Persiste brecha de género en empleo e ingresos en Cuba

La brecha de género en la participación económica y acceso a ingresos persiste en Cuba, con mayor impacto en las mujeres rurales.

Las mujeres rurales se encuentran en desventaja en relación con los hombres y otras mujeres. Ellas tienen menor acceso al trabajo remunerado y a los ingresos que las mujeres de zonas urbanas.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 23 oct.- La brecha de género en el acceso al trabajo remunerado, al estudio o a los ingresos persiste en Cuba y se profundiza en las zonas rurales, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación (ENO), publicados por el Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género (OCIG).

Sin embargo, este diferencial no se distribuye de forma homogénea. Se amplía en la ruralidad, pero también en territorios específicos y en las edades medias de la vida, y se expresa con mayor crudeza en el desempleo y en la ausencia de ingresos propios, confirman las estadísticas oficiales del OCIG.

Al cierre de 2025, el 42,1 % de las mujeres de 15 años y más poseía trabajo remunerado o estudiaba, frente al 69,7 % de los hombres, una diferencia de 27,6 puntos porcentuales.

Este diferencial ha sido persistente en el tiempo. Si bien entre 2015 y 2019 se observaron ligeros incrementos en la vinculación al trabajo remunerado o al estudio, tanto para hombres como para mujeres, ellas siempre han mostrado un desempeño menor con una brecha que se mantiene alrededor del 20 por ciento.

Las brechas de género son evidentes en los datos del Observatorio de Cuba sobre Igualdad de Género. (Foto: Gráfico OCIG)

La diferencia se amplía en espacios rurales: en el periodo analizado llega a casi 30 puntos porcentuales a favor de los hombres. Las brechas más amplias por edad se concentran entre las personas de 45 a 54 y de 55 a 64 años. Las mujeres más jóvenes son las que muestran menos distancia entre quienes estudian o tienen trabajo remunerado.

Por color de piel, las mujeres blancas tienen menor incorporación al trabajo remunerado o al estudio que las negras y mulatas entre 2015 y 2025. Entre los hombres no se aprecian diferencias notables: los de piel negra estaban seis puntos porcentuales por debajo de los blancos y mulatos en 2015, y en 2025 ocurrió lo mismo.

Por territorios, en tanto, la diferencia de incorporación entre hombres y mujeres alcanzó valores iguales o superiores a 30 puntos, por encima de la media nacional, en las provincias de Mayabeque, Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Camagüey y Las Tunas.

Desempleo e ingresos propios

La tasa de desocupación femenina fue mayor que la masculina durante todo el período 2015-2025, salvo en 2017 y 2019, cuando resultaron semejantes. La brecha más amplia se registró en 2024, con dos puntos porcentuales de diferencia. En 2025 decrecieron tanto la tasa masculina como la femenina y esta última se ubicó en 1,6 %, que es la media nacional.

 

   Brecha de género en cifras (2025)

  • 42,1 % de las mujeres y 69,7 % de los hombres de 15 años y más trabajan de forma remunerada o estudian.
  • Cerca de 30 puntos porcentuales separan a mujeres y hombres rurales en el acceso a empleo remunerado o estudio.
  • 1,6 % es la tasa de desocupación femenina; las mujeres mulatas alcanzan 1,9 %.
  • Cinco de cada 10 mujeres rurales no disponen de ingresos propios.

Las mujeres rurales, nuevamente, registran tasas más altas de desempleo, mientras que, en el caso de los hombres, hay mayor desocupación entre los que residen en zonas urbanas. En el análisis por color de piel, las mujeres mulatas registran la mayor tasa de desocupación, con 1,9 %.

Por territorio, provincias como La Habana (3,2 %), Mayabeque (2,7 %) y Las Tunas (2,6 %) registran tasas más altas de desempleo femenino en 2025, por encima de la media nacional.

En el ámbito de los ingresos propios por trabajo remunerado, pensión o asistencia social, los de los hombres superan a los de las mujeres en más de 20 puntos porcentuales. En zonas rurales, durante gran parte del período analizado por el OCIG, seis de cada 10 mujeres no disponían de ingresos propios, relación que bajó a cinco de cada 10 entre 2023 y 2025.

Las provincias orientales de Holguín, Las Tunas y Granma concentran los menores porcentajes de mujeres con ingresos propios. En el caso de los hombres, las provincias occidentales de Pinar del Río, Artemisa y las provincias orientales muestran los menores valores.

El grupo de personas de 65 años y más es el que más accede a ingresos propios, en ambos sexos. Entre las mujeres, las negras tienen el mayor porcentaje con ingresos por trabajo, pensión o asistencia social.

En general, los datos evidencian que la desigualdad de género no opera igual en todos los grupos sociales y que las mujeres que habitan en zonas rurales o son negras y mulatas acumulan desventajas específicas.

Alertas especializadas

Ya en 2019 investigaciones advertían que las políticas de empleo en la isla habían priorizado la incorporación de las mujeres al ámbito público, pero no habían atendido igual la transformación del ámbito de los cuidados y la corresponsabilidad.

“De ahí que persistan brechas y que el espacio reproductivo parezca más resistente al cambio”, apuntaron las investigadoras Dayma Echevarría, Mirlena Rojas y Mayra Tejuca en el artículo “Género y trabajo: puntos ciegos de las políticas de empleo en Cuba”, un trabajo que muestra los principales vacíos de la política de empleo para promover la equidad de género.

El cierre temporal o anticipado de las escuelas en la actual policrisis limita la participación económica de las mujeres, principales responsables del cuidado de niñas y niños. (Foto: Jorge Luis Baños/ IPS Cuba)

La pandemia y la crisis económica agudizaron el panorama, pues actuaron sobre una división sexual del trabajo preexistente, recargando a las mujeres y expulsándolas o limitando su participación en el empleo remunerado. La situación se complejiza, nuevamente, en la crisis actual con las afectaciones al transporte y el cierre de escuelas, que impactan directamente en la capacidad de no pocas mujeres de conservar un empleo.

Un análisis del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana confirma que el aprovechamiento de los recursos laborales contiene reservas en la población no económicamente activa y, dentro de esta, particularmente en la población femenina.

Persiste “una brecha en la participación económica de las mujeres respecto a los hombres, de lo que se deduce que entre la población económicamente activa femenina existe fuerza de trabajo con posibilidad de ser incorporada, o con necesidad de incorporarse a la actividad laboral”, reconoce el artículo Migración y recursos laborales: una mirada a la relación de género, de Iliana Benítez y Dixie Edith Trinquete, publicado en 2023.

“De ahí la importancia de continuar el estudio de las causas que impiden este acceso, de manera que la incorporación resulte también en indicador de desarrollo, no sólo por la contribución de las mujeres a la economía sino por su propio bienestar y empoderamiento a nivel grupal e individual”, recomienda el texto de la revista Novedades de Población.

Esta brecha de género en empleo e ingresos no se explica solo por la oferta o la demanda de trabajo, o por los diferenciales demográficos. En opinión de Echevarría, Rojas y Tejuca, en ella opera de manera muy importante “la organización social de los cuidados”, que asigna a las mujeres el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y limita su participación laboral.

En Cuba existe fuerza de trabajo femenina disponible y con necesidad de incorporarse, pero las condiciones estructurales —cuidados, políticas de empleo y crisis— impiden que esa incorporación se concrete en condiciones de equidad, advierten por su parte Benítez y Trinquete. (2026)

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