Decreto 373: La película

El autor ofrece su particular visión como realizador sobre el Decreto-Ley 373 para el cine independiente cubano.

Foto: Jorge Luis Baños/ IPS

Yo no quería escribir sobre el decreto, pero resulta que ahora me persigue hasta en sueños. Es un tráiler que has visto muchas veces de una película que todos te cuentan. No te animas a empezarla. La dejas guardada para un buen momento. Pues el momento es este.

EXT. AUTOPISTA. NOCHE.

Mi productora y yo atravesamos la autopista en un auto desvencijado. La luna llena ilumina un paraje boscoso. El auto choca con algo que no definimos. Una goma se poncha. Mientras yo intento encontrar cobertura, mi productora se bate para cambiar el neumático. Uno de mis dedos se pincha con una espina de marabú.

De repente, como un aguijonazo, siento la transformación.

Mis extremidades se contraen. Mi respiración se acelera. Mis sentidos se trastocan.

Mi productora se incorpora y lanza un grito. Ahí estoy yo. Convertido.

En creador cinematográfico independiente.

CORTE A:

INT. CINE. NOCHE.

Mi productora y yo estamos, en realidad, sentados frente a la pantalla. Todo lo que vimos antes es parte de la película. Asustado, agarro el brazo de mi productora y le hago una seña para que nos vayamos. Se acerca a mi oído.

ELLA

Es sólo un decreto.

El Decreto-Ley 373 es como el videoclip Thriller de Michael Jackson, pero la versión de bajo presupuesto. Es la película que nos asusta como si la realidad no fuera aún más escalofriante. La ilusión de cambio que maquilla la misma cepa de inmovilidad. Nuestra vida se divide en un antes y un después del decreto. Tememos lo que pueda pasar, como si los zombis que nos esperan a la salida del cine no estuvieran ahí desde hace tiempo. Como si el futuro de nuestro cine dependiera de algo que se puede decretar.

¿De qué hablamos cuando hablamos del decreto?

Según el Decreto Ley 373 del creador audiovisual y cinematográfico independiente, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) “es la entidad rectora de la actividad audiovisual y cinematográfica, para ello fomenta y controla la producción, distribución, exhibición, promoción, comercialización y conservación del cine, en estrecha relación con los creadores audiovisuales y cinematográficos independientes; atendiendo a criterios artísticos enmarcados en la tradición cultural cubana y en los fines de la Revolución que la hace posible y garantiza el clima de libertad creadora”.

Aclaremos algo, un malentendido que repta en la neolengua de algunos funcionarios: este decreto no es un favor. Este decreto, paliativo de aquello que realmente se deseaba -una ley de cine en toda regla-, parte de un reclamo sostenido por años, con intensidades y métodos diversos, por la gran mayoría del gremio. Sabemos que se trata de un esfuerzo, aunque no fue tan difícil ignorarlo y postergarlo. Responder a quienes representan es un deber de los ministerios. Nunca un acto de benevolencia.

El decreto propone un registro. Luego, de ser aprobados, se entrega un carnet. El carnet nos reconoce como creadores audiovisuales o cinematográficos independientes. ¿Independientes de qué? Si es la instancia de la que no formamos parte, de la que nos desligamos en busca de autonomía, la que nos define como tal. ¿Qué somos si el ICAIC no nos considera creadores independientes? ¿Qué sucede, no con aquellos que se quedan fuera, sino también con los muchos que no quieren pertenecer?

¿Hay un dentro y fuera del decreto? ¿El de fuera es contra? ¿Es no independiente?

¿Se producirá la coalición de los independientes de carnet?

Aquellos que se registren podrían integrarse en un colectivo. Un colectivo de creación parece, pero no es, un eufemismo de productora independiente. Lo sería si tuviera personalidad jurídica. Por ejemplo, un colectivo puede abrir y gestionar cuentas bancarias, pero solo a través del ICAIC. Solo con la institución de intermediaria. Un colectivo es independiente y operativo en tanto el ICAIC le haga los mandados. Para aspirar a esa libertad debes entregarte.

(A la libertad, por ejemplo, de aplicar al fondo. El fondo es de los registrados, como la calle es de los revolucionarios.)

