Primera Factoría de Cine Pobre: ¡Filma el Oriente!
El 18 Festival Internacional de Cine de Gibara organizó una presentación de proyectos audiovisuales para impulsar la creación cinematográfica en la región oriental de Cuba.
Un instante del pitching de la Primera Factoría de Cine Pobre
Foto: Foto: Cortesía de Roberto Carlos García Ramos
Con el objetivo de impulsar la producción audiovisual en la región oriental de Cuba y en la provincia de Camagüey, el 18 Festival Internacional de Cine de Gibara efectuó la Primera Factoría de Cine Pobre. Esa fue una de las novedades de esta edición realizada en la villa costera de la provincia de Holguín entre el 6 y el 10 de agosto.
Se le dedicaron dos sesiones, una a puerta cerrada y otra abierta, en el telecentro Gibaravisión, a la presentación y discusión de carpetas de proyectos en desarrollo, que podían ser de ficción, documental y animación, y en cualquier etapa de realización, incluida la posproducción, siempre que las propuestas vinieran de aquella parte del país.
La Factoría de Cine Pobre brindaba la oportunidad de competir por un premio monetario de ayuda a la producción y, además, conseguir apoyo de productoras interesadas en apostar por los proyectos, dentro del ya prestigioso evento creado en 2003 por Humberto Solás.
Bajo el llamado ¡Filma el Oriente!, varios eventos regionales se sumaron a la propuesta gibareña para la confección de la bolsa de proyectos participantes y la creación de un fondo de apoyo a la cinematografía de una región con grandes potencialidades tanto por su personal artístico y técnico, como por la variedad geográfica, social y cultural.
Así, contribuyeron a la realización de la Factoría: el Festival Nacional Por Primera Vez de Holguín, El Almacén de la Imagen de Camagüey, el Festival Itinerante de Cine Comunitario de Granma, la Jornada de Cine Andante de Guantánamo, el Museo de la Imagen y el Sonido Bernabé Muñiz Gibernau, de Santiago de Cuba, entre otras instituciones y promotores del audiovisual.

Escrutinio en dos sesiones
Los realizadores Consuelo Ramírez, Luis Lago e Inti Herrera fueron los responsables del análisis de los proyectos. Su labor consistió en guiar a los cineastas concursantes, realizar sugerencias para el desarrollo y perfeccionamiento del trabajo, así como ser árbitros en las sesiones de pitching.
En la primera de las sesiones, los representantes de los ocho proyectos en disputa enseñaron sus propuestas a los responsables de la Factoría. Mientras que la segunda (el pitching) se realizó con el público interesado, para visibilizarlos frente a las productoras participantes en el Festival.
En un tiempo promedio de diez minutos, abordaron cuestiones como la duración estimada del rodaje y el presupuesto; y, además, cuestiones del argumento y la estética, el mensaje y los temas de las propuestas.
La votación, realizada a través de una planilla, decidió el proyecto que recibirá el apoyo a su producción, así como otros que también obtuvieron ayudas de las productoras vinculadas. Y en el último día del Festival, coincidiendo con la entrega de los premios colaterales en el Hotel Plaza Colón, se hicieron públicos los resultados.

“Un laboratorio para iniciar el camino”
En su primera convocatoria, la Factoría de Cine Pobre premió al proyecto de cortometraje documental Llave de paso, de Osmanys Sánchez Arañó y Martha Iris Sánchez, de Santiago de Cuba.
Este recibirá un apoyo financiero considerable para este tipo de eventos, por valor de 500 000 CUP y el equipamiento de cámaras de Wajiros Films. Además, acompañamiento de asesoría de producción y financiamiento; y el pago total de los procesos de montaje y corrección de color por I4Films, en caso de no tener compromisos previos con otras productoras.
Sánchez Arañó explica que Llave de paso “aborda la historia de un grupo humano y sus actitudes frente a las consecuencias del cambio climático. Y cómo una comunidad ha perdido la empatía entre su gente y ha plagado el caserío de llaves de paso impidiendo a sus vecinos el acceso al agua. Una tácita lucha que les impide unirse en la búsqueda de soluciones conjuntas”.
“La existencia de la Factoría ya es razón para apostar por este escenario y establecer un compromiso ético con el Festival”, expresó el realizador que con su Jíbaro se alzó también con una Mención Especial del jurado de documentales del Premio Lucía y con el lauro colateral de la Federación Nacional de Cineclubes de Cuba.
