Un Festival…una Muestra…una película y su director

Enrique (Kiki) Álvarez nos comenta, en un texto hermoso donde deja correr sus emociones, qué es Marina

Cortesía del autor

Marina trae un secreto guardado en una caja china

Este martes comienza la 9na Muestra del Festival internacional del Cine pobre de Humberto Solàs y aunque esta edición no es competitiva y además no será en Gibara, auguro habrán momentos bien interesantes. Entre la Habana Vieja y el municipio  Regla la capital vivirá intensidades que van desde los foros teóricos a las proyecciones en cines y plazas pasando por talleres de creación con niñas y niños de Regla que podrán contar sus historias aprovechando la magia de una cámara…

Encuentro con el editor Nelson Rodríguez, debates sobre la crítica de audiovisual en la que nuestro Rufo Caballero y su ejercicio de la crítica serán nuestro detonador fundamental- como tributo necesario a su quehacer como crítico y cuturólogo-, diálogos sobre el festival y la comunidad y la inserción de las escuelas de cine en las comunidades, serán temas que  pulsarán los días de este encuentro.

Uno de los momentos que esperamos será la presentación en el Cine Chaplin de la maqueta del largometraje Marina, dirigida por Kiki Álvarez, película rodada enteramente en Gibara y en la que el pueblo, sede del festival en todas las ediciones anteriores,  posee un protagonismo importante…

Le pedí a Enrique (Kiki) Álvarez que me respondiera unas preguntas sobre la película que tenia ya a punto de concluir, y que yo había podido disfrutar de la lectura del guión desde que era solo un proyecto de cortometraje; Kiki respondió, pero como acostumbra, escribió un texto hermoso, en el que responde pero a la vez deja correr sus emociones y su pasión por la película, preferí fuera él quien nos comentara qué es Marina.

Marina, un diario y una caja china

Marina nació de una emoción incitada por el espacio físico de Gibara y la humanidad de sus habitantes. Caminando por su malecón, conversando con la gente que me encontraba en la calle, saboreando la frescura de sus mariscos, se me ocurrió que aquel era un hermoso lugar para rodar una marina. Claudia Muñiz estaba ese día conmigo y la fragilidad de su figura, recortada contra la inmensidad del paisaje, comenzó a dibujarme los primeros trazos de la historia de una muchacha y su viaje de regreso a los lugares de su niñez.

Después vino el Taller de Guiones de la 2da Muestra Temática de Cine Pobre en Cienfuegos, y allí presenté un boceto de cortometraje que se fue desarrollando con el abordaje de temas relacionados con el envejecimiento, los problemas de vivienda, la migración y la búsqueda de identidad en una población costera de la Cuba de hoy.  Tras esa confrontación con Enrique Pineda y el resto de los integrantes del taller, el relato cambió su estructura y se convirtió en un guión para largometraje.

Yo necesitaba desarrollar una trama de sucesos mínimos que fueran develando, a través del itinerario físico de la protagonista, una búsqueda interior y le pedí a Claudia que me ayudara; entonces descubrimos su capacidad para desarrollar situaciones y escribir diálogos; ella fue la que propuso la idea de un diario perdido y recuperado por Marina, y ella misma lo escribió y lo elaboró como objeto, a partir de los recuerdos de sus niñez. Hay una mirada en la película que pertenece a su sensibilidad y a las vivencias de su generación

Marina ha sido hasta hoy, mi proceso de realización más fulgurante; entre aquella idea inicial y su terminación han pasado solo dos años y creo que tiene la impronta de un gesto, lento y moroso como los movimientos curativos de algunas artes marciales chinas. Al menos es mi cura después de estar más de 10 años sin rodar un largometraje.

Mirándola, escuchándola, nadie puede imaginar que la rodamos a un ritmo frenético con un equipo mínimo de técnicos y actores. Su realización es un testimonio de la capacidad del ICAIC, para asumir riesgos productivos y creativos que rompen sus esquemas de producción tradicionales y una muestra de la capacidad laboral de sus técnicos y especialistas.

Los presupuestos son sencillos y pasan por idear una historia que pueda ser filmada en nuestras condiciones reales. Mientras más obstrucciones mejor; si uno trabaja con esta disposición, los obstáculos se convierten en estimulo para la creatividad. No se trata de filmar una entelequia,  las decisiones estéticas nacen con el diseño de la producción, se determinan entre sí y crean juntas un estilo de trabajo.

Si nuestras cabezas, evolucionaran a la velocidad de los cambios tecnológicos, hoy estaríamos produciendo el doble de películas que actualmente hacemos. Y seguiríamos haciendo películas malas, pero de la sobreabundancia creativa nacerían los buenos resultados.

La independencia, lo dijo Maceo, solo se conquista con el filo del machete. Eso quiere decir con trabajo. Desbrozando montes, cortando la hierba mala de los prejuicios, los resquemores, la desconfianza.

Marina trae un secreto guardado en una caja china. Tiene que ver con el buen sabor de la ternura, con el derecho a endulzar el instante inesperado de la felicidad.

Kiki Álvarez

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