Poetisa cubana deja versos y huellas en el corazón de Cuba

Tras varias nominaciones, finalmente recibió el Premio Nacional de Literatura, en 1997.

"La novia de Matanzas", como también era conocida Carilda, publicó unos 40 libros.

Foto: Tomada del programa televisivo Con 2 que se quieran, alojado en cubadebate.cu

La Habana, 30 ago.- Cientos de versos, algunos muy conocidos como “me desordeno amor, me desordeno” y otros menos citados y decenas de anécdotas, picantes o no, sobre su vida, ciertas o inventadas, deja para la posteridad la poetisa cubana Carilda Oliver Labra, fallecida la víspera en Matanzas, a los 96 años.

Nacida en 1922 en esa ciudad, distante casi 100 kilómetros de La Habana, Oliver fue una de las más importantes poetisas cubanas contemporáneas, reconocida internacionalmente, que publicó unos 40 libros, entre ellos Al Sur de mi garganta, reeditado en seis oportunidades.

Matanceros y representantes de la intelectualidad cubana despidieron en masa sus cenizas, que descansarán para siempre en su casa de Tirry 81 y la acompañaron con ofrendas florales, entre las que estuvieron las del presidente, Miguel Díaz-Canel, y el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro.

Carilda, fértil

Entre sus textos se encuentran Los huesos alumbrados, Catorce poemas de amor, Desaparece el polvo, Sonetos (que resultó el más vendido en 1992), el decimario Tú eres mañana, Las sílabas y el tiempo, Ver la palma abriendo el día y Se me ha perdido un hombre.

Oliver luchó contra todos los prejuicios, contra las incomprensiones nacionales y provinciales, vivió la vida que quiso vivir y es un símbolo de libertad que merece ser estudiada, dijo el presidente de la Unión Nacional de escritores y Artistas de Cuba, Miguel Barnet.

Conocida como la “novia de Matanzas”, la Premio Nacional de Literatura de 1997, publicó su primer libro, Preludio lírico, en 1943 y finalizó sus estudios de derecho en 1945.

Calificada como la poetisa erótica de Cuba, publicó en 1949, su libro Al sur de mi garganta y años más tarde, se graduó en la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas, lo que le permitió ejercer como profesora de dibujo, pintura y escultura, además de su profesión como abogada.

En la década de los 50, publicó en su ciudad su “Canto a Martí”, “Canto a La bandera”, “Canto a Matanzas” y “Canto a Fidel” (1957) y aparecen en la antología Poetas en Matanzas, que vio la luz por la Peña Literaria y el Ateneo.

Tras el inicio del proceso revolucionario, en 1959, participó en la Campaña Nacional de Alfabetización, trabajó en la dirección de cultura de su provincia, en el diario matancero El Imparcial, además de ofrecer y promover recitales poéticos e impartir clases de artes plásticas e inglés en el nivel secundario, compartiendo su amor por el magisterio con su pasión por la poesía.

Con su mirada clara, su carisma y sus versos, obtuvo premios, publicó en diferentes revistas, fue incluida en múltiples antologías, participó en encuentros internacionales de poesía, sirvió de jurado en concursos y fue propuesta, en ocho ocasiones, al Premio Nacional de Literatura.

La noticia sobre su muerte sacudió a Cuba.

Foto: Tomada del programa televisivo Con 2 que se quieran, alojado en cubadebate.cu

En 2004, a Oliver se le dedica la XIII Feria Internacional del Libro de la Habana y en 2013, como reconocimiento a su trayectoria, la Universidad de Matanzas le otorga el título de Doctor Honoris Causa en Ciencias Humanísticas”.

De Cuba y del mundo

La vida y obra de la poetisa traspasa las fronteras de su natal Matanzas, ciudad que nunca quiso abandonar.

En 1980, se grabó en España la serie televisiva Mujeres ilustres de América, que le dedica un capítulo protagonizado por Carmen Sevilla. A su vez, el actor francés Ivés Montand graba en Francia un disco con poemas seleccionados de Al sur de mi garganta.

En Madrid se creó el Concurso Internacional de Poesía que lleva su nombre y, en 1982, aparece en Breaking the silences. An Anthology of 20 Century Poetry by Cuban Woman, de Margaret Randall, publicada en Vancouver, inicialmente, en 1964, y reeditada en 1999.

Conoció y compartió con intelectuales como el escritor estadounidense Ernest Hemingway, el poeta español Rafael Alberti, la chilena Gabriela Mistral, el uruguayo Mario Benedetti, el chileno Pablo Neruda y el colombiano Gabriel García Márquez.

Huellas

La noticia sobre su muerte sacudió a Cuba y se esparció por todo el país mediante los medios digitales y las redes sociales, donde se compartieron sus poemas, fragmentos de declaraciones y recuerdos.

“La poesía nos da la ocasión de ser mejores, de atisbar la belleza y la espiritualidad en las cosas, incluso en aquellas que parecen ocultas… Sin matemáticas no habría puente ni pirámides; ni las habría sin poesía. Poesía es lo que nos salva”, declaró en una ocasión, según publicó en Facebook, el periodista cubano Rolando Almirante.

“Siempre la admiré por su obra, por su vida, porque no se detuvo y se burló del dedo acusador”, escribió, en tanto, Mercedes Hernández.

“Se ha ido una entrañable amiga, una poeta con garra, una periodista sagaz, una persona adorable. No pudo celebrar los 325 años de su Matanzas querida, pero su recuerdo quedará inscrito en la Calzada de Tirry”, consideró Pedro Quiroga, quien propuso nombrar esa avenida con su nombre.

En los comentarios de Cubadebate, el forista Moro8 dijo: “Hoy te toca iluminarnos en otra dimensión… Hoy también se cumplirá otro poema tuyo… la tierra de Cuba, sobre tu tumba”. (2018)

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