“Aun cuando se trata de un evento competitivo, establece relaciones con importantes productoras que intervienen en esta ayuda y propicia una visión del oriente poco abordada en el cine cubano. Es un hermoso y potente laboratorio para iniciar el camino de un filme desde una zona del país alejada de otros posibles laboratorios radicados en la capital”, añadió el documentalista.
Desde una pluralidad cinematográfica
Factoría de Cine Pobre otorgó además tres menciones. Una fue para el proyecto de cortometraje de ficción La capitana, de Keiter Castillo, de Camagüey, representada por el productor Adriel Bosch.
Con guion de Noel Silva, aborda un momento de la vida de Cristina Pérez, capitana del Ejército Libertador conocida por “convencer a los indígenas taínos de la zona de Monte Verde y Felicidad del valle de Yateras (Guantánamo) de que se incorporaran a las tropas mambisas”. La capitana contará con asesoría de producción de Wajiros Films y técnica fotográfica y sonido directo de la productora Desde Cero, además de asesoría de producción de I4Films.
Otra mención se entregó al proyecto de cortometraje documental Inanis, de Dayana Araujo, de Holguín, con acompañamiento de asesoría de producción y financiamiento; y el pago total de los procesos de montaje y corrección de color por I4Films. La realizadora es camarógrafa de Desde Cero y estudia en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual (Famca) de la Filial de la Universidad de las Artes-ISA en Holguín.
Araujo apuntó que Inanis pretende “contrastar dos tiempos: finales del siglo XIX y el momento actual, desde las voces de pobladores de Gibara. Con un hilo central compuesto por un pescador, acompañado de otros pobladores del lugar que aportan sus vivencias, las cuales confluyen en espacios en común. Será como una cartografía del pueblo y de Cuba”.
La última mención se concedió a Un violín para Ochún, de Yasmani Castro (Santiago de Cuba) y recibirá asesoría de guion por Wajiros Films.
Este proyecto de cortometraje de ficción, con rasgos de documental, se enfoca en la biografía de Aurelia Crespo y la ceremonia del toque del violín en las prácticas de la santería cubana. La trama se desarrolla en la década del cuarenta del pasado siglo, en la ciudad de Matanzas, cuando los practicantes se oponían a que una mujer llevara a cabo los rituales religiosos.
¿Qué más se presentó en la Factoría?
En la Factoría de Cine Pobre —realizada con la producción de Harold García y el apoyo de Yudy González, directora de Gibaravisión— se presentaron otras propuestas que, de alguna manera, permiten visibilizar los intereses y búsquedas en el audiovisual de los realizadores, mayormente jóvenes, radicados en el oriente de la isla de Cuba.
Luego de vistos los ganadores de esta primera edición, repasemos los restantes seleccionados.
Estudiante de Famca en Holguín, Melissa Sanz presentó un proyecto de animación en stop motion: El milagro de la vida. Este es el capítulo piloto de una serie de diez que pretende ayudar a los niños a comprender muchas dudas que “resultan incómodas de responder por los adultos”.
Desde Guantánamo llegó el corto de ficción Por voluntad propia, presentado por Daniel Esquijarosa. Este construye un monólogo interior con los cuestionamientos del protagonista: un joven atormentado por su aislamiento social. Al estar alejado de su familia y amigos, sumergido en su rutina, se ve interrogado sobre cuál es su asidero real para mantenerse en el país.
El editor Frank Daniel Linares defendió el corto de ficción camagüeyano La cita, ópera prima de Ana Laura Campanería. Esta obra de terror se encuentra en fase de posproducción y trata sobre “una joven que usurpa la identidad de una amiga para asistir a una cita con un artista desconocido y, durante el encuentro, este va desvelando sus verdaderas intenciones”.
Finalmente, Joan Ernesto García, también estudiante de Famca, presentó la propuesta de su trabajo de tesis junto a Arcides García: Una ley en el plato. Lo definió como “un documental de análisis comparativo entre lo que se ha reflejado en la actual Ley de Soberanía Alimentaria y Seguridad Alimentaria y Nutricional y lo que está ocurriendo en realidad, explorando las irregularidades y documentando la vida de cinco familias a lo largo del país”.
Según palabras del ganador Osmanys Sánchez Arañó, la Factoría está en consonancia con los principios del fundacional Manifiesto del Cine Pobre de Solás, pues “permite la empatía y la conexión con una forma distinta de expresión que va desde nuestra manera de hablar, hasta nuestra manera de hacer cine. Y eso, sin duda alguna, dinamiza el lenguaje cinematográfico desde una pluralidad humanista” (2024).
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