Imaginario de género de un grupo universitario: ¿avances o estatismos?
Resultados de cinco días de trabajo con un grupo de jóvenes de la enseñanza universitaria.
Las instituciones educativas pueden ser tanto espacios propiciadores de igualdad de género como reproductores de discriminación, cuya naturalización es uno de los elementos que favorece la longevidad del patriarcado. En Cuba, las leyes y políticas institucionales favorecen el acceso de mujeres y hombres a las universidades, así como su desempeño profesional; pero prevalecen mandatos histórico-culturales que determinan modos distintos de socialización para unas y otros, a partir de lo que se concibe como femenino y masculino.
Los cambios sociales y subjetivos no van a la par con las leyes y políticas implementadas. Luego de trabajar por cinco días con un grupo de jóvenes de la enseñanza universitaria, fue posible develar un imaginario de género que, a la vez que hereda modos tradicionales de concebir las relaciones de género, intenta incorporar ideas innovadoras y busca referentes –inexistentes- que se distancien de lo que se entiende por desigualdades, de ahí que se sometan todo el tiempo a la contradicción y a un modo de concebir la realidad en tensión, típico de la contemporaneidad.
El carácter dicotómico del pensamiento occidental establece el dimorfismo sustentado en el sexo1. Responde a una lógica formal desde la que se comprende la realidad y se organiza la sociedad, en tanto divide a mujeres y hombres desde lo concebido como lo femenino y lo masculino, respectivamente.
Lo masculino, asociado al hombre, descansa en la significación de la virilidad que se sustenta en atributos de fuerza, erección sexual, éxito económico, iniciativa personal, valentía, homofobia. Es un modelo acreditado como superior y hegemónico. Los hechos de la humanidad que se consideran vitales, ratifican estos valores como significación de poder, asegurando el androcentrismo del modelo. De esta forma, la expectativa con respecto a los hombres apunta a ser inteligentes, conocedores, dispuestos siempre sexualmente, controlados emocionalmente y desafectos.
De forma opuesta, a lo femenino –asociado fundamentalmente a la mujer–, se le atribuyen roles de esposa-madre-ama de casa, desde los que se espera que ellas desarrollen cualidades como la sensibilidad, la dulzura, la afectividad, la empatía, que sean expertas en las relaciones interpersonales y maestras de los sentimientos, que contribuyan al cuidado y la educación de todos los seres humanos, al brindar apoyo, confianza y fortalecimiento de la autoestima. El mandato consiste en ser protectoras por excelencia del cuidado higiénico, alimenticio y emocional de la familia, de la descendencia, las parejas y familiares ancianos.
La ocupación como cuidadoras de la humanidad, dadas a los otros y a la felicidad ajena desde su esencia misma, implica mantener una imagen de belleza corporal y espiritual, de ahí la alusión frecuente de las mujeres a las flores, las estrellas, y las exigencias referidas al modo de vestirse, peinarse y lucir. La mujer como objeto de disfrute erótico y sexual para el hombre es uno de los mandatos más inamovibles desde las subjetividades individuales y colectivas.
Hoy las transformaciones reivindicativas que impactan la identidad femenina abarcan desde los aspectos más sociales hasta los más íntimos: la liberación sexual, el erotismo, el disfrute del cuerpo vivido desde el placer y la satisfacción, el divorcio como decisión personal, los proyectos de maternidad valorados a partir de la superación profesional, hay una mayor apertura a las distintas orientaciones sexuales, diversidad de dinámicas amorosas, distintos modelos de unión, nuevas nociones de sexualidad, otras concepciones respecto a la fidelidad o infidelidad, nuevos modelos de maternidad y paternidad, mayor independencia económica, acceso a los espacios del saber y el liderazgo.
Sin embargo, los cambios de la modernidad, aunque favorecen avances, no han devenido equidad fundamentalmente en las esferas de poder, entiéndase: cargos de dirección, ciencia, múltiples puestos de trabajo, e incluso espacios de la vida personal como el acceso a determinadas decisiones, a la capacidad de autonomía. Tanto en el ámbito público como el privado, persisten situaciones de discriminación, diversificadas según el entramado social en el que se encuentren las mujeres2.
