Mujeres y familias cubanas impulsan la transición agroecológica

Este trabajo integra la serie Cubanas y agroecología, un esfuerzo conjunto de la oenegé humanitaria Oxfam e IPS Cuba, sobre género y transición agroecológica en el país.

Trabajadoras agrícolas laboran en la producción de hortalizas en la Finca María Andrea, insertada en el proyecto Prosam, provincia de Artemisa, Cuba. 28 de enero de 2021.

Foto: Cortesía de Oxfam-Cuba.

La Habana, 2 sep.- Yailín García, de 34 años, produce plátanos y algunas hortalizas, con la aplicación de técnicas como la siembra en contorno, intercalado de cultivos, el uso de cercas vivas y plantas repelentes, entre otras, que la hacen parte de la transición agroecológica en Cuba.

“Soy productora, pero no agroecóloga”, considera García, que es médica veterinaria y socia de la Cooperativa de Créditos y Servicios Arides Estévez, en el habanero municipio de Playa.

Fue en los talleres de la cooperativa, dedicada a los cultivos varios y frutales, donde aprendió el abecé de la agroecología que, a paso lento, sigue ganando terreno en Cuba, promovida por organizaciones, instituciones y proyectos autónomos.

En tiempos de pandemia, una finca declarada agroecológica se verá menos afectada que la que no esté en este camino”.

Aurelia Castellanos, presidenta ACPA-La Habana

“El principal resultado es que obtengo alimentos totalmente orgánicos. Mis niños comen de lo que siembro. Empecé por ellos, que me dan su ayudita en lo que pueden”, comentó García a la Redacción IPS Cuba, sobre un enfoque que también transforma a las familias.

La agroecología, que es a la vez ciencia, movimiento y práctica​ de la aplicación de los procesos ecológicos en los sistemas de producción agrícola, pecuaria, forestal y alimentarios, llegó al país en los años 90 del siglo XX, cuando la crisis económica que persiste hasta hoy obligó a la agricultura a adaptarse a la falta de insumos.

Como proceso complejo en el que se articulan distintas escalas (finca, comunidad y territorio), la transición agroecológica se ve afectada por factores sociales, económicos, tecnológicos, culturales, políticos y ecológicos.

Una de las características y a la vez obstáculo de esta alternativa en Cuba radica en que no se llegó a ella de forma consciente ni meditada, sino obligada por la precariedad. Por ello y otros factores como la falta de incentivos, muchos productores regresan a las prácticas convencionales en cuanto disponen de recursos y agroquímicos.

Transición agroecológica y empoderamiento femenino

Que los niños de Yailín se unan a su madre, sobre todo en tiempos de covid-19, en que la suspensión de la actividad escolar obliga a la infancia y adolescencia a permanecer en casa, no es una excepción.

Para Aurelia Castellanos, presidenta en La Habana de la oenegé Asociación Cubana de Producción Animal (ACPA), las fincas agroecológicas incorporan por definición a la familia a sus procesos, que no se limitan solo a la producción de alimentos.

 Alcance agroecológico en Cuba

Las prácticas de este tipo se han extendido, pero se contabilizan todavía pocas fincas completamente agroecológicas, unas 881 en todo el país.
Otras iniciativas de amplio alcance, como el Programa Nacional de Agricultura Urbana, Suburbana y familiar, que desde hace 33 años mantiene el Ministerio de la Agricultura, para la producción de alimentos sanos, suelen usar agua tratada.
No obstante, su promoción de la agroecología llegaba al cierre de 2020 a 147.000 fincas del país y 800.000 patios y parcelas.
La superficie agrícola de Cuba abarca 6.400.800 hectáreas, de las cuales estaban cultivadas 3.120.926 hectáreas en 2019. El 70 por ciento de la superficie agrícola se encuentra con bajo contenido de materia orgánica, según el I Informe Nacional Voluntario de Cuba 2021.

“Se le incorpora el uso eficiente del suelo y del agua, creando espacios donde elaboran productos orgánicos y biológicos con residuos de la casa, las cosechas y las excretas de animales”, indicó.

