Acerca de un Festival de Cine Invisible y Cuba

“Film Sozialak” Bilbao es un joven evento temático dedicado a las cinematografías poco visibles del Sur global. Cuba tiene una relación especial con este certamen.

Encuentro del crítico cubano Pedro R. Noa con Juan Carlos Vázquez, director del “Film Sozialak” Bilbao, durante la 17 edición de este evento.

Foto: Cortesía del autor

El azar concurrente me trajo a Bilbao, España, en los días que la ciudad era sede del Festival internacional de cine invisible “Film Sozialak”, cuya 17 edición se desarrolló entre el 16 y 23 de octubre. En este evento cinematográfico participaron un total de 82 audiovisuales, entre cortos y largometrajes de ficción, animación y documental, provenientes de más de 30 países y de todos los continentes.

Aunque la mayoría de las cintas pertenecen a filmografías poco exhibidas, también pudieron visionarse filmes de países con una cinematografía “mainstream”, pero que, por su temática, enfoque socio-político o sistema de producción, clasifican como invisibles.

Las películas concursaron en los apartados “Derechos humanos”, “Sostenibilidad”, “Equidad de género”, “Interculturalidad” y una sección dedicada a fomentar el audiovisual realizado en euskera (idioma oficial del país vasco junto al castellano), nombrada “Gasteen Klaketa”.

Este año, el certamen fílmico estuvo dedicado a celebrar los 80 años de la fundación de la ONU y a ratificar su apoyo a la causa palestina.

La selección oficial incluyó 13 obras de América Latina, repartidas entre los diferentes apartados en competencia. Cuba no estuvo representada; pero esto no siempre ha sido así en la historia de este evento.

Por tal motivo, conversé con Juan Carlos Vázquez Velasco, su director, para conocer sobre el certamen, sus relaciones con Cuba y la difusión de las obras audiovisuales producidas, fundamentalmente, en los países del Sur.

Portada del catálogo de la primera edición del Festival de cine invisible, dedicada a Cuba (Foto: Cortesía del entrevistado).

Un festival para sanar, transformar, ayudar a conocer

El Festival internacional de cine invisible “Film Sozialak” es un evento cinematográfico temático que se desarrolla anualmente, desde 2009, en la capital de Vizcaya, una de las provincias de la comunidad autónoma del País Vasco; y cuenta con el auspicio de la Organización No Gubernamental de Cooperación al Desarrollo: Kultura, Communication y Desarrollo (KCD ONGD).

Sus objetivos son mostrar realidades sociales como la falta de equidad entre géneros, las violaciones a los derechos humanos, la injusticia social, la interculturalidad, la solidaridad, la cooperación y el respeto al medio ambiente, entre otros temas similares.

Juan Carlos Vázquez Velasco, su fundador, trabaja en el ámbito de la Cooperación Internacional y la Educación para la Transformación Social desde 1988. Dentro de KCD ONGD coordina el equipo de trabajo de la entidad, así como las acciones de Educación y Comunicación para la Transformación social en Euskadi y de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Participación de la realizadora cubana Lizette Vila en uno de los cine-forums del Festival internacional de cine invisible (Foto: Cortesía del entrevistado).

Génesis

Según Juan Carlos Vázquez, los orígenes del festival están muy vinculados con su labor como promotor cultural. “Yo llevaba haciendo una muestra de cine en el País Vasco desde 1993”, cuenta. “Comencé trabajando en la cooperación desde los 24 años de edad en 1986 y siempre estuve haciendo muchas actividades artísticas vinculadas a exposiciones relativas al Sur global”.

“Me puse a hacer cine, porque llevaba un ritmo de locura haciendo esas exposiciones y tenía muchas ganas de contar historias. A partir de ahí, comencé a organizar una muestra de cine social durante catorce años en cinco ciudades de Vizcaya”, amplía.

Vázquez señala 2008 como el año en que “se me ocurrió hacer una transformación en mi vida”; y apunta: “Yo tenía mucha experiencia en otros festivales y pensaba que una muestra es una cosa muy diferente a un festival, pues con un festival podíamos llegar a un público mayor y más diverso. Por eso, en el 2009 se lanzó el primero”.

Momento en que la directora Marilyn Solaya recibe uno de los varios premios recibidos en distintas ediciones del festival bilbaíno (Foto: Cortesía del entrevistado).

Cuba desde la primera edición

El primer festival tiene mucha relación con la isla porque “lo hicimos coincidir con el 50 aniversario del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficas (Icaic)”, revela Juan Carlos Vázquez. Y los motivos fueron varios:

“Vengo trabajando en la cooperación con los cubanos desde 1993. He sido un internacionalista y Cuba ha sido internacionalista. Ahora está viviendo tiempos muy complejos, pero sigue teniendo una vocación internacionalista, además, Cuba siempre ha hecho mucho por el nuevo cine latinoamericano”.

