Héctor Veitía: “Curiosidad, iniciativa y libertad” *

Hay documentalistas que, desde hace tiempo, pueden ser llamados cineastas, y cuyas aproximaciones a artistas de renombre rebasan los intereses de hacer simples retratos.

Sobre el documental cubano acerca de pintores, escultores y grabadores se ha escrito poco. Así ha ocurrido también con el de escritores que, aunque se filmaron algunos desde los años sesenta hasta esta fecha, existen materiales que parecen quedarse en el método de la entrevista y en las soluciones visuales mediante imágenes de archivos y fotos fijas, más el añadido de la voz en off. Sin embargo, hay documentalistas −que desde hace tiempo pueden ser llamados cineastas− cuyas aproximaciones rebasan los intereses de los simples portraits, pues no se han conformado con captar presencias notables, sino que han querido testificar otras imágenes del protagonista, a través de sus criterios sobre su persona y obra. Uno de ellos es el maestro Héctor Veitía (Caibarién, 1939).


Ediciones Unión: Para leer en el verano

La directora de Ediciones Unión, sello editorial cubano que publica, entre otros autores destacados a Leonardo Padura nos ofrece un panorama de lo que se podrá leer en esta etapa estival.

La literatura es parte de las propuestas culturales que ofrecen las instituciones cubanas al programa del verano. En medio de la pandemia que afecta al Universo, Cuba ha querido potenciar las vías digitales para que el público no pierda las opciones que antes tenía por la vía presencial.


Eliseo teje una calle y un taller con el mismo hilo

El poeta cubano cumple cien años.

Las razones por las que preferimos a unos escritores sobre otros, más que a conjeturas estrictamente literarias, hay que buscarlas en esa zona de la conciencia donde se alojan nuestros gustos esenciales, los que reconocemos por la conexión con nuestro ser; porque esos autores nos han regocijado como nadie al referirse a determinados temas y asuntos que nos son muy cercanos, entrañables.


Adú: niño africano a la vista

No son muchas las películas que, como Adú, están dedicadas a denunciar el fenómeno de la emigración de niños en África.

Hasta hoy me parece una actuación no superada en el cine la de Mohsen Ramezani, interpretando a un niño ciego de ocho años, en el filme iraní El color del paraíso (Mayid Mayidí, 1999). Nunca más he vuelto a saber de él. También me impresionó, siendo yo una niña, Ana Torrent en Cría cuervos (Carlos Saura, 1976) y, más cerca en el tiempo, Annika Wedderkopp en La caza (Thomas Vinterberg, 2012).


Share