Las películas de Ana

La presencia femenina en el cine cubano contemporáneo desborda los roles tradicionales y ya existen jóvenes directoras como Ana Alejandra Alpízar, realizadora de El estreno.

El cine cubano de hoy cuenta con mujeres directoras como la joven Ana Alejandra Alpízar.

Foto: Enciclopedia Digital del Audiovisual Cubano.

Hablar de las miradas femeninas en el cine cubano contemporáneo implica entender que se trata, en primer lugar, de conquistar un terreno por mucho tiempo restringido a los hombres. Por otro, de un proceso gradual matizado por condicionantes históricas, sociales y culturales.

Resulta revelador que en Cuba, tras el triunfo del 59, la historia enfatiza el acceso de las mujeres al espacio público, como una revolución dentro de la Revolución. Mientras, en el mundo cinematográfico se reprodujo la distribución de roles que las enmarcaban en las especialidades que tradicionalmente habían ejercido: maquillaje, vestuario, actuación y edición.

En contraste, un grupo de féminas se inscriben en la producción cinematográfica cubana más reciente transgrediendo esas fronteras profesionales. Colocándose en los roles de directoras, guionistas y productoras de sus propias obras, eso les permite decidir los géneros, temáticas, recursos, estéticas y, en general, las narrativas que les interesa visibilizar.

Identidades femeninas en el cine cubano

Temas como la violencia de género en sus múltiples manifestaciones, incluyendo la violencia simbólica, el erotismo femenino, las representaciones del cuerpo mujer y la sexualidad, la dinámica espacio público-espacio privado, las relaciones familiares, la maternidad y rol femenino en la sociedad han sido redimensionados desde la mirada de las realizadoras.

Otras obras, por su parte, exploran las identidades femeninas. Es decir, ellas en sus espacios, con sus miedos, angustias, alegrías, contradicciones, desilusiones y sueños. Para el crítico Ángel Pérez: “Las cineastas cubanas están reconfigurando las lógicas de producción de sentido, las relaciones entre saber y poder, están explosionando los cimientos de las hegemonías masculinas”.

Ganador en la Muestra Joven de 2017, El pescador permitió a Ana Alpízar participar en el Festival de Sundance.

 

Nunca antes como hoy, se percibe un grupo tan amplio y diverso de realizadoras que forman parte de ese mapa cinematográfico. Desde Sara Gómez (De cierta manera, 1973), e incluso antes de ella, hasta Heidi Hassan y Ana Alejandra Alpízar, las mujeres tienen, cada vez, una mayor presencia y protagonismo en el cine cubano contemporáneo.

Apuntes para una biografía

Un acercamiento al quehacer de esta última directora y guionista permitirá, por un lado, visibilizar un cine poco difundido en Cuba y por otro, validar temáticas, géneros y narrativas frecuentes en su obra.

Ana Alejandra Alpízar (La Habana, 1990) se formó en la Facultad de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte (FAMCA) y en la especialidad de Guión en la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, aunque hace unos cuatro años se radicó fuera de Cuba.

Títulos como Tiempo de partir, Alumbrones, Sin metro y El estreno, que fue su ejercicio de graduación de la EICTV, forman parte de su filmografía. En El estreno (2014), Ana Alejandra cuenta la relación complicada y hermosa de una madre con su hija.

Encarnada por la actriz Yasmín Gómez, Tania tiene una cafetería en la casa que le permite sobrevivir y con la que mantiene a su hija Laura (Alicia Hechavarría) para que pueda ser actriz. Mientras Tania trabaja, Laura ensaya la obra de teatro que será su estreno como protagonista. A partir de mínimos conflictos y utilizando los silencios y las atmósferas como recursos cinematográficos, el cortometraje muestra la cotidianidad de estos personajes donde la narración va de la mano de sensaciones, más que de puntos de giro espectaculares.

Con El estreno, su directora retoma lo que se conoce como “baja narratividad”. Este recurso dimensionado en el cine latinoamericano por Lucrecia Martel, con su película La ciénaga (2000) insiste en lo intenso y dramático de un acto cotidiano e invisible.