La contraposición del espacio público y privado es un fenómeno que marca la subjetividad femenina y que, generalmente, se expresa desde el malestar, ya que implica una demanda de habilidades, concepciones y competencias que resultan contrapuestas entre modos de ser tradicionales e innovadores. El resquebrajamiento de las pautas tradicionales que mantenían marginadas a las mujeres no ha implicado la extinción de las inequidades, sino la permanencia de muchas, junto a la asunción de otras concepciones innovadoras. La psicóloga Lourdes Fernández3 lo confirma al referir la fragmentación subjetiva como consecuencia de un proceso de transición en el cual, pese a las transgresiones, las mujeres siguen perpetuando formas tradicionales de concebir, asumir y asignar la feminidad, la masculinidad, el ser mujer, el ser hombre, la vida familiar, la maternidad y la vida amorosa, sustentadas por la ideología patriarcal.
Lo anterior se ha evidenciado en estudios realizados con mujeres académicas de diversas generaciones y áreas de la ciencia, en quienes coexisten concepciones de género tradicionales e innovadoras. Las mujeres, a la vez que acceden al ámbito académico y se muestran competitivas por sus habilidades y desempeño profesional en el espacio del saber que han tenido que conquistar e históricamente les estuvo vedado, mantienen creencias tradicionales en cuanto a su rol en las familias, lo que favorece la contraposición del espacio público y el espacio privado, fundamentalmente, por la demanda de tiempo, disposición y esfuerzo personal.
Persisten los estereotipos de madres sacrificiales, la valoración de la mujer a partir del orden y cuidado del hogar, y la vida en pareja como única alternativa de felicidad en la vida. Dichas concepciones demandan de las mujeres habilidades y estilos diferentes de comunicación y, en ocasiones, opuestos a las exigencias en el espacio público. Tal es el caso de las que ejercen cargos de dirección o toma de decisiones.
A lo interno de las familias, no vivencian su elección en la vida “relacionada con el ser académicas” como un proyecto familiar, aun cuando las redes de apoyo (a cargo de madres y/o suegras) hayan favorecido de forma permanente su superación profesional. Los reproches de los hijos, la competencia profesional con las parejas, los divorcios y los sentimientos de culpa por ausentarse en determinados momentos de la crianza de los hijos son muestra de ello.
El hecho de que las mujeres accedan por igual a los espacios del saber y compitan de forma igualitaria que los hombres, no asegura que la vida en el ámbito público sea asumida, subjetivamente, igual. Las diferencias en cuanto a la socialización de mujeres y hombres durante toda la vida marca distancias que llevan a la inequidad si no se asumen medidas que atiendan de modo diferenciado la promoción de las mujeres en dichos espacios.
En el desempeño del rol profesional también se manifiestan discriminaciones de forma solapada. Se practica una supuesta protección hacia las mujeres con hijos pequeños en el momento en que se evita proponerlas para cargos o responsabilidades que demanden tiempo extra-laboral. Muchas de ellas perciben, durante su historia profesional, la necesidad de esforzarse para demostrar sus conocimientos y deconstruir las valoraciones hacia su persona como referentes de belleza. Se mantiene una prevalencia de la imagen de las mujeres como objeto sexual dentro del espacio académico.
¿EN MUNDOS DIFERENTES?
A partir de estos presupuestos se decidió trabajar con estudiantes de una carrera de ciencias sociales para conocer el imaginario de género que funciona en las generaciones jóvenes. La investigación no tuvo como objetivo generalizar los resultados, sino profundizar en la comprensión del fenómeno, por lo que se trabajó con un grupo de 18 estudiantes.
Mediante la implementación de cinco talleres de dos horas cada uno y una metodología de grupos operativos, se priorizaron dinámicas vivenciales, interacciones participativas y reflexiones a partir de las experiencias y sentidos de sus participantes. Se tuvo la intención de explorar avances o no en las nuevas generaciones y promover reflexiones que movilizaran la toma de conciencia y la criticidad de las y los estudiantes desde la perspectiva de género, lo que implica un paso inicial para la promoción de una cultura de equidad de género en el grupo seleccionado.