Me niego a creer que un decreto defina la salud y el futuro de una cinematografía. Me niego a aceptar que una instancia reguladora sea el punto de inflexión hacia un crecimiento, menos todavía cuando no se garantiza ese “clima de libertad creadora”. El decreto, o al menos muchas de las posibilidades que abre, es quizás necesario, pero en tanto mecanismo de subsistencia. La resistencia artística, cultural, la que me interesa, es otra cosa.

¿Cómo se interpreta este decreto en el clima hostil, de censura sostenida, de los últimos años?

¿Cómo mirar a los ojos y creer a quienes han dado la espalda en varias ocasiones a sus creadores, sobre todo a los más jóvenes?

A quienes alientan un cine complaciente y anquilosado.

¿Son esos los “criterios artísticos enmarcados en la tradición cultural cubana”?

¿Haremos mejores películas, ahora que tenemos carnet, ahora que somos creadores?

¿Dice ahí si el fondo fomenta las ideas…todas las ideas?

¿Quién, una vez más, define cuáles son los límites?

¿Quién vigila a los vigilantes?

¿Quién decide a los decisores?

Pensar que algo concluye con el decreto es negar los fundamentos de estos años de lucha. Conformarse con mover un poquito la cerca dice más de uno como artista que aceptar un carnet que lo reconozca. Para resolver, para ir tirando, para respirar una libertad coartada, pero en ocasiones tangible, como pueden sentirse tangibles tantos simulacros, el decreto ley podría resultar un bálsamo.

Un soplo de aire para el que se ahoga, aunque tenga que seguir boqueando. (2020)

2 comentarios

  1. Andrés Dovale Borjas

    La creación cinematográfica no es independiente si tiene que ser aprobada, supervisada y asociada al organismo estatal responsable de la cinematografía estatal. Se pretende con este decreto, suplir la ausencia de una ley que proteja el derecho de los creadores audiovisuales y cinematográficos independientes de realizar, con plena independencia su obra cinematográfica. Lo que todos los creadores cinematográficos reclaman desde hace muchos años es una ley que les reconozca su personalidad como creadores, les garantice sus derechos, les fije las normas éticas y morales que deben cumplir y les garantice la posibilidad de obtener los préstamos bancarios necesarios a su actividad y las posibilidades de acceder con sus materiales a las salas de cine, a los concursos y premios nacionales e internacionales y les viabilice el acceso a los espacios públicos necesarios para poder desarrollar su actividad sin las prohibiciones voluntaristas de los órganos del gobierno locales o nacionales.
    Una posibilidad sería la de autorizar la creación de cooperativas de realizadores cinematográficos, como la de tantas otras actividades culturales que pudieran organizarse, mediante esta forma de producción colectivista que debe ser la característica fundamental de un país que se proclama ante el mundo como «Socialista».

  2. Andrés Dovale Borjas

    Comentario en IPS sobre el decreto 373 que regula la actividad de la creación cinematográfica. 7 11 2020
    La creación cinematográfica no es independiente si tiene que ser aprobada, supervisada y asociada al organismo estatal responsable de la cinematografía estatal. Se pretende con este decreto, suplir la ausencia de una ley que proteja el derecho de los creadores audiovisuales y cinematográficos independientes de realizar, con plena independencia su obra cinematográfica. Lo que todos los creadores cinematográficos reclaman desde hace muchos años es una ley que les reconozca su personalidad como creadores, les garantice sus derechos, les fije las normas éticas y morales que deben cumplir y les garantice la posibilidad de obtener los préstamos bancarios necesarios a su actividad y las posibilidades de acceder con sus materiales a las salas de cine, a los concursos y premios nacionales e internacionales y les viabilice el acceso a los espacios públicos necesarios para poder desarrollar su actividad sin las prohibiciones voluntaristas de los órganos del gobierno locales o nacionales.
    Una posibilidad sería la de autorizar la creación de cooperativas de realizadores cinematográficos, como la de tantas otras actividades culturales que pudieran organizarse, mediante esta forma de producción colectivista que debe ser la característica fundamental de un país que se proclama ante el mundo como «Socialista».

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