Sigfredo Ariel: la eterna claridad

Este julio Cuba perdió a una de las más importantes figuras de la literatura y la musicografía. En esta crónica se habla de un gran poeta y un excelente ser humano.

En sus poemas lo anecdótico no sustituía a lo poético esencial.

Foto: Tomada de Telesur

Sigfredo Ariel era un poeta y un ser luminoso. Vivía en un eterno verano y su poesía era una muestra de esa necesidad de sacar a la luz los aspectos de una cubanía que, a su modo singular, nos traía de la mano de la música y del lenguaje más coloquial a pesar de la identificable y culta elaboración de su lenguaje.

Él nos queda en el sentido de su vida que fue su obra aunque su intensa vitalidad no le permitiera nunca ser un poeta de gabinete y disfrutara del presente como si supiera que su estancia en el aquí y el ahora no duraría demasiado. Me consuela pensar que disfrutó con intensidad de su vida y fue consecuente con sus ansias de experimentar todo lo que fuera posible. Así lo hizo y nunca se arrepintió.

Su poesía se caracterizó por la utilización de un lenguaje que se afianzaba en la oralidad de lo cubano y que se acercaba, sobre todo en sus últimos libros, al coloquialismo sin ser excesivamente conversacional.

Fue un testigo de excepción de su tiempo. Con agudeza y sarcasmo hablaba de lo que sucedía a su alrededor en poemas donde lo anecdótico no sustituía a lo poético esencial.

El poeta fue un testigo de excepción de su tiempo.

Retratos musicales, citas intertextuales y una sonoridad peculiar en el momento de partir los versos y dinamitar los tópicos característicos de la cubanidad, fueron utilizados con precisión y economía de medios en una obra que no se parece a la de ninguno de sus contemporáneos.

Me cuesta hablar de su poesía en un momento en que los recuerdos de nuestra complicidad se superponen a esa obra monumental que nos dejó y que el tiempo engrandecerá, si fuera posible olvidar su culto a la amistad, su manera de mostrársenos sin poses y con modestia como si no supiera el gran poeta que era.

Todavía me cuesta trabajo escribir sobre él. A cada intento me parece estarlo viendo, ético y burlón al mismo tiempo, en una de nuestras habituales reuniones en la terraza de Diana.

Para Sigfredo este eterno verano lleno de luz y transparencia. Así quedará junto a nosotros, con esa luz que nada ni nadie podrá apagar y mucho menos relegar al olvido.

Del autor y su obra

Nació en 1962, en la ciudad de Santa Clara, actual provincia de Villa Clara.

Participó como asesor en la película Buena Vista Social Club, (1998) del realizador alemán Wim Wenders.

Quienes lo conocieron aseguran que fue un melómano empedernido y esta cualidad la supo expresar al involucrarse en la producción de discos de música tradicional y popular cubana.

Sus poemas han sido traducidos al inglés, alemán, ruso, italiano y francés. Aparece en numerosas muestras y antologías de la poesía cubana contemporánea.

Entre sus libros destacan:

Algunos pocos conocidos (Ediciones Unión, 1987) Premio David, 1986.

El enorme verano (Editorial Abril, 1995) Premio Pinos Nuevos.

El cielo imaginario (Ediciones Vigía, Matanzas,1996).

Las primeras itálicas (Miguel Gómez Editores, Málaga, España, 1997).

Hotel Central (Ediciones Unión, 1998) Premio UNEAC Julián del Casal de Poesía 1997.

Los peces y La vida tropical (Editorial Letras Cubanas, 2000).

Manos de obra (Editorial Letras Cubanas, 2002) Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, 2002.

Born in Santa Clara (Ediciones Unión, 2006 y 2007) Premio UNEAC de Poesía Julián del Casal 2005, y Premio Nacional de la Crítica 2006.

Cielo imaginario (2008).

Un comentario

  1. Rubén Bello

    Distinguida Marilyn Bobes. Para nosotros que no alcanzamos el placer de la cercanía física de Sigfredo Ariel, nos puedes relatar el triste acontecimiento de su prematura partida de este mundo injusto. Qué maldad se atravesó en su camino?

    Gracias, suyo Dr. Bello.

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