El grupo estuvo constituido por 16 mujeres y dos hombres, representativo de la composición que caracteriza las carreras de ciencias sociales. El análisis del imaginario del grupo se hizo a profundidad, a partir de interpretaciones psicológicas del trabajo grupal, que incluyó tanto contenidos conscientes (manifiestos) e inconscientes (latentes)4.
Es pertinente destacar que cuando se habla del imaginario del grupos e incluye tanto a hombres como a mujeres que lo constituyeron; sin embargo, también emerge un imaginario compartido por las mujeres y otro compartido por los hombres que no se ignora y que resulta coherente con los principios de la perspectiva de género, por lo cual fueron ampliamente abordados.
Algunos de los resultados a los que se arribó fueron en torno a:
-La significación de la familia
-La significación de la maternidad y la paternidad
-La relación entre el espacio privado (en este caso familiar) y el espacio público (laboral)
En coherencia con las concepciones de vida de las sociedades occidentales y de la cubana en particular, los espacios desde los que se imaginan la vida es a partir de la conquista de dos áreas: la profesional y la familiar, lo cual se traduce en metas para alcanzar. Lo profesional, en tanto superación y solvencia económica. Lo familiar, en relación con la familia constituida, que incluye pareja y descendencia, en todos los casos refiriendo parejas heterosexuales.
La solvencia económica por el desempeño en el área profesional consta de diferente significación para las mujeres y los hombres. Las primeras enfatizan en el interés por ser independientes, a diferencia de lo expresado en el discurso de los hombres. Ello establece una diferencia entre el valor para unas y para otros: en las mujeres significa cambio, conquista, rompimiento con lo tradicional; mientras que en los hombres mantiene una significación de naturalidad, ya que se da como algo sobreentendido.
Ana: …cuando uno trabaja puede ser que, por su sueldo, por lo que ejerza, puede aparte de la realización personal, puede alcanzar un cierto nivel de independencia ¿no? “yo que me sustento, que puedo tomar mis propias decisiones”
Los proyectos relacionados con el espacio profesional se caracterizan por una mayor claridad y seguridad en cuanto a las estrategias a seguir; el espacio privado implica mayor incertidumbre y contradicción para las y los jóvenes.
La familia emerge con una significación diferente para unos y otras. Estas últimas la ven como obligatoria y prioritaria, a la vez que es tradicionalidad y dificulta el desarrollo profesional; de ahí la ansiedad, contradicción y ambivalencia que representan los proyectos en esta área. Desde estas edades se piensa la conciliación de los espacios público y privado porque ambos se avizoran como contrapuestos, según los tiempos y las exigencias de la vida. Implica un dilema sustentado en valores y concepciones de género que no se trabaja en la educación superior como parte de la preparación profesional, aunque afecte a todos y, fundamentalmente, a las mujeres.
Otra de las contradicciones expresadas en las mujeres desde su identidad como mujer, y no en los hombres, es que refieren como deseo “la constitución de una familia” o “ser mamá”, pero también se expresa de forma latente, es decir, de forma solapada e indirecta, la desvalorización de otros proyectos del orden de lo privado (asociado históricamente a lo femenino), entiéndase pareja, mito de amor, matrimonio. Esto se corresponde con un rechazo a lo tradicionalmente femenino con una marcada valencia negativa, entendido como lo asignado históricamente a la mujer, lo femenino, lo doméstico.
Katia: No sé, construir una familia, tener un esposo, son cosas que la gente, que las mujeres…o sea yo, lo pensé “voy a poner que quiero casarme y tener hijos”, pero lo veo como algo no sé, viejo (el grupo se ríe), no, yo tengo que hacerme profesional, yo no voy a estar pensando “me voy a casar y voy a tener hijos”, es importante y es la mitad de tu vida, pero no puedes estar pensando que voy a estar 20 años trabajando y voy a ser una profesional reconocida, entonces a los 20 años voy a buscar un marido y voy a tener hijos porque hay que llevar las cosas a la vez, y yo pienso que esto del hogar está un poco atrás en las mujeres que quieren ser profesionales.
Las contradicciones mencionadas hasta aquí son indicadores de la crisis de identidad de las mujeres contemporáneas, en tanto intentan resolver de manera permanente la problemática de no ser ni mujeres tradicionales (lo que excluye la profesión e incluye solo el cuidado familiar), ni ser solo mujeres profesionales (lo que excluiría las responsabilidades familiares, y el ser buena esposa, madre, hija, etc.)
