A 60 años del llamado contra la discriminación racial en Cuba

A propósito de dos conmemoraciones, nuevas miradas a un problema social que es histórico y actual.

Gisela Arandia: Los estudios sociales han mostrado que la deconstrucción del racismo y la discriminación racial no desaparecen de modo espontáneo.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El mes de marzo ha sido un momento de coincidencias históricas que se relacionan con la lucha contra la discriminación racial. Algunas son más conocidas que otras, pero todas invitan a revisar este problema en la actualidad cubana, sin olvidar sus causas históricas.

La impronta global de marzo adquiere impacto mundial el día 21, cuando se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Una fecha promovida por Naciones Unidas para rendir tributo a las 69 personas asesinadas en 1960, en la ciudad sudafricana de Sharpeville, mientras realizaban una manifestación pacífica contra las leyes del apartheid. A partir de los años 2000, en Cuba la fecha ha sido recordada por grupos sociales, artistas, intelectuales y también medios de comunicación.

Otro día señalado –de carácter local, pero clave a la hora de analizar las desigualdades racialesen el país– resulta el 25 de marzo, cuando se conmemoran 60 años del llamamiento de Fidel Castro (1926-2016) para eliminar la discriminación racial en el país, que cuenta en la actualidad con 11,2 millones de habitantes.

También es un mes que recuerda el liderazgo de personas de origen africano en Cuba, que tuvo como figura paradigmática a Antonio Maceo (1845-1896). Este general realizó la acción militar más importante de las guerras por la independencia, la campaña de oriente a occidente, y protagonizó la protesta de Baraguá. Fue el 15 de marzo de 1878 cuando Maceo rechazó paralizar la lucha armada, un hecho conocido como el Pacto del Zanjón, una acción política que planteaba claramente independencia o muerte frente a la ocupación colonial española.

Hoy

La discriminación racial es un conflicto al cual Cuba tampoco ha podido escapar, pese a los logros sociales obtenidos con la llegada de la Revolución de 1959. La nación, heredera de una tradición libertaria y pese a contar con una sociedad politizada, continúa padeciendo comportamientos discriminatorios hacia personas no blancas. Datos empíricos aseguran que las personas de origen africano representan aproximadamente la mitad de todos los habitantes del país, de 11,2 millones, aunque el censo ofrezca otras cifras.

Se trata de un conflicto de falta de consenso al inicio del proyecto revolucionario, pero que ha permanecido en cierto modo abandonado hasta la actualidad, debido a diversas causas, entre ellas: la falta de un discurso público que contribuya a transformar la conciencia social acerca del asunto que acarrea implicaciones comprometedoras con el proyecto mismo.

Los estudios sociales han mostrado que la deconstrucción del racismo y la discriminación racial no desaparecen de modo espontáneo y exigen a priori de prácticas sociales, entre ellas del discurso público y políticas públicas específicas, incluido un programa de comunicación social que aborde el tema directamente. Desde una perspectiva futura y por el avance obtenido en materia de equidad social, cabría a Cuba tener la posibilidad de convertirse en iniciador de un proyecto para la eliminación de la discriminación racial, un conflicto de carácter planetario.

Con una agenda que exhibe avances sociales universalistas, la nación caribeña podría abordar una propuesta antirracista, debido a la experiencia institucional acumulada en el desmontaje de otras discriminaciones, y contribuir de ese modo a crear un modelo de sociedad que aborde de manera explícita la discriminación racial como un tema más de su agenda. Pero, para alcanzar ese paso trascendente e inseparable de la justicia social, tendría antes que desembarazarse de ciertos mitos negativos, entre ellos del llamado“miedo al negro”, que no ha desaparecido totalmente de la memoria colectiva, a partir de ideas establecidas desde el siglo XVI, con la instauración del sistema colonial y la consolidación del capitalismo.

De ahí que cualquier propuesta para la eliminación de la discriminación racial exija de un enfoque ideológico capaz de explicar la génesis y evolución de este conflicto, no como un tópico más. Se trata de un asunto específico de extraordinaria complejidad, en el cual la discriminación racial se presenta adjunta, de un modo u otro, a las diferentes dimensiones de la nación cubana, que incluye una herencia de exclusión asentada en un imaginario social que ha llegado hasta la actualidad.

