La proyección externa cubana hacia el Caribe
El Caribe es el entorno natural e inmediato de Cuba, al cual pertenece por múltiples y legítimas razones geográficas, históricas y culturales.
La cuenca del Caribe
Sur-Sur: La solidaridad y la cooperación como fundamento
Es un hecho que, en la proyección externa de Cuba, toda su experiencia social está a disposición de los pueblos del Sur. La Mayor de las Antillas parte de la premisa de que este tipo de cooperación constituye un importante instrumento para desarrollar y fortalecer la independencia económica y avanzar hacia el verdadero desarrollo.
La cooperación Sur-Sur ha devenido el elemento troncal o el principio rector en las actuales relaciones de Cuba con el Caribe, lo que ha sido ratificado en la Declaración de Bridgetown, de diciembre de 2006. Estas relaciones sin dudas, constituyen un ejemplo de qué pueden alcanzar los estados pequeños y menos favorecidos sobre la base del respeto mutuo y la voluntad política de sus gobiernos. Su comprensión se evidencia en los momentos actuales, cuando ha perdido fuerza la percepción caribeña prevaleciente en parte de la década del setenta y, especialmente, de los ochenta, en la que Cuba priorizaba la ayuda bilateral por razones de afinidad ideológica.
La cooperación Sur-Sur ya estaba presente en las relaciones de Cuba con el Caribe, desde la década del setenta. La cooperación civil con Guyana, en 1961, fue la primera experiencia de este tipo, si bien durante los últimos años realmente ha sido significativa la sostenida colaboración de Cuba en materia de políticas sociales, particularmente en las áreas de salud, educación y deporte. Igualmente sobresalen acuerdos en el tratamiento de problemas comunes que forman parte del concepto de seguridad nacional ampliada, tales como: el narcotráfico, los desastres naturales, los peligros medioambientales, las fronteras marítimas y las migraciones.
Por su importancia, habría que destacar el decidido apoyo de Cuba a la región, en el área de la colaboración médica, mediante el diseño y aplicación del inicialmente llamado Plan Integral Salud (PIS). La Mayor de las Antillas ha enviado decenas de médicos a las zonas más deprimidas del Caribe, ante la ocurrencia de cuatro destructivos huracanes y una tormenta tropical en el área, en 2003 y 2004.
En la reunión de Cancilleres de Cuba-Caricom en el verano de 2004, La Habana también tuvo la iniciativa de proponer una novedosa acción, lamentablemente aún no materializada, para colaborar en la lucha contra el sida en el Caribe. Esta enfermedad constituye una verdadera pandemia en la región –la segunda más afectada del mundo, después del África subsahariana, con más de 500.000 personas enfermas o portadores del VIH. Concretamente, Cuba brindó su disposición de crear centros encargados de formar especialistas en el tratamiento de los enfermos en las naciones de la Caricom y ofreció becas de nivel medio y superior para profesionales caribeños relacionados con el tratamiento a esta enfermedad, así como su voluntad de suministrar medicamentos y tecnología para paliar y diagnosticar el VIH.
En materia de salud pública, Cuba y Venezuela desarrollan la llamada Operación Milagro, una acción de colaboración médica para devolver la vista a enfermos sin recursos en la subregión, que ya se reconoce paradigma dentro de las acciones de cooperación Sur-Sur. En el caso de la educación, la sistemática formación de profesionales en Cuba y las más recientes campañas masivas de alfabetización con el método cubano Yo sí puedo, también se suman al conjunto de prácticas ejemplares.
Estas acciones han alimentado profundamente las corrientes de simpatía de los pueblos y gobiernos del Caribe hacia Cuba, y han contribuido a consolidar los principios de solidaridad y amistad como base para una sólida colaboración y unión entre los países caribeños, lo que ha hecho crecer, cada día más, el prestigio de la isla en la región.
De cara a nuevos desafíos
A 34 años del establecimiento de las relaciones de Cuba con las naciones de la región caribeña, el gobierno de la Mayor de las Antillas percibe que esas relaciones son una muestra madura y fehaciente de vínculos entre naciones en desarrollo. También reconoce y estima el nivel de independencia y acción concertada que caracteriza a sus más pequeñas naciones hermanas en la zona.
Podemos afirmar que, en la proyección estratégica de su política exterior, Cuba continuará trabajando de manera intensa por la consolidación de sus relaciones con el área, no sólo con los países integrados en la Caricom , sino también aquellos incluidos en la región denominada como Gran Caribe.
En un artículo aparecido en la revista Bohemia , el 8 de diciembre de 2006, el periodista Damián Alín señalaba que “los pensamientos de Nicolás Guillén nunca pudieron ser más premonitorios cuando planteó que algún día los caribeños, colonizados por distintas potencias europeas y herederos de disímiles lenguas y costumbres, sabríamos superar barreras y buscar los cimientos comunes para otorgarles la más absoluta prioridad”.
Al recuperar esa visión del poeta nacional cubano, y caribeño por excelencia, reconocemos los retos que enfrenta la proyección externa cubana hacia el área. En el contexto actual, encontrar un espacio para el Caribe en los planes de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), si bien es una acción priorizada, no está exenta de complejidad, atendiendo especialmente a la visión que de Venezuela han tenido, históricamente, muchos países caribeños.