La contraposición de los tiempos y espacios, las múltiples exigencias que determinan la identidad de la mujer contemporánea comienzan a ser un dilema para algunas de ellas desde tempranas edades juveniles, aun sin vivenciarlas en un presente real. No se trata ya de la doble jornada que pareciera predestinada de antemano, sino que incluso la toma de conciencia acerca de esta impacta con ansiedad sus proyectos de vida y las coloca en posiciones de contradicción, en tanto deciden qué mujer ser. Se presenta como reto, el ganarle al tiempo.
Para el ideal de mujer contemporánea no existen modelos ni referentes; en todo caso existe una imagen de mujer tensionada, sobre esforzada, mientras que estas reflexiones aún quedan desligadas de los hombres. 
Katia: … si tú tienes no sé, un apoyo como tu madre, entonces quizás tienes más tiempo porque, supuestamente, las abuelas están jubiladas y se quedan en las casas y hacen el trabajo de ama de casa, entonces sí creo que hay que tener colaboración y hay que tener el respaldo de otra persona porque es muy difícil hacerlo sola
Para el grupo, tanto el ideal de mujer como el de hombre implican desarrollo y éxito profesional (autorrealización e independencia). En las mujeres, en paralelo con el logro de una familia; no así desde los hombres que, si bien no excluyen este proyecto, tampoco lo tienen muy elaborado ni lo expresan como sentido de vida.
A la vez que el grupo se expresa con ideas innovadoras –como se refiere anteriormente–, se mantiene como hereditario de una cultura tradicional, que cuida del arraigo de las mujeres a la familia, a lo maternal, al dar amor, establecer relaciones afectivas, a la capacidad de mantener el equilibrio emocional a lo interno de la familia y desarrollar determinadas habilidades para ello, lo cual funciona como mandato cultural. De modo que en el grupo se rechaza (incluso por las mujeres) el hecho de que alguna de ellas exprese prioridad por la realización profesional por encima de los deseos de ser madre.
Por lo tanto, el marcado rechazo a lo tradicional aparece en función del rol de esposas y no del materno. Pareciera que hay un imaginario compartido de madres en tanto mujeres, en el cual se destaca una valoración positiva al hecho de ser madre sola, con una denotada significación de orgullo y de pertenencia total de los hijos e hijas, así como la conformación y aceptación del modelo de superwoman.
Zenia: …algunas personas piensan que no se pueden llevar las dos cosas a la vez; yo pienso lo contrario: pienso que sí se pueden llevar las dos cosas a la vez, si tienes la cooperación de alguien que te ayude mucho mejor, pero si eres tú sola, te sientes más realizada todavía si consigues llevar las dos cosas a la vez, ser profesional, estar todo el día hasta las cinco en el trabajo, pero a las cinco, cuando saliste y te sientes súper bien porque lograste un proyecto nuevo en tu trabajo, llegar a la casa y poder atender a tu niño, y enseñarle cómo tiene que bañarse y prepararle su comida
También hay un imaginario que da cuenta del distanciamiento de los hombres con los proyectos familiares. Desde los propios varones se comparte la prioridad que ocupa el área profesional en relación con la familia. Esto es coherente y a la vez impactante con el hecho de que en ellas prevalece, desde su imaginario, la estructuración de un proyecto familiar sin el apoyo, necesariamente, de la pareja. Se pronostica un hombre ausente o insuficiente en las tareas domésticas y familiares, lo que se complementa con un imaginario compartido por los hombres donde prevalece una mayor cercanía y dedicación al trabajo que a la familia.
Raúl: … siempre ha sucedido y actualmente ocurre, que el hombre es el que lleva la casa, es el que tiene que mantener a la familia, es el que siempre tiene un desarrollo profesional, es el que tiene que buscar el dinero
En general, es posible aseverar la existencia de proyectos fragmentados por imaginarios diferentes entre hombres y mujeres, incluso para llevar una vida juntos, lo que da cuenta de la contraposición en la que se educan hombres y mujeres desde una cultura patriarcal que no privilegia la educación para la convivencia, la comunicación, la cooperación y la complementación, y que concibe lo femenino y lo masculino (encarnados de forma estereotipada en los cuerpos de mujeres y hombres, respectivamente) no solo como diferente, sino como opuestos.