A su juicio, es como un ejercicio cíclico que mantiene a todos en constante actividad y pensando en cambios permanentes, a partir de diseños previos, en el cual las familias seleccionan las semillas y dónde sembrarlas, cómo preparar el suelo y mantener los cultivos hasta la cosecha.

“En tiempos de pandemia, una finca declarada agroecológica se verá menos afectada que la que no esté en este camino porque este tipo de producción establece la no dependencia de recursos externos. La producción debe ser cíclica, que genere energía local y una creatividad sistemática donde se incorpore toda la familia”, opinó.

De forma participativa, las familias analizan y deciden qué cultivos se deben intercalar, la manera de diversificar las producciones para tener más alternativas y, por lo tanto, ofrecer más vías de solución a los problemas, desde ambientales hasta económicos y alimentarios.

De acuerdo con la presidenta de ACPA en La Habana, “se va aprendiendo a escuchar a todos y decidir de forma participativa… eso los hace más felices y menos dependientes”.

Según Castellanos, experiencias en el municipio habanero de Marianao dan cuenta de cómo las mujeres han conseguido sobreponerse al aislamiento motivado por la pandemia y la tensión diaria que trae aparejada la emergencia sanitaria mediante el cultivo de sus diminutos huertos y macetas.

“Productoras me han confesado que antes apenas podían levantarse de la cama por la depresión pandémica y ahora lo hacen de buen ánimo y curiosas por ver la evolución de sus plantas… dicen que les han salvado la vida”, compartió, sobre la Red de patios solidarios que impulsa el proyecto Akokán.

Productores de Madruga y Alquízar, municipios respectivamente de Mayabeque y Artemisa, cuentan cómo la agroecología ha sido una solución durante la covid-19, en este video del proyecto Propuestas verdes: jóvenes que apuestan por la agroecología en Cuba.

Pese a múltiples obstáculos por la incomprensión de su interés por reforestar y descontaminar la franja de rio próxima a su finca, Herrera logró hacerlo y tiene hoy unas 38 especies de frutales.Para la productora Reyna Herrera, de la cooperativa Sergio González, al este de La Habana, la agroecología contribuye al desarrollo local sustentable tanto en el ámbito urbano como en el rural y se ocupa de cambiar los estilos de vida de la familia y de la comunidad, obteniendo resultados permanentes y una nueva cultura del hacer y el vivir.

A su juicio, la diversidad funcional juega un papel decisivo en la conversión agroecológica de las fincas.

“No solo se tiene en cuenta la existencia de animales y plantas, sino que sean ubicadas en la finca de forma tal que su diseño y manejo permitan interacciones favorables y beneficios mutuos, sinergias y complementos, en armonía con el ambiente y la sociedad”, concluyó.

Sociedades y fincas resilientes

Para Fernando Funes, investigador y agricultor del proyecto agroecológico Finca Marta, el reto fundamental es que la agroecología muestre su capacidad de resiliencia y sustentabilidad, pues no siempre está claro que los modelos agroecológicos tengan la capacidad intrínseca de adaptarse a las situaciones de estrés y eventos extremos.

Funes, que ha conseguido llevar a la práctica la ciencia que defiende, indicó que existen  condicionantes a enfrentar por todos los modelos agrícolas, sean agroecológicos o no: escasa fuerza de trabajo, difícil acceso a los mercados, precios justos que cubran los costos de producción, el limitado acceso a recursos e insumos, entre otros.

A su juicio, “la real situación epidemiológica y el recrudecimiento del bloqueo estadounidense, afecta a todos, hagamos lo que hagamos…digan lo que digan, la agroecología es sustentable, pero entre límites lógicos”.

Lo cierto, y que está probado de diversas maneras, es que la restauración y recuperación de un sistema agroecológico es más rápida, menos traumática, menos costosa y más viable, destacó.  Para ello, las personas, y sobre todo las mujeres, juegan un rol importante, continuó.

El científico apuntó que un modelo agroecológico considera a las mujeres como parte indisoluble del proceso socio ecológico, productivo y económico que desea transformar. (2021)

Su dirección email no será publicada. Los campos marcados * son obligatorios.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.