Reeditan por completo novela silenciada de escritor cubano

Reynaldo González asegura que guardó los fragmentos eliminados en un cartucho amarrillo con la esperanza de restituir la obra un día.

Como otros artistas de la época, denominada "Quinquenio Gris", González vivió 10 años en la marginación de espacios públicos.

Foto: Archivo IPS Cuba

La Habana, 5 oct.- A 50 años de su primera edición mutilada, la novela Siempre la muerte, su paso breve, del escritor cubano Reynaldo González, regresa íntegramente con las aventuras de Silvestre, un personaje gay.

Publicado por la editorial Letras Cubanas, el libro “es un relato de acción y una crónica de costumbres. Su primera edición fue una sorpresa en formas narrativas rompedoras y en el enfrentamiento a la intolerancia al diverso. La crítica oficiosa lo negó, pero aquí está el texto inicial, renacido en su cincuentenario”, indica la contraportada.

González dijo a la Redacción IPS Cuba que la reedición es “una rectificación con mi persona y con un libro que es muy importante para la cultura cubana y no supieron ver ni supieron leer gente que no aman la cultura, que en ese momento estaban locos por manejarla, por administrarla… no por vivirla”.

 

Críticas de la novela

Para el crítico peruano Julio Ortega, esta novela revela a González como uno de los narradores cubanos que con mayor fuerza y  con mayor ambición formal ha desarrollado la narrativa.

Según el escritor Luis Álvarez, autor del prólogo, este texto puede inscribirse como uno de los hitos relevantes en el proceso de esos años dentro de la isla. Siempre la muerte, su paso breve, nos invita a buscar en nuestros rescoldos propios, en el latido indetenible de la isla, a ver si, a la vuelta de la esquina, encontramos claramente nuestro rostro”, apunta.

González nació en 1940, en Ciego de Ávila, es narrador, ensayista, crítico, periodista y poeta, autor de una veintena de libros, miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española.

 

Así se refirió al capítulo oscuro de la historia reciente cubana conocido como Quinquenio Gris, cuando se censuró la producción cultural y se institucionalizó la homofobia, entre otros problemas, al cierre del espacio “El elogio oportuno”, en la librería Fayad Jamís, en La Habana.

La última edición del encuentro, realizada el 27 de septiembre, rindió homenaje a González, que es autor de Al cielo sometidos, el relato La fiesta de los tiburones y los ensayos Contradanzas y latigazos y Lezama revisitado.

Silvestre cautivo

El escritor comentó en el encuentro que “esa novela transmite vivencias mías y de otras personas a las que conocí”.

González tenía apenas 18 años cuando triunfó la revolución cubana de 1959. La historia, que tiene lugar en el pueblo de Ciego del Ánima, incluye a los amigos y su lucha por hacer algo de sus vidas y contra el dictador Fulgencio Batista (1901-1973). La trama gira alrededor de la muerte de una mujer.

“Esta historia es la que yo capto y hago de ella una novela. En ese momento todo el mundo estaba haciendo novelas de la revolución y yo quería hacer mi novela de la revolución, pero con el brazo alzado, no con la propaganda política, que me va mal, a mí lo que me salen son los dramas, la preocupación por el otro”, reveló.

Entre los jóvenes de la trama, llenos de motivaciones de lucha, contó que “hay un gay que nunca salió del closet porque nunca entró en él, desenfadado, joven, bellísimo, de éxito, que es conquistado, violado primero por un policía con el cual contrae una relación primero de sexo y después, de amor”.

Tras concluir la novela, González quería enviarla al Premio Casa de las Américas. El plazo coincidió con redadas contra homosexuales en varios lugares de La Habana y el encarcelamiento de figuras como el dramaturgo Virgilio Piñera (1912-1979), como parte de la represión y el extremismo del periodo denominado también Decenio negro de la cultura cubana.

“Me dije entonces: Con estos truenos, esa novela mía no la va a leer nadie, no va a llegar ni al jurado”, recordó el autor.

En la librería Fayad Jamís, de La Habana, se le rindió homenaje al escritor cubano, Reynaldo González.

Foto: Archivo IPS Cuba

Decidió cortar partes del personaje de Silvestre y guardarlas en “un gran cartucho amarillo, que me acompañó por muchos lugares. La novela ganó la primera mención”.

Pese a que las formas narrativas eran totalmente novedosas, la novela pasó entonces inadvertida por el público y la crítica. “Era como si no la hubieran publicado, la imprimieron, la habrán distribuido un poco y nada más. No tiene ni comentario cubano. La referencia que tuve era de mis amigos, que les gustaba”.

Sin embargo, fue publicada en Francia, Alemania y Polonia. “En el mundo la novela existe, en Cuba, no”, lamentó.

Muchos años después, cuando a González ya le habían sido conferidos el Premio Nacional de Literatura y el Premio de Periodismo Cultural, en 1982, le pidieron la novela y él sacó entonces a Silvestre del sobre amarillo y lo colocó donde siempre debió estar.

Como otros artistas de la época, González vivió 10 años en la marginación de espacios públicos. Con el cambio de los tiempos, dirigió por más de una década la Cinemateca de Cuba y actualmente está al frente de la revista literaria La Siempreviva.

González también recordó los distintos caminos que lo condujeron, desde la niñez, hacia la literatura: el juego de las palabras que le inventó su madre, por lo que mientras otros tenían soldaditos, él tenía “una espléndida colección de palabras”, las lecturas que no tenían que ver con su edad, sus grandes amigos y su amor por la historia. (2018)

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