El modo de concebir el vínculo amoroso también resulta significativo, ya que está muy relacionado con las responsabilidades del hogar y los hijos e hijas. El grupo define a las mujeres como “actualmente liberales”. Esto, para los hombres, tiene un sentido negativo, peligroso y resulta opuesto al rol de madre, a la tenencia de una familia, a la responsabilidad. A su vez, hay una toma de conciencia de los varones con respecto a su exclusión del proyecto familiar, que es determinado por las mujeres como máximas responsables y decisoras. Para ellas el debate gira en torno a si serán o no buenas madres; para los hombres, en si serán padres o no, o si las mujeres les permitirán ser padres o no.
Raúl:…porque entonces esa independencia que tendrían las mujeres hoy en día…que va a ser buscarse una especie de caballo para tener un hijo y no va más allá
Todo lo anterior descansa en una comprensión de la maternidad como algo mítico, etéreo, sub-realista y se reafirman nociones biologicistas desde las cuales se explica el vínculo estrecho de las hijas e hijos con las madres y no con los padres. A diferencia de la paternidad que, en efecto, se subvalora en comparación con la maternidad.
Raúl: Yo supongo que la mujer se sienta más dueña de ellos porque es prácticamente quién los forma ¿no?, en el sentido de que es quién está nueve meses con él dentro…el hombre piensa…en el papel que hay que jugar, y como ahora las mujeres están abogando por esto de ser más liberales, ser profesionales, de crecer, de ser libres, supongo que haya que llegar a algún consenso.
Se erige una imagen de mujer, responsable de la familia a la vez que con capacidades para tener éxito profesional, capaz de equilibrar su vida de pareja y la educación de sus hijos con la superación laboral y el logro de solvencia económica. Mujer que a la vez que no abandona sus proyectos personales y profesionales, asume una posición de cuidadora de los varones, en tanto conciliadora y protectora del bienestar de los demás.
Durante las sesiones, los debates y las tareas proyectivas realizadas, también emergieron creencias y concepciones en torno a la fidelidad y al vínculo amoroso que permiten la toma de conciencia del grupo de las diferencias socio-psicológicas entre hombres y mujeres, que intentaremos resumir a continuación. Eso sí, siempre evidenciándose una realidad contradictoria, nada lineal sino compleja, lo cual es imprescindible tener en cuenta en las experiencias con grupos.
Si bien se constatan avances en el modo de concebir las relaciones de género, también persiste una esencia patriarcal que dictamina los roles, sentimientos y actitudes tradicionalmente establecidos para mujeres y hombres, y fundamentalmente se mantiene la valoración jerárquica de lo masculino en relación con lo femenino. Se vislumbra una mujer emprendedora y crítica, a la vez que apacible y subordinada a los hombres para mantener la relación amorosa, motivada por satisfacer a los otros, por complacer, fiel, consciente de la infidelidad de ellos y resignada a la falta de diálogo por el limitado interés de los hombres hacia la comunicación (en relación con temas familiares, interpersonales).
Asimismo, emerge una imagen de hombre, en algunos casos menos implicados que en otras, con un distanciamiento importante de cuestiones relacionales, afectivas, formadoras del desarrollo personal. Concentrados en el espacio profesional como vía para el logro de su identidad masculina, lo cual se enriquece con el alcance del sustento económico de la familia. Preocupados por los cambios contemporáneos de las mujeres, que resultan alarmantes, amenazantes e incomprensibles.
Pareciera que hay un estatismo del modelo masculino en relación con la participación en el espacio privado, con la complejidad que implica la formación de familias, educación de seres humanos y con la conciliación de las exigencias cotidianas de la vida.
Desde el grupo pareciera que hay un imaginario en el que ellas fungen como conocedoras e interesadas por los comportamientos, las personalidades, el funcionamiento de las relaciones interpersonales y de la vida en general, mientras ellos son los aprendices que intentan cumplir con los mandatos de comportamiento, sin que ello implique una posición activa, crítica y personal, porque no es parte de sus sentidos de vida, de su imaginario como varones.
