Movimiento Slow Food en Cuba: 30 años y contando

La isla caribeña tiene muchas potencialidades para mejorar su producción de alimentos a partir de bases agroecológicas y sustentables.

slow food en cuba

Durante las actividades del recién concluido Mercado de la Tierra en La Habana, 2020. En 2004, directivos de Slow Food visitaron Cuba por primera vez y conocieron de proyectos muy coincidentes con la filosofía del movimiento.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

La Habana, 25 ene.- Cada vez más cubanas y cubanos se identifican con los principios de la agroecología y las producciones orgánicas, un cambio en los comportamientos del consumo de alimentos al cual ha contribuido el trabajo del movimiento Slow Food.

Fundado en Roma en diciembre de 1989, esta iniciativa internacional nació como alternativa a la expansión global de los puestos de comida rápida o Fast Food.

Integra una red mundial que agrupa a millones de personas en comunidades de más de 160 naciones, empeñadas en proteger la biodiversidad alimentaria, crear vínculos entre productores y consumidores y llamar la atención sobre asuntos urgentes que afectan el sistema alimentario global.

En diciembre último, un grupo de productores y ciudadanos celebraron el aniversario 30 de este movimiento mediante diferentes actividades en la isla, como la novena edición del Mercado de la Tierra.

Dicha iniciativa ocurre desde 2017 con frecuencia trimestral en la finca Vista Hermosa, perteneciente a la cooperativa de créditos y servicios Emiliano Montes de Oca de Bacuranao, en el habanero municipio de Guanabacoa.

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Uno de los principales proyectos que impulsa Slow Food en la isla caribeña es el Arca del Gusto, proyecto voluntario que cataloga y describe productos cubanos alimenticios amenazados desde el punto de vista cultural y biológico.

Foto: Tomada de www.slowfood.com/

Como es habitual, concurrieron a ese espacio cientos de personas interesadas en adquirir alimentos obtenidos sin químicos, así como productos de fabricación artesanal como jabones, velas, panes integrales y sin levadura, quesos, embutidos, mieles y muebles.

La Redacción IPS Cuba conversó allí con la ingeniera en alimentos Madelaine Vázquez, vicepresidenta del Movimiento de Alimentación Sostenible (MAS), adscrito a la no gubernamental Sociedad Cubana para la Promoción de las Fuentes Renovables de Energía y Respeto Ambiental (CubaSolar), para conocer detalles sobre el trabajo del movimiento Slow Food en este país caribeño de 11,2 millones de habitantes.

“En 2004, un grupo de directivos de Slow Food visitó Cuba por primera vez y conocieron de proyectos muy coincidentes con la filosofía del movimiento. Quedaron impresionados con iniciativas de producción de alimentos mucho más sostenibles que las existentes antes de la etapa de crisis económica que persiste desde 1991, denominada Periodo Especial”, recordó la funcionaria.

REDACCIÓN IPS CUBA (IPS CUBA): ¿Cuántas personas integran el movimiento en Cuba?

MADELAINE VÁZQUEZ (MV): Como integrantes de Slow Food, tenemos cerca de 200, aunque colaboran muchos activistas que nos ayudan. Se incluyen las y los integrantes de las denominadas fincas Slow, que cultivan y se autoabastecen de alimentos orgánicos, no hay maltrato animal, utilizan técnicas agroecológicas y mantienen un ciclo cerrado de producción.

En el país hay cuatro fincas de este tipo: Vista Hermosa, Finca del Medio (Sancti Spíritus), La China (La Lisa) y El Rosal (San Miguel del Padrón). Están integradas también a un movimiento de fincas Slow en Latinoamérica con valores añadidos, como efectuar actividades educativas con niñas, niños, adolescentes y ancianos, así como incorporar a grupos vulnerables en su quehacer, además de brindar ayudas.

De manera general, el movimiento Slow Food trabaja de manera estrecha con el MAS, constituido a finales de 2018, y Cubasolar, la cual acompaña este proceso en aras de que el movimiento crezca en cuanto a proyecciones.

IPS CUBA: ¿Qué líneas fundamentales guían las acciones del movimiento en Cuba?

MV: Se basa en los mismos principios del movimiento internacional. Se insiste en que los alimentos sean buenos, limpios y justos. Bueno se refiere a que sean agradables al paladar, pero también a que contengan una historia vinculada a las familias que los producen y procesos socioculturales e históricos de las localidades.

Lo limpio obedece a su obtención orgánica, a partir de la agroecología y la permacultura, sin daños al medioambiente. Implica no usar fertilizantes químicos, mantenerse alejado del uso de organismos genéticamente modificados o productos transgénicos, y evitar manipulaciones de la agroindustria que disminuyan sus propiedades.

