Cine Pobre, Gibara y la encrucijada del porvenir
La XX edición del Festival creado por Humberto Solás en la localidad holguinera se sobrepuso al escenario adverso y pudo realizarse. Pero se impone la reflexión para su sostenimiento en el futuro.
Una vez más, el pueblo de Gibara ofreció en sus calles un recibimiento multitudinario al evento
Foto: Cortesía de Amalia Denise
Que veinte años no es nada es sólo letra de tango, porque en la vida real de Gibara y del Festival internacional gestado por Humberto Solás a partir de su Manifiesto del Cine Pobre la celebración de veinte ediciones del evento en esa localidad, a lo largo de veintitrés años, es mucho tiempo de compañía y provecho mutuo.
Pero esta que acaba de concluir, la de 2026, tiene una significación especial que Sergio Benvenuto Solás, presidente del Festival Internacional de Cine Pobre resume así en declaraciones para Altercine IPS: “Somos afortunados por haber conseguido realizar este certamen cinematográfico y multicultural, aún en una escala resiliente y compactada”.
Las actuales condiciones de crisis energética, de escasez de combustible, transporte y recursos de todo tipo, provocaron una reducción de invitados y participantes y el uso de pantallas al aire libre en lugar del Cine Jiba de la villa. “Estamos en el último festival de este ciclo, en un momento muy difícil y a la vez de inevitable transformación”, señaló el sobrino de Humberto Solás, quien junto a su hermano Aldo acompañó al cineasta de Lucía desde la fundación de este Festival.
Sin embargo, como él mismo apunta, el simple hecho de haber podido “estar acá, observar, pensar y proyectar la sobrevivencia futura del Cine Pobre; a la vez que actuar y generar nuevamente el evento cultural para brindárselo al pueblo de Gibara ya es una ganancia”.
Además, no deja de reconocer que esta posibilidad fue sostenida con el apoyo incondicional de autoridades de Holguín y Gibara, el habitual soporte del Icaic y el Ministerio de Cultura, junto a auspicios ofrecidos por las Embajadas de Suiza y Noruega.

Gibara y Cine Pobre: una simbiosis perfecta
“Gracias por tanto, Gibara”, dijo el actor René de la Cruz en la gala de clausura y resumía el sentir de todo el Comité Organizador del Festival. Aquella elección tomada por Humberto Solás en 2003 de crear el festival en esa localidad sigue demostrando cuán afortunada fue. La entrega de este pueblo, su cariño y respeto por esos “locos” del cine y todas las artes, que vienen cada año a trastornar sus días y sus noches, se mantienen intactos.
También, esta pequeña comunidad le insufla al evento buena parte de su mística de festival alternativo, con la brisa y el olor de sus playas, sus tradiciones culinarias, su rica historia y legado cultural y la belleza de sus paisajes naturales.
Pero, a su vez, los lugareños entienden lo que el Festival de Cine Pobre significó para Gibara. Los ingresó en el mapa del mundo y les restauró su orgullo antiguo. Atrajo la atención de nacionales y extranjeros; ha propiciado la conservación de su patrimonio y su arquitectura; incitó la creación de hoteles y la multiplicación de hostales, reanimó su oferta gastronómica. En síntesis, favoreció el crecimiento de múltiples actores sociales y económicos.
No hay que olvidar tampoco el inevitable impacto sobre la educación y la formación cultural que ha traído este contacto anual con propuestas cinematográficas universales y con las distintas manifestaciones artísticas: danza, teatro, artes plásticas. En Gibara se han impartido talleres audiovisuales para niños y jóvenes. Ya han salido cineastas, hoy consolidados, de esta comunidad.
Este maridaje, Cine Pobre y Gibara, ha demostrado con creces, su mutua conveniencia. Pero queda en pie, en las actuales circunstancias del país, la pregunta sobre el futuro. ¿Cómo seguir? ¿Hacia dónde?

En busca de nuevas luces para el camino
A la manera de los ayuntamientos de cualquier otro país, los representantes del municipio y la provincia parecen haber hecho definitivamente suyo el Festival y, aupados por el paquete de las nuevas medidas del gobierno cubano, tomado con más ahínco las riendas de su sostenibilidad.
Pero también el propio Festival de Cine Pobre, en su organización, estructura y funcionamiento, está abocado a un cambio profundo. Sergio Benvenuto Solás cree “llegado el momento de diseñar la regeneración del proyecto” y concibe la necesidad de “una nueva estructura operativa que pueda insertarse en las dinámicas que se están proyectando actualmente en el país”.
Según el presidente del Festival, “además de esa alianza con los gobiernos locales y las instituciones culturales, se precisa contar con una nueva entidad, que tenga la capacidad y dinamismo que hoy son imposibles de lograr desde las estructuras actuales y en medio de la policrisis que sufre el país”.
Una cuestión muy importante, al decir de Benvenuto Solás, es que esta estructura sea “independiente, diseñada para obtener y gestionar fondos (de agencias de cooperación, ONGs y embajadas) que permitan solventar zonas y secciones del festival”. Ha pensado él, como una gran aspiración, que pudiera concretarse “la idea de una Fundación Humberto Solás”.
“Y no solo estamos pensando en este tiempo difícil de ahora, sino que estamos enfocados también en la urgencia de transformar la relación entre institucionalidad cultural y mundo empresarial, en función de adaptarnos al entorno competitivo y sostenible de las industrias creativas”, recalca.

Una solución para el cine del oriente cubano
En los más de veinte años de interacción con el Festival de Cine Pobre, la comunidad de Gibara se ha convertido en un modelo para otras pequeñas ciudades cubanas acerca de la potencialidad de cambio existente alrededor de los proyectos culturales y su capacidad para dejar huellas en el crecimiento económico, el turismo, lo medioambiental, el patrimonio, la educación y el entretenimiento.
Pero más allá de este impacto cercano, el Festival ha lanzado un tentáculo hacia todas las provincias del Oriente cubano, con la inclusión de Camagüey, a través de la Factoría del Cine Pobre. Esta iniciativa se ejecutó en los dos años anteriores del evento, mediante un ejercicio de pitch y la entrega de ayudas para la producción, que propiciaron el avance en la consecución de sus proyectos a los creadores de esa zona mentada.
A la edición de 2026 tocó evaluar los resultados obtenidos y, especialmente, pensar en su sostenibilidad con vistas al futuro mediante un panel dedicado a la Factoría de Cine Pobre. El santiaguero Osmanys Sánchez Arañó, cuyo documental Llave de Paso fue beneficiado en la primera edición de la Factoría, subrayó que “ese espacio hizo que la industria se moviera hacia nosotros, hacia el Oriente” y señaló la trascendencia de “visibilizar una zona del país que siempre ha estado sumergida bajo las dinámicas y narrativas de la hegemonía capitalina”.
Sin embargo, al igual que el Festival todo, esta iniciativa surgida dentro de él está urgida de soluciones para su funcionamiento. Para Sergio Benvenuto Solás es necesario que la Factoría de Cine Pobre “defienda la existencia de un espacio propio, en el que concurran todos los cineastas interesados de esa área geográfica, para recabar los apoyos de las entidades e instituciones locales y para el aprendizaje sobre el acceso y gestión de fondos externos”.
La veinte edición del Festival Internacional del Cine Pobre ya cerró. Con las luces del amor cumplido hacia Gibara y hacia el cine. Pero los nuevos caminos están por alumbrarse todavía (2026).
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