Emerge la mujer asociada al cuidado de los hijos, las tareas domésticas y la fidelidad al hombre, en detrimento de sus sueños. Mientras, el hombre se define por el disfrute de la mujer como objeto sexual (objeto en tanto ellos asumen una posición de “propietarios”), la inconsistencia para asumir la educación de menores y roles de cuidado familiar en general, a la vez que demanda su pertenencia a esta. Lo más significativo es que prevalece la valoración de superioridad de los últimos por encima de las primeras.
Es necesario señalar que este imaginario no aparece de manera evidente y directa, sino de forma solapada y a partir de expresiones, conductas, sentimientos e incluso silencios que son leídos desde la coordinación del grupo, a partir de una interpretación psicológica del fenómeno, pues desde el discurso, solamente, no emergen dichos estereotipos.
CONCLUSIONES
– Aún cuando existen en este grupo de jóvenes nociones innovadoras de género, como es el caso de las capacidades de las mujeres para desempeñarse en el espacio público, para ser autónomas e independientes económicamente, se reeditan otras de carácter tradicional que no favorecen la futura conciliación del espacio público y privado, ni la convivencia entre hombres y mujeres en tanto pareja, como es el caso de la sobre exaltación de la maternidad, la desvalorización de la paternidad, la imagen de mujer superwoman como ideal a cumplir, así como la poca o ninguna implicación y falta de elaboración con respecto al papel de los hombres en el espacio familiar.
– Persisten mandatos socioculturales de género que favorecen la existencia de un imaginario de género compartido por los hombres y un imaginario diferente compartido por las mujeres, que promueven estilos de vida contrapuestos.
– Resulta significativo que, desde edades juveniles, cuando aún no existe (en el caso de los miembros del grupo) la constitución de una familia propia, se evidencia en las mujeres una toma de conciencia del carácter dilemático, conflictivo, que significará en el futuro la conciliación de los espacios público y privado.
– La movilización de las mujeres por el cambio, en la búsqueda de nuevas formas de ser más autónomas, y la lentitud de dichos cambios en los hombres, impacta de manera significativa el proyecto familiar, en tanto ellas se comienzan a pensar como mujeres solas capaces de asumir las responsabilidades, con independencia de la existencia de hombres o no, lo que da cuenta del resquebrajamiento del modelo de familia tradicional.
Lo anterior apunta a la necesidad de promover estilos de vida más equitativos en mujeres y hombres. En ellas, para que la conquista de nuevos espacios no signifique el recrudecimiento de inequidades de género, y en ellos para crear la necesidad de una mayor incorporación al espacio privado y romper con los mandatos patriarcales que se mantienen inamovibles.
Es imprescindible colocar las relaciones de género como temática fundamental en espacios educativos, de orientación y de influencia social, como por ejemplo los medios de comunicación, que respondan a los cambios y demandas actuales de la sociedad con el fin de acompañar desde una perspectiva educativa y de bienestar a los seres humanos.
1 Marcela Lagarde: Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia, Ed. horas y HORAS, España, 1997; Marta Lamas: El género: la construcción cultural de la diferencia sexual. Miguel Ángel Porrúa-PUEG, México, 1996; Amorós, C. (s/a): Feminismo y filosofía, Editorial Síntesis; Fernández Rius, L. (2010) Género y Ciencia o ¿La apoteosis del egoísmo? Editorial de la Mujer, Cuba.
2 García de León, M.: “Élites profesionales femeninas. El caso de las académicas y las científicas: Un análisis sobre el binomio Género & Poder”, en Gomes de Carvalho, M. Ciencia, Tecnología y Género. Abordajes Iberoamericanos, Editora UTFPR. Publicado en Brasil, junio, 2011.
3 Ob. Cit.
4 Rachel Alfonso Olivera: Proceso de reflexión en torno al imaginario de género de un grupo de estudiantes universitarios/as: una alternativa de trabajo grupal. Tesis en opción al grado de Master tutorada por la Dra. Lourdes Fernández Rius, Facultad de Psicología, Universidad de La Habana, 20013.
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