Asimismo, deben propiciarse precios justos para consumidores y productores, pues estos últimos, por lo general, son los que menos ganan con respecto a los dividendos que suelen obtener los intermediarios. Que sea solidario es otra de las metas.

IPS CUBA: ¿Cuáles son los principales proyectos hacia los cuales dirige esfuerzos?

MV: Tenemos varias líneas de trabajo como el propio Mercado de la Tierra, la Alianza de Cocineros y el Arca del Gusto, este último un proyecto voluntario que cataloga y describe productos cubanos alimenticios amenazados desde el punto de vista cultural y biológico.

En el caso cubano, tenemos 41 productos identificados entre alimentos, razas animales y productos manufacturados como el queso Nabacoa, el cerdo negro criollo, la gallina Cubalaya, el caimito, el canistel, el conejo pardo criollo, el anón rojo, el casabe, las bolas de cacao de Baracoa y el tetí, un pececillo que desova en la bahía de dicha urbe del oriente cubano, entre otros.

El objetivo es integrarlos a una especie de arca internacional para su protección y preservación para las generaciones futuras.

IPS CUBA: ¿Mantiene alianzas con instituciones?

MV: Con entidades como la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales, la Asociación Cubana de Producción Animal, el Grupo de Jóvenes Agroecólogos, la Asociación Culinaria de Cuba, Cubasolar, Estación de Pastos y Forrajes Indio Hatue y la Facultad de Farmacia y Alimentos () de la Universidad de La Habana, entre otros.

Tratamos de establecer sinergias con personas y proyectos con temas culturales y medioambientales afines, como el Grupo del Festival de la Tierra, con el cual efectuamos actividades sobre alimentación sostenible en la Quinta de los Molinos.

También nos vinculamos con el proyecto Embajada Rebirth Tercer Paraíso, elaboradores y cocineros defensores de las tradiciones culinarias, con productores de casabe como el ingeniero Yoel Fontaine, al igual que con un grupo de panaderos que hacen panes, galletas y dulces integrales, a la manera Slow, sin aditivos ni productos dañinos.

 IPS CUBA: ¿Cuáles son los principales desafíos de Slow Food en la isla?

MV: Apoyar los esfuerzos para que Cuba alcance la soberanía y seguridad alimentaria, propiciar sistemas km 0 (eliminar distancias entre productores y consumidores), darle nombre al alimento que se produce y vende en nuestros mercados, porque detrás de ellos hay una finca y un productor, que la presentación al cliente sea limpia y transmita un mensaje.

En estos momentos, Slow Food trabaja en crear comunidades o grupos más pequeños, en aras de hacer más horizontal el movimiento, de hacerlo más inclusivo y participativo, que todos puedan tener voz, pero a la vez, defender la biodiversidad que está tan amenazada.

Tenemos un mensaje que dar: hay que pensar lo que se come. Cuba tiene muchas potencialidades para mejorar su producción de alimentos; hacer diferenciaciones dentro de los mercados para que los clientes puedan saber lo que adquieren, si tienen químicos o no los productos.

IPS CUBA: ¿Puede hablarse de un crecimiento de la conciencia agroecológica en Cuba y de la filosofía de Slow Food?

MV: Hay muchas personas defendiendo al movimiento agroecológico, y poco a poco están ganando espacio y reconocimiento. Debemos cambiar mentalidades y el paradigma, demostrar que la agroecología sí puede dar la respuesta para la producción de alimentos, no solo en Cuba, sino también en el mundo.

Los agroecólogos son, en mi opinión, los actores clave dentro del movimiento de alimentación sostenible y debemos beber de sus experiencias y apoyarlos, porque están guiando proyectos interesantes con la ayuda de la colaboración internacional, beneficiosos para el país.

No obstante, todavía hace falta mucha educación ambiental y nutricional, porque las personas no tienen claro que cuando no se come sano, incide en la salud. Debe apoyarse aún más la agricultura familiar, facilitar al campesino los insumos necesarios para que florezca una agricultura sustentable que no degrade los suelos.

Lo anterior debe ir acompañado de políticas públicas. Si no involucras a los sujetos decisores no hacemos nada.

Del 4 al 8 de mayo sesionará en Cayo Coco, en la central provincia de Ciego de Ávila, la XIV edición del Taller Internacional Cubasolar 2020. Contará con una mesa de trabajo sobre este movimiento. Será una manera de intercambiar sobre las fortalezas en nuestro país, asumiendo las bondades y enseñanzas de otras personas. (2020)

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