El análisis de la epistemología del racismo y su corolario, la discriminación racial, están anclados en contextos que implican un ejercicio de reflexión y conocimiento que trasciende a perspectivas coyunturales por su incidencia política. Es imprescindible reconocer que se trata de un fenómeno geopolítico que, por su carácter global, forma parte de una arquitectura social mundial, donde interactúan conectadas otras discriminaciones impuestas y promovidas por las matrices de dominación, para preservar su hegemonía mundial.

Junto a las dificultades históricas, aparecen los desafíos presentes, en los cuales la discriminación racial se mantiene sin el reconocimiento y visibilidad requeridos, en cierto modo ajena a la esencia del proyecto social, a pesar del vínculo inseparable de la población de origen africano con la construcción de la nación cubana.

Es evidente que la racialidad quedó desprotegida del rango político que le correspondía como parte de la defensa misma de la Revolución. Ese vacío epistémico ha tenido consecuenciasdesfavorables,particularmente a partir de los primeros años de la pasada década de los noventa, cuando las desigualdades raciales mostraron una imagen hasta ese momento prácticamente inédita. Las personas afrodescendientes cubanas han obtenido ventajas universalistas relativas a la igualdad social, de las cuales carecen múltiples países, pero su estatus económico y social es marcadamente desigual.

No cabe dudas de que el país exhibe avances sociales, como la existencia de más del 66 por ciento de profesionales mujeres, políticas sobre sexualidad, para personas con otras capacidades, referidas a la religiosidad, la longevidad, la ciencia, la cultura, el deporte y también la evolución de una conciencia de solidaridad que pocas naciones ostentan.

Por ello, una propuesta cubana para la eliminación de la discriminación racial deberá involucrar a toda la sociedad, más allá del fenotipo identitario, relacionada de modo inseparable de la esencia misma de la revolución. Un conflicto que debe lidiar con estructuras culturales afianzadas en una mentalidad que no se ha desprendido totalmente de ideas colonizadoras que avanzan a campo travieso, tanto en la perspectiva del pensamiento consciente como del inconsciente, lo que constituye un impedimento para alcanzar esa necesaria transformación social.

Llamado revolucionario

A solo dos meses del triunfo de 1959, el líder revolucionario Fidel Castro propuso, en un discursoel 23 de marzo –y que por su impacto aclaró en una comparecencia televisa el 25 de marzo de ese año–, combatir lo que él definió como una de las mayores injusticias sociales. Su enfoque estaba relacionado con la herencia colonialista. También asumió la necesidad de apoyar a los pueblos africanos en su proceso de liberación, como una retribución histórica. Para quienes piensan que hablar de racismo y discriminación racial no forma parte del legado de Fidel, habría que decir con tristeza que no comprendieron su propuesta inicial participativa:

El problema de la discriminación racial es, desgraciadamente, uno de los problemas más complejos y más difíciles de los que la Revolución tiene que abordar. […] Quizás el más difícil de todos los problemas que tenemos delante, quizás la más difícil de todas las injusticias de las que han existido en nuestro medio ambiente […] Hay gente muy humilde que también discrimina, hay obreros que también padecen de los mismos prejuicios de que pueda padecer cualquier señorito adinerado.[…]Porque si aquí los que hubieran protestado de que yo abordara el problema de la discriminación, hubiesen sido los mismos que tienen latifundios, que tienen rentas, aquellos a quienes las leyes de la Revolución hubiesen perjudicado, tendría una lógica; pero lo absurdo, lo que debe obligar al pueblo a meditar, es que haya levantado ronchas entre gente que ni tiene latifundios, ni tiene rentas, ni tiene nada, que no tiene más que prejuicios en la cabeza. Y eso es realmente lo doloroso[1].

 

Ver más en nuestro especial:

¿Qué dijo Fidel Castro en sus discursos?

 

El hecho de que su convocatoria no contara con el consenso requerido en aquel momento posee una perfecta lógica política, si se tiene en cuenta el carácter discriminatorio hacia la población de origen africano que caracterizó al país antes de 1959.  La Revolución no había cumplido siquiera sus 100 primeros días de establecida, por tanto, que su propuesta no fueradel todo aceptada no debería condenar el tema al silencio indefinido. La defensa de la Revolución en el plano de la racialidad debe y tiene que ser parte de las actuales propuestas emancipatorias, junto a la implementación del modelo económico, la lucha contra la corrupción y otras para la continuidad de la difícil marcha que comenzó hace seis décadas.

