Calentamiento puede liquidar tortuga amazónica

La reproducción de la especie sería inviable ante la escasez de machos y la muerte de embriones por el calor excesivo de los nidos.

Mario Osava - IPS

Tortugas capturadas para investigación y volcadas para evitar que escapen.

BAJO XINGÚ, Brasil, 5 dic (Tierramérica) – La preocupación de la joven bióloga brasileña crecía a medida que recopilaba datos para su tesis de maestría. Las tortugas amazónicas que nacieron en decenas de nidos examinados en 2008 y 2010 eran todas hembras. Y en 2007 había registrado solo ocho por ciento de machos.

El sexo de los quelonios amazónicos, de los cuales las tortugas son la especie más grande, se determina por la temperatura del nido. Cuando el calor supera los 32 grados centígrados nacen más hembras.

La investigación de Cristiane Costa identificó una temperatura promedio de 32,6 grados en 2007, y de 34,5 y 35,9 grados en 2008 y en 2010, respectivamente, en los nidos de la playa de Juncal, preferida por las tortugas para desovar en el Tabuleiro do Embaubal, un archipiélago del Bajo Xingú en la Amazonia brasileña oriental.

¿Qué será de las tortugas si el calentamiento del planeta tiende a ser más acentuado en la Amazonia, según indican varios estudios? A la larga, su reproducción podría hacerse inviable por escasez de machos y muerte de embriones por el calor excesivo de los nidos.

Se trata de un animal que puede vivir muchas décadas, aunque no se sabe exactamente cuántas. Eso le permite reequilibrar su razón sexual si las altas temperaturas no se hacen permanentes ni generalizadas, observó Juarez Pezzuti, doctor en ecología de quelonios y orientador de Costa como profesor de la Universidad Federal de Pará.

Es necesario «monitorear por muchos años» y evaluar los diversos factores que afectan la reproducción, acotó. Un aumento de huevos no fecundados indicaría escasez de machos.

Juncal, la cuna conocida de la mayor cantidad de tortugas de la Amazonia, vive una situación singular. En 2009 se elevó la altura de la playa agregándole arena del río, con el fin de reducir la mortandad de tortuguitas provocada en 2008 por la inundación de los nidos.

En 2008 sobrevivieron apenas 230.000 crías viables, 58 por ciento menos que en 2007.

Pero la arena añadida, de granos gruesos, elevó más la temperatura de los nidos al retener más calor solar, al punto de que mató muchos embriones y crías. Ese fue probablemente un factor de la baja reproducción de 2010, cuando se contaron cerca de 320.000 hijos viables, contra los 470.000 de 2009.

Las cifras se conocen porque hace tres décadas se desarrolla en Brasil un programa de protección de quelonios amazónicos que comprende la recolección de tortuguitas en las playas controladas, su cuidado en los primeros días de mayor vulnerabilidad a la depredación natural, el conteo y la liberación en los ríos.

A Costa le preocupa que las autoridades ambientales repitan el error de corregir un factor de mortandad, las inundaciones, creando otro, el exceso de calor que, además, no deja nacer varones.

En ese contexto, el calentamiento global permanece como amenaza futura.

En la Amazonia brasileña hay por lo menos otro centenar de áreas de desove similares al Tabuleiro do Embaubal, aunque no tan masivos, destacó Pezzuti. Las tortugas migran mucho.

El científico quiere evitar alarmismos sobre riesgos de extinción, que justifican una ley que prohíbe la caza de tortugas y que él considera irracional.

Vedar el aprovechamiento extractivo de quelonios y sus huevos contraría costumbres arraigadas en poblaciones ribereñas, por eso es poco efectivo y dificulta el manejo de las especies con participación de las comunidades locales, invitadas a renunciar a una fuente de alimento sin contrapartida y bajo amenaza de represión, arguyó el ecólogo.

Además, se permite pescar algunas especies de peces de hecho casi extintas, acotó.