“Para mí no era apoyar el Festival de cine de La Habana. Era, de alguna manera, poner sobre la mesa ese nuevo cine latinoamericano que muchas veces queda oculto en los cines comerciales”, agrega.

Aquella edición inicial tuvo lugar entre el 14 de septiembre y el 8 de octubre. Su programa estuvo compuesto por la proyección del documental Sin título (2009) de X Alfonso, quien también brindó un recital junto a otros músicos invitados; una muestra de cine cubano, así como las exposiciones Cuba mía y Vaya valla.

La muestra de cine se tituló “50 años de cine en Cuba” y se presentaron varios documentales y largometrajes clásicos como Now, Lucía, Vampiros en La Habana; y algunas cintas más recientes por esa fecha, como Páginas del diario de Mauricio.

Las actrices Eslinda Núñez y Mirta Ibarra estuvieron por aquellos días en Bilbao como parte de la delegación cubana.

Cuba mía se conformó con fotos que el fotógrafo Rodrigo Moya hizo en la isla durante 1964, cuando tenía 33 años de edad. Obras que habían estado durmiendo por 45 años en su archivo personal. Por su parte, Vaya valla era una muestra de la gráfica revolucionaria cubana.

La cinematografía cubana en las siguientes ediciones

A partir de la segunda edición (2010), la presencia cubana en las selecciones oficiales del evento ha ido desde cinco obras (fundamentalmente documentales) o ninguna, como sucedió en 2012 o en este último.

Entre los realizadores con más presencia e impacto están Rigoberto Jiménez y Lizette Vila, con su proyecto Palomas, que obtuvo mención en el apartado “Derechos humanos” de la octava edición (2016), por Mujeres… entre el cielo y la tierra.

Vila estuvo como invitada durante el 16 Festival, de 2024, con Todos los días son 8 de marzo y participó en varios cine-forum organizados como actividades de extensión.

Sobre el interés del Festival por el cine cubano, Juan Carlos Vázquez señala: “No solo hemos utilizado el cine de la estructura del Icaic, también hemos tenido cine independiente, porque considero que Cuba tiene un cine independiente muy rico y este también tiene derecho a que se le reconozca”.

Una demostración de esta afirmación, más allá de nombres y títulos en las listas de participantes, es que el único corto de animación cubano incluido en las selecciones oficiales es Lavando calzoncillos (2012), creado por Víctor Alfonso Cedeño. El más reciente lauro para la cinematografía cubana llegó a través de otro audiovisual independiente: Jíbaro (2023), de Osmany Sánchez Arañó, ganador del Premio Cine invisible en la edición 15.

Marilyn Solaya, la más reconocida

Pero la directora cubana más premiada, sin dudas, ha sido Marilyn Solaya, quien en la tercera edición (2011) recibió una mención especial por el documental En el cuerpo equivocado. Posteriormente, en 2015, consiguió el Premio del público con Vestido de novia.

En 2019 repetiría, esta vez con el premio “Film Sozialak”, gracias a su documental En busca de un espacio, el cual fue acompañado por una exposición sobre las luchas a favor del sufragio femenino en Cuba, bajo el título de Todas. En busca de un espacio.

Sobre por qué no había ninguna obra audiovisual cubana en el festival de 2025, Vázquez contestó lacónicamente: “Porque no ha llegado nada más. En este festival tenía que haber estado la más reciente película de Marilyn Solaya: Estrés. Pero primero la tiene que estrenar el Icaic… si lo hace alguna vez”.

En defensa del cine invisible global

La primera vez que hojeé el catálogo del evento, inmediatamente me vinieron a la mente los primeros años del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Hoy, el evento dedicado al cine invisible mantiene una política similar.

Vázquez explica: “Cuando te metes en un circuito de cine siempre tiendes a mirar el mundo comercial. Yo hice al revés, miré el cine marginal que no llega siquiera a ser nuevo. He traído mucho cine aquí hecho por indígenas. No podemos olvidar que en América Latina hay una sangre africana muy importante y debe estar representada. Por eso, vamos a los márgenes”.

“El nuestro no es un festival de cine normal. Procuramos recuperar aquellas antiguas consignas de nadie se puede quedar atrás, que parece se nos han olvidado y como herramienta utilizamos el cine. Lo que se trata aquí es de reflejar aquellas personas marginadas en las pantallas, tanto de realizadores como de protagonistas”.

Al creador de este singular Festival no le preocupa, según sus propias palabras, el futuro del cine invisible sino que “me preocupa lo que está ocurriendo en el mundo actualmente. Creo que no sirve de nada el cine invisible si permitimos que estos nubarrones, que están encima del mundo, nos cubran con ese manto de perversión, de depredación. El futuro del cine invisible no depende de lo que hagamos, sino de que esos nubarrones no nos quiten nuestros derechos como seres humanos (2025).

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