La obra de Juan Padrón merece otro acercamiento crítico en Altercine. En este caso, dedicado a una de sus obras más excepcionales.
La singularidad del dibujo animado ¡Viva Papi!, dentro de la obra de Juan Padrón, no reside en una ruptura con varios de sus principales distintivos, como la llaneza visual y la caricaturización, a veces grotesca, a veces aniñada, de sus personajes; signos ineluctablemente maridados con la comicidad, tanto en sus variantes “negras” e irónicas, como en sus más inocentes gags. Todo lo contrario, esta obra de inicios de la pasada década de los ochentas, no escapa a tales postulados estilísticos, sino que descolla precisamente por redimensionarlos y sublimarlos desde una inusual experimentación (sobre todo) con la figuración, el color y la puesta en escena.
El día 25 de agosto, en pleno verano europeo, llega a las librerías españolas la más reciente y esperada novela de Leonardo Padura, Como polvo en el viento.
En tiempos y circunstancias normales este evento habría contado con la presencia del escritor cubano y de muchos de sus lectores. Pero en tiempos de pandemia y circunstancias excepcionales, un alarmante rebrote de la enfermedad provocada por la covid-19, tanto en Cuba como en España, impidió el viaje de Padura y obligó a reorganizar las agendas en función de las plataformas digitales, devenidas más que nunca herramientas imprescindibles de “la nueva normalidad”.
Una cartografía de la calamidad, así puede calificarse el corto que el brasileño Otávio Almeida realizó como ejercicio académico de pretesis de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de Cuba y ahora participa en los festivales de San Sebastián y Biarritz.
Las ediciones 68 del Festival Internacional de Cine de San Sebastián (en su sección Nest) y 29 del Festival Biarritz Amérique Latin (en su competencia de cortometrajes) acogerán en septiembre la película Los niños lobo (Otávio Almeida, 2019), suerte de sismógrafo fílmico —además de antropológico y psicosocial— que registra y mide con aguda precisión réplicas microhistóricas, íntimas, generacionales, de un terremoto bélico cuyo epicentro se localizó al otro lado del océano Atlántico y a casi medio siglo en el pasado.
Cuando ya el lector pensaba que había vencido la ansiedad de la cuarentena, con la ayuda de ocho novelas de Leonardo Padura pertenecientes a la saga de Mario Conde, aparece una nueva cuarentena, otro tiempo de confinamiento que genera nuevos capítulos de ansiedad y la demanda de seguir leyendo.