Cuba se encuentra mejor preparada que otras naciones para asumir el proyecto descolonizador de la racialidad y contribuir a la eliminación de la discriminación racial, porque sus presupuestos ideológicos la sitúan en una posición de ventaja social, por el camino ya recorrido, incluido el desarrollo institucional que ha permitido dar pasos hacia una equidad social. Porque la propuesta de Fidel no fue coyuntural, sino que correspondió a una reflexión que él mismo calificó “como asunto complejo, que debía enfrentar la Revolución”.

Considero que, en la actualidad, cuando la Revolución cumple su 60 aniversario, la eliminación de la discriminación racial es una tarea pendiente, que involucra al modelo de justicia social. La dimensión política de la racialidad cubana no puede ser un asunto ajeno al legado político de Fidel Castro, de quien sería oportuno recordar reflexiones más recientes:

Nosotros después de la victoria éramos bastante ignorante acerca de la discriminación racial, porque creíamos que bastaba con establecer una igualdad ante la ley, y eso se aplicaría sin discusión.[…] Cuando hablé por primera vez de eso, se produjo un estado de opinión tremendo, volví hablar, hablé tres veces, de que significaba la lucha contra la discriminación […] Aun en sociedades como la de Cuba, surgida de una revolución social radical […] Los negros viven en peores casas, tiene los trabajos más duros y menos remunerados y reciben entre 5 y 6 veces menos remesas familiares en dólares que sus compatriotas blancos.[…] Porque estamos recogiendo la cosecha de que a los niveles universitarios accedía una proporción menor de jóvenes negros y mestizos. […] Bueno, para nosotros, luchar contra la discriminación racial es un principio sagrado[2].

Las personas afrodescendientes cubanas han obtenido ventajas universalistas relativas a la igualdad social, pero su estatus económico y social es marcadamente desigual.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Como un asunto poco deseado de acuerdo al consenso, la discriminación racial y su base conceptual, el racismo, forman parte de un conflicto mundial que tiende a permanecer generalmente oculto en espacios sociales, por los seres humanos. A pesar de su existencia, las personas prefieren ignorar su presencia para no sentirse comprometidas con un asunto que involucra, de cierto modo, la propia identidad. La discriminación racial trasciende filiaciones políticas, incluso en sociedades que aspiran a crear espacios de equidad. Por tratarse de un asunto que suele ser escamoteado bajo diferentes pretextos, su ingreso al ámbito público representa un desafío gigantesco.

Problema colonial

En Cuba el racismo antinegro estuvo relacionado con el pánico creado por la repercusión de la revolución antiesclavista en Haití. Ese acontecimiento produjo alarma en los estamentos de dominación colonial, ante el derrocamiento –por primera vez en el mundo– de un régimen esclavista, realizado por personas de origen africano, esclavizadas y libres. Un acontecimiento que penetró de manera profunda en las autoridades coloniales y un segmento de criollos cubanos, ante el peligro de una rebelión antiesclavista que pusiera en peligro sus intereses económicos.

Como medida cautelar, las autoridades tomaron la decisión de inaugurar un programa represivo de gran magnitud, que comenzó con el asesinato a José Antonio Aponte en 1812, persona libre y precursor de la ideología independentista cubana, líder creador de una agenda libertaria, quien tuvo la capacidad de organizar una red insurreccional que abarcó a casi todo el país.

En 1844, la llamada Conspiración de la Escalera, en la provincia de Matanzas, fue escenario de asesinatos masivos, para eliminar al incipiente movimiento libertario de personas de origen africano libres, que habían obtenido un determinado estatus económico, y que estaba acompañado de una vanguardia intelectual.

El tercer suceso, ya en la república naciente, dejó claro que el rechazo a la participación politica de personas no blancas mantenía plena vigencia, con el suceso conocido como la masacre de 1912, cuyas ejecuciones sumarias alcanzaron a miles de personas, algunas de ellas asesinadas simplemente por su origen identitario.