Esta cuestión determinará cierta gradualidad en el proceso de incorporación de dichos países al ALBA, esquema de integración que quizás nunca pueda incluir al bloque caribeño en su conjunto, pues la mayoría de los países del Caricom encuentran en el ALCA o en sus tratados, los denominados “ALCA-lights”, alternativas viables. Así tenemos que, hasta la fecha, sólo han tomado la iniciativa de acercarse al ALBA, Dominica, seguida por San Vicente y las Granadinas, y Antigua y Barbuda. Por otra parte, esta propuesta de integración, impulsada por Venezuela y Cuba, es cuestionada por Trinidad & Tobago y Barbados 8.
El debate de esta problemática y cómo los Estados Unidos y otras potencias europeas tratarán de explotarla en función de sus propios intereses, será seguida por los politólogos y economistas interesados en el tema. De manera especial habría que analizar y reflexionar sobre las iniciativas venezolanas y su receptividad en la región caribeña.
En esa línea de pensamiento, puede resultar interesante indagar en los encuentros y desencuentros derivados de esas reuniones. Debemos considerar cuidadosamente la reunión de Chávez, en junio de 2006 en Caracas, con representantes de toda la Caricom , y mucho más recientemente, el pasado 17 de febrero, la firma por parte de los Primeros Ministros de Antigua y Barbuda, San Vicente y las Granadinas y Dominica, Baldwin Spencer, Ralph Gonsalves y Roosevelt Skerrit, con el Presidente Chávez, de un Memorando de Intención para una ulterior integración de esos tres pequeños países caribeños al ALBA. Igualmente habría que considerar otros pasos, como la visita a La Habana , en marzo, del primer ministro de Saint Kitts y Nevis, Denzil Douglas, quien justamente llegaba de Venezuela, donde había analizado la creación de empresas con países latinoamericanos y del Caribe, y los más recientes viajes del presidente Chávez a Jamaica y Haití.
Así las cosas, se presenta un interesante escenario para la proyección externa cubana en el Caribe, región por la cual el presidente Fidel Castro manifiesta una especial admiración. Así lo demuestran sus palabras pronunciadas en la II Cumbre Cuba–CARICOM, en Bridgetown, cuando señaló: “sentimos cada vez más cariño, más amor, por los pueblos de estas islas y sus excelentes líderes…son ejemplos para este hemisferio y para el mundo”.
La región caribeña continuará siendo un área de especial atención para Cuba, ahora con el nada fácil objetivo de concretar “una unidad caribeña de nuevo tipo”, propósito que recibe la amenaza de las presiones de Washington, desde donde se articula una ofensiva hacia el área con el fin de dividir y dominar el Caribe.
Notas:
1-. El Caribe al que me referiré en este artículo comprende el conjunto de países insulares ubicados en el mar del mismo nombre, más Belice, Guyana, Surinam y Cayena. Son un grupo de naciones con marcadas diferencias, determinadas por sus respectivas características geográfico-poblacionales, las metrópolis coloniales que se repartieron esta parte del mundo y por la evolución socioeconómica propia de cada nación en el presente siglo. Este conjunto abarca a naciones con una gran diversidad étnica e idiomática; colonias y países independientes; territorios con diferentes regímenes político-económicos y formas de organización política; con diversos grados de desarrollo, potencialidades económicas y extensiones geográficas.
2-. Para un análisis integral del origen y evolución de la política exterior de Cuba hacia el Caribe en el período de 1959 a 1989, consúltese El Caribe en la política exterior de Cuba. Balance de treinta años. 1991, Ediciones Cipros, de Gerardo González Núñez.
3-. Para encontrar un análisis abarcador de estos procesos véase Andrés Serbín, Etnicidad, clase y nación en la cultura política del Caribe de habla inglesa, 1987.
4-. Anthony Bryan: Cuba ‘s impact in the Caribbean , en International Journal No. 11, 1985.
5-. Luego de un período de aislamiento, el 8 de diciembre de 1972, Jamaica, Guyana, Barbados y Trinidad Tobago restablecen relaciones diplomáticas con Cuba.
6-. Un interesante y exhaustivo análisis del interés venezolano por el Caribe puede encontrarse en Andrés Serbín: Venezuela ante el Caribe de habla inglesa: categorizaciones y contrastes cognitivos, ILDIS-AVECA, Caracas 1987; Venezuela y las relaciones internacionales en la Cuenca del Caribe, ILDIS-AVECA, Caracas 1987.
7-. Andres Serbín: “Cuando la limosna es grande”. Revista Nueva Sociedad, No. 205.
8-. Tal es el caso de una iniciativa tan provechosa como Petrocaribe, lanzada el 29 de junio de 2005, en una reunión en la que estuvieron presentes varios líderes de la región, incluido el presidente cubano Fidel Castro Ruz y su par dominicano Leonel Fernández, además de los primeros ministros Patrick Manning (Trinidad y Tobago), Keith Michel (Granada), y Percival Patterson (Jamaica), junto a autoridades de Surinam, Antigua y Barbuda, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, Belice, Bahamas, San Vicente y las Granadinas, Barbados, Guyana y Dominica. En esa ocasión, todos los países suscribieron el acuerdo, excepto Trinidad y Tobago y Barbados. Al expresar sus reservas, ambos países –productores de petróleo– consideraron que Petrocaribe podía afectar su propio acuerdo energético con los restantes países de la Caricom.
Enfoques 08, abril de 2007
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