En el recorrido profesional posterior de Alpízar se inscribe el cortometraje El pescador (2017), donde se narran los sacrificios de un padre para cumplir los sueños de su hija. Al igual que en El estreno, este resulta un material autorreferencial.

Es una historia en la que la mayoría de los personajes están interpretados por no actores, se grabó cámara en mano y se explotan al máximo las potencialidades visuales de los entornos pobres. En el corto, de 15 minutos de duración, se pondera el carácter global de la historia y su realismo descarnado, por sobre los aspectos formales y técnicos.

Emigración y conflictos íntimos de Yusimí

Ya en 2020, Alpízar vuelve a sorprender con Hapi Berdey Yusimi in yur dey, el cual se pudo disfrutar en la edición 42 del Festival Internacional de Cine de la Habana. El trabajo capta la vida social e íntima de una cubana que vive en Miami, y que en el día de su treinta cumpleaños pasa la mayor parte del tiempo conversando con sus amigas íntimas –quienes, como ella, son entrevistadas en pantalla– sobre sus problemas maritales con Gerardo.

El cortometraje utiliza la estética kitsch de los videos de quinceañeras en Cuba. Mezcla los códigos de la ficción y el documental para teatralizar-manipular las circunstancias a las que se encuentra atada la protagonista: una mujer que se subordina en el plano material a la autoridad económica del hombre.

Según la crítica, Hapi Berdey Yusimi in yur dey es la obra más apreciable de Ana Alejandra Alpízar hasta la fecha. No sólo por la atención prestada a ciertos condicionamientos y coordenadas en que se inscribe lo femenino, sino por su intento de cartografiar un perfil de la geografía sociocultural de la emigración cubana en Miami. El entrelazamiento que logra el filme entre la expresión corporal del sujeto mujer, los senderos de su psicología y el dibujo de su identidad cívica en el exilio norteamericano, resulta en una densa acumulación discursiva.

El citado Ángel Pérez plantea: “Ana A. Alpízar mira con ironía la realidad de su personaje, sometida a una construcción de lo femenino que asume la subordinación y el cumplimiento de las expectativas del hombre en la materialidad del cuerpo, como una salida de éxito”.

A lo anterior, se añade el riesgo estético que asume Alpízar desde el punto de vista de la realización audiovisual, al optar por un horizonte formal híbrido capaz de ajustarse a la ideología y el entorno social en que se mueven las protagonistas.

Entenderse a sí misma en una compleja realidad social

Un diseño minucioso de sus personajes, que se enfrentan a una compleja realidad social y buscan cumplir sus aspiraciones de vida, las relaciones afectivas filiales (madre-hija; padre-hija), unido a la soledad, frustración, los vínculos familiares y esa necesidad por entenderse a sí misma son líneas que cruzan transversalmente la obra de Ana A. Alpízar.

La universalidad de las historias, su formación en la escritura de guiones (alma de todo proyecto audiovisual) y el dominio de diversos géneros cinematográficos le han permitido alcanzar no pocos éxitos. El estreno fue merecedor del Premio al Mejor Cortometraje en el China Women´s Film Festival; y El pescador formó parte de la Selección Oficial de Sundance, del Miami International Film Festival, y en LASA obtuvo una Mención Especial del Jurado.

Además, es cofundadora del colectivo FILA20Filmes, compañía cubanoamericana creada en 2011, e integrada por los jóvenes realizadores Alex Medina, Juan Pablo Daranas y Reinel García en el rol de productor. La iniciativa agrupa más de veinte proyectos audiovisuales que han sido exhibidos y/o galardonados en distintos festivales alrededor del mundo en países como Cuba, Italia, Polonia, China, Canadá, Estados Unidos, Australia, España, Guadalupe, Martinica y otros.

Sin pretender abarcar todas las películas de Ana, esta biografía escueta permite distinguir un hilo implícito/explícito que unifica su obra en cuanto a temáticas, preocupaciones, intereses y auterreferencialidad. Elementos que, al mismo tiempo, diferencian y ponen a dialogar su trabajo cinematográfico con el de las otras realizadoras del cine cubano contemporáneo (2021).

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