Tres momentos que constituyen evidencias de un comportamiento racista, no solo del régimen colonial, sino que abarcó a segmentos de cubanos que ejercían posiciones militares y gubernamentales. El racismo antinegro quedó instalado como un pensamiento que se prolongaría al paso del tiempo y en el cual las personas de origen africano serían consideradas, en ciertas circunstancias, una amenaza al equilibrio de la nación, a partir de un patrón de subjetividades. Fernando Martínez Heredia comentaba al respecto:

En Cuba, las construcciones raciales y sus efectos han impactado en la vida de las personas, han desempeñado papeles sociales muy importantes durante largos períodos históricos y conservan más peso de lo que parece, hasta el día de hoy. Una estrategia antirracista cubana está obligada a conocer las raíces y el movimiento histórico de nuestras construcciones raciales. En nuestro caso, esa historia arroja luz muy fuerte sobre características y matices que inciden en la situación actual y revela potencialidades para emprender actuaciones eficaces. […] “Blanquear a Cuba” fue un grito de alarma primero, para resolver “el problema negro”, y una táctica dentro del paso del capitalismo pleno en la última parte del siglo[3].

En la perspectiva histórica, la dicotomía raza-nación –cual proyecto compartido con el resto de los países latinoamericanas– quedó instalada como un peligro latente de amenaza a la “unidad nacional”, en la que racialidad y nación se presentan como componentes ideológicos antagónicos. Mientras las poblaciones originarias y afrodescendientes carecían del derecho a la ciudadanía, el supuesto peligro de una nación divida como consecuencia de inclusiones identitarias ha servido de impedimento continuado para convertir la discriminación racial en un asunto difícil de abordar.

Repasar el tema implica un acercamiento a la trata esclavista, como la acción de mayor violación conocida a los derechos humanos y por su trascendencia, con una duración de casi cuatro siglos; por la magnitud numérica del secuestro y traslado de más de veinte millones de personas, con uso de la violencia, según datos de la Ruta del Esclavo. Pero el impacto más devastador de la trata esclavista fue la legitimación ideológica del ser africano y sus descendientes como humanamente inferiores.

La discriminación racial es un conflicto del cual Cuba tampoco ha podido escapar, pese a los logros sociales obtenidos con la llegada de la Revolución de 1959.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Conclusiones

La presencia de un discurso crítico permanente en el espacio público de la sociedad cubana constituye un elemento decisivo para proteger y garantizar la buena marcha del proyecto revolucionario en los disímiles escenarios de la vida cotidiana, donde la discriminación racial debe estar incluida.

En la actualidad es importante que, por su connotación ideológica, la crítica a la discriminación racial abandone los espacios de subjetividades y silencios.  Está claro que la argumentación acerca del racismo requiere de un tratamiento capaz de ubicar el tema como parte de un conflicto mundial que no ha sido resuelto todavía, menos aun en Estados Unidos, donde la era pos Obama se ha caracterizado por asesinatos a grupos afroamericanos de manera alarmante, cuyos culpables muchas veces no son juzgados y pocas veces condenados.

Me refiero, justamente, a la necesidad permanente de un discurso crítico que tenga como aspiración primaria la defensa de la Revolución, a partir de errores que afectan a la sociedad en su conjunto, y en particular a los grupos más vulnerables, como es la invisibilización de la discriminación racial. El contexto socio-político actual mantiene la vigencia del obstáculo histórico, según el cual, la asunción pública de un debate sobre la racialidad representa un riesgo para la unidad nacional, cuando en realidad se trata precisamente de lo contrario, porque es en esa conjunción de nuestras identidades donde radica la mayor fortaleza de la unidad nacional.

El desafío ahora está en poder completar la propuesta descolonizadora que permita ampliar la equidad social hacia segmentos de la población afrodescendiente cubana que aún no han podido acceder a los estamentos que les corresponden, por su contribución, desde las guerras por la independencia nacional; por su apoyo a la Revolución como algo suyo, incluida la guerra en África, hasta retos como salud y educación, dentro y fuera del país.

Sesenta años, como tiempo de una mayoría de edad, presupone también la consolidación de un pensamiento que asegure la continuidad del largo y doloroso camino por la emancipación. En este sentido, el legado de Fidel en su temprano análisis sobre la discriminación racial ofrece herramientas políticas que en aquel momento él no pudo completar, como era su voluntad politica, pero en la actualidad existen oportunidades para cumplir esa deuda histórica. (2019)

Notas:

[1]Comparecencia del Comandante en Jefe Fidel Castro en el Canal 12 de televisión. La Habana, 25 de marzo de 1959,  Fidel Castro Ruzhttp://granma.co.cu/secciones/fidel_en_1959/art-048.html
[2]Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, Ed. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado. La Habana, 2006.
[3]Raza y racismo, Ed. Caminos, La Habana, 2009, p. 14-15.

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