he padecido la falta de medicamentos (aunque no soy muy dada a consumirlos); he tenido, y tengo, momentos de desesperanza, de angustia, de impotencia ante la actual situación del país. Y no hablo solo de la covid-19.

Durante esta etapa vi partir a mi hija y a su esposo hacia otro país, y aunque estoy feliz por ellos, pues en poco tiempo han logrado grandes avances en lo profesional y en lo personal, es difícil verlos por la fría pantalla de un celular o intercambiar conversaciones por el chat. Mi hija es esa fuerza arrolladora que me empuja, lo era cuando estaba a mi lado y lo sigue siendo.

También he tenido que mal acostumbrarme a no ver a mi madre como solía hacerlo, pues vive en otra provincia. Ya es mayor, y aunque es una mujer fuerte, sé que nos extraña y nos necesita. Si algo me alivia, es que mi madre, señora de patios y jardines hermosos, disfruta de estos espacios que ella misma se ha creado y enamora con ellos a muchos vecinos y amigos. Quizás me equivoque, porque estoy hablando en su nombre, pero no la siento sola, a pesar de que sus dos hijos estemos lejos –mi hermano, incluso, fuera de Cuba.

La periodista Yarelis Rico

JAM: Qué reflexión quisieras compartir sobre los efectos de esta plaga en los estados emocionales.

YR: Ya no somos los mismos. Algo en nosotros ha cambiado y mucho. Siento que somos más auténticamente solidarios, pero, al mismo tiempo, y aunque parezca paradójico, más injustos entre nosotros. En ello influye el caos de una sociedad donde para adquirir lo que necesitas tienes que luchar con largas colas, arriesgarte en multitudes, en las que casi siempre vence la ley del más fuerte. Y en ese calificativo caben otros, ninguno bueno o saludable.

Estamos sobreviviendo, no viviendo. Y esa sobrevivencia se reduce a inventar, buscar, comprar (incluso lo que no te haga falta en ese momento), mirar y preguntar, ¿hasta cuándo? Y el tiempo pasa, los años corren… Yo misma he reinventado una y mil veces mis días: hago ejercicios, corro, escucho música, leo, me apunto en cursos por Whatsapp, pero falta esa necesaria visión de futuro que al ser humano le sostiene para ser lo que es, persona.

Tengo fe en Dios, soy católica practicante, pero mi fe tiene muchas “noches oscuras”, parafraseando a San Juan de la Cruz. Si bien la fe me sostiene, y a ella me aferro, como persona soy yo y mis circunstancias, las cuales están atravesadas por una realidad y un tiempo concretos.

JAM: ¿Crees que volveremos a una normalidad como la que teníamos antes de 2020?, ¿cómo imaginas el futuro post pandemia?

YR: ¿Y qué normalidad teníamos antes del 2020? Un país sin covid-19. Creo que al cubano le preocupa más la situación económica y social de esta isla, que la propia pandemia. Pero la pandemia me ha ayudado, y esto lo digo de todo corazón, a valorar más a mi familia, a detenerme en lo verdaderamente importante de la vida, a buscar otras potencialidades en mí que ni yo misma conocía.

Me he planteado, para el futuro, vivir de otras fuentes que no sean las que hasta ahora me han sostenido. ¿Lo haré? Hoy, ahora mismo, no lo sé. Me duele ver cómo en las redes cualquiera comunica y arranca miles de like, mientras un texto profundo pasa inadvertido. Es una realidad que me supera, lo reconozco.

Ojalá y salgamos de todo esto siendo mejores personas. En ello mucho influirán los gobiernos con políticas que impulsen el crecimiento económico y la creatividad de las personas en su individualidad; que se reconozcan derechos y no se vilipendien; que veamos, en el otro, una persona igual a nosotros, a la que hay que respetar en toda su dignidad. Puede sonar utópico, pero creo que en ese amor y en ese respeto va lo más positivo del cambio. (2021)

Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.