La noticia no se colgó en la Red, nadie la comentó en Facebook ni la divulgó a través de su cuenta en twitter. Ni siquiera se mandaron mensajes de texto o por correo electrónico. Simplemente corrió de boca en boca con la demostrada eficacia que siempre ha tenido “radio bemba” entre nosotros. De hecho, ese mismo día casi todo el mundo en mi barrio sabía que Juanita, la hija de Pedro, se había parado frente a la Oficina del cobro del agua portando un cartel (imposible de reproducir aquí), que en esencia expresaba (sin lugar a dudas), su profundo descontento por la falta de suministro de agua durante toda una semana.
Impulsan sector del turismo en Cuba en tiempos de crisis.
Mientras la industria del ocio amenaza con quedar en 2013 por debajo de planes y resultados del año previo, y la crisis azota a varios mercados emisores, el gobierno cubano impulsa inversiones y adopta medidas para fomentar un sector llamado a sostener con su demanda otras actividades de la economía nacional.
La industria cubana del turismo corre el riesgo de vivir en 2013 frustraciones mayores a las experimentadas un año antes. A juzgar por el cierre del tercer trimestre, la afluencia de visitantes extranjeros podría quedar por debajo de la cifra redondeada en 2012. En el verano intentó una reanimación pero no alivió las dudas. Como compensación, los fuertes planes de inversiones iniciados por el gobierno, en un sector que considera estratégico en más de un sentido, podrían dar un vuelco quizás en breve plazo al estancamiento actual en la recepción de turistas.
Rayuela apareció gracias a la Editorial Sudamericana en 1963, hace medio siglo, el mismo año en que su autor viajó a La Habana.
La primera vez que tuve noticias de la existencia de Julio Cortázar fue hacia 1969. Yo estaba a punto de cumplir once años y en una salida vespertina con mi madre, nos detuvimos en una librería. De las novedades que mostraban a la entrada ella seleccionó un libro parcamente titulado Cuentos y aunque nada sabía del autor, me lo obsequió, convencida de que era lo más adecuado para mi edad.
Muere Óscar Hijuelos, una asignatura pendiente de las editoriales cubanas.
Hace unos meses, cuando hizo la que sería su segunda y última visita a Cuba, Óscar Hijuelos y yo al fin nos conocimos personalmente. Y aclaro personalmente porque, como es fácil imaginar, hacía muchos años conocía al escritor Óscar Hijuelos, desde que leí su celebrada y premiada novela Los reyes del mambo tocan canciones de amor (The Mambo Kings Play Songs of Love, 1989, Premio Pulitzer), conocimiento que profundicé con la lectura de la que algunos consideran su más importante obra, Las catorce hijas de Emilio Montez O’Brien, su novela de 1992. Lo que es menos fácil de imaginar es que Óscar también me conocía a mí, del mismo modo que yo lo conocía a él, como pude descubrir un día en que, gracias a una entrevista que le hiciera la revista Browse (agosto de 2011), preguntándole qué cinco libros de la narrativa cubana reciente recomendaría, abrió su lista con mi novela Máscaras (Havana Red en su versión inglesa), con elogios que recorrían mis obras anteriores y posteriores –y que no repetiré en esta ocasión, pero que le agradeceré infinitamente.