Las tortugas amazónicas (Podocnemis expanda) están en un grupo de bajo riesgo, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Pero hace tres décadas se temía por su destino ante la caída vertical de su población. Y eso llevó al gobierno a iniciar en 1979 el Proyecto Tortugas de la Amazonia, que logró recuperar la reproducción y alejar el riesgo de extinción.

Por casi tres siglos esta especie fue una de las principales fuentes de proteína para la población amazónica, y su grasa se usaba en conservación de alimentos y fines variados, incluso medicinales. Por eso se ganó el apodo de «ganado de la Amazonia».

Mejor registrado en documentos históricos está el consumo de sus huevos, que además de alimento son fuente del aceite que servía de combustible para iluminar los poblados amazónicos y exportar a otras ciudades brasileñas y del exterior.

Las estimaciones apuntan cosechas anuales de 12 a 48 millones de huevos entre 1700 y 1860, bajando desde entonces, según constataron Pezzuti y su colega George Rebelo, del Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia, con base en documentos.

Las características de esta tortuga la hacen más vulnerable que otras especies a las alteraciones ambientales y a la depredación humana. Alcanza a pesar más de 60 kilogramos y puede poner más de 100 huevos en un nido. Las hembras adultas acuden en masa a las playas preferidas para el desove.

Por sus hábitos rígidos son «más sensibles a los cambios, al depender de ambientes específicos», según Daniely Félix-Silva, doctora en biología que ha realizado investigaciones sobre quelonios en varias partes de la Amazonia.

No tienen, por ejemplo, «la plasticidad del tracajá» (Podocnemis unifilis, también llamado terecay o taricaya en otros países amazónicos), dijo en referencia a la capacidad de adaptarse a medios y hábitos alimentarios y reproductivos más flexibles.

Esa «ventaja» del tracajá se refleja en su abundancia en toda la Amazonia brasileña, sucediendo a las tortugas como especie más capturada ilegalmente, pese a su tamaño menor, pues solo pesa hasta ocho kilos. Como anida incluso en medio de la vegetación, puede resistir mejor el calor.

Las tortugas fueron víctimas de la economía extractiva que condujo la ocupación de la Amazonia, como la del caucho natural. A partir de la década de 1960, se sumaron los polos industriales y la expansión agrícola subsidiada que aceleraron la invasión humana.

Se amplió el mercado para el consumo y el comercio ilegales de carne y huevos de quelonios, pero también se diseminó la oferta de carne de vacuno y de pollo, neutralizando parte de la presión sobre los animales silvestres.

El nuevo ciclo económico de la Amazonia multiplicó las amenazas ambientales, como la deforestación, causada sobre todo por la ganadería, los monocultivos con intenso uso de agrotóxicos y la gran minería.

Los quelonios son vulnerables a las intervenciones en el ambiente acuático, como las centrales hidroeléctricas que son prioridad en los planes energéticos del gobierno. Algunos ríos se represarán en varios puntos para hacer funcionar centrales grandes o pequeñas.

El pulso de crecidas y estiajes de los ríos amazónicos es vital para los quelonios, que se alimentan de frutas y vegetación de los bosques inundados durante el «invierno» lluvioso, acumulando reservas para el «verano» menos húmedo y dedicado a la reproducción, destacó Pezzuti.

Las tortugas pueden sufrir asimismo alteraciones en los arenales donde anidan. Los embalses en general inundan playas fluviales y pueden retener o modificar los sedimentos transportados por los ríos, alterando los bancos de arena.

En el caso del río Xingú, la hidroeléctrica de Belo Monte, ahora en inicio de construcción, reducirá las crecidas en los 100 kilómetros de la Volta Grande, desviando parte de sus aguas. En ese tramo, los tracajás allí dominantes serán los más afectados.

Pero en Tucuruí, central hidroeléctrica inaugurada en 1984 en la misma Amazonia oriental, los tracajás fueron los que mejor sobrevivieron al choque ambiental y son hoy abundantes en el gigantesco embalse, constató Félix-Silva. (FIN/2011)

* El autor es corresponsal de IPS. Este artículo fue publicado originalmente el 3 de diciembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

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