Energía y alimentos, algoritmo económico central
La deprimida producción agropecuaria encuentra nuevos obstáculos con el cerco petrolero de Estados Unidos a Cuba
La producción de pequeña escala recupera protagonismo ante la carencia de combustibles para sostener con motores altas extensiones de tierra.
Foto: Jorge Luis Baños/IPS
El bloqueo energético de Estados Unidos asfixia a múltiples sectores de la economía cubana. No solo conduce a la parálisis del transporte y de la generación de electricidad, dos áreas donde golpea de manera más evidente la falta de combustibles. Igual inmoviliza la producción de alimentos, por daños a la agricultura, la ganadería y la industria alimentaria, dependientes todos de un alto consumo de petróleo.
Reportes de la prensa cubana observan que la producción agropecuaria en particular ya está semiparalizada. Sin los combustibles, la agricultura ha perdido un soporte básico, el riego, además de ver detenidos los pocos tractores, camiones y cosechadoras sobrevivientes y los de inversión reciente en cultivos como el tabaco y el arroz.
El año pasado, el grupo empresarial Tabacuba consiguió importar 300 tractores mediante un esquema de financiamiento que facilitó la adquisición con las divisas que genera la exportación de habanos. Distribuidos entre productores privados y cooperativas tabacaleras, estos tractores permanecen ahora bajo la espada de Damocles del cerco energético.
Tragar en seco
Como alternativa, el gobierno dio luz verde a la importación de combustibles por los productores privados de manera directa, apenas un alivio ante la complejidad mayor de la demanda energética en un caso como la agricultura.
El bloqueo petrolero disloca la cadena del cultivo de alimentos en muchos sentidos, según expone un productor líder en la producción de viandas, hortalizas y granos, Abelardo Álvarez, presidente de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antero Regalado.
Por falta de combustibles y de otros recursos de importación, como los fertilizantes y los productos de fumigación, esa cooperativa no ha podido cultivar unas 300 hectáreas, de 500 que posee.
“Tenemos sólo cuatro horas de corriente y no podemos regar como lo hacemos normalmente”, dice Álvarez, al enumerar los conflictos. “El camión con nuestros productos iba tres veces a la semana al mercado de La Habana. Ahora sólo puede hacer un viaje. Y nuestras viandas no llegan tan frescas. Además, no hay baterías, no hay gomas, no hay aceite ni piezas de repuesto para los vehículos”.
El menor abastecimiento a los mercados empuja los precios al alza, que en el caso de los alimentos se revelan como presión principal en las tendencias inflacionarias, según el Reporte de la Economía Cubana del cierre de 2025, publicado recientemente por el Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).
El cerco energético amenaza la discreta recuperación que se propuso el gobierno este año con los principales rubros alimentarios: arroz, frijoles, maíz, leche fluida, huevos, carne de cerdo, viandas y hortalizas, entre otros. El ministro de Economía, Joaquín Alonso, al presentar en diciembre el plan del 2026, anticipó niveles superiores al 2025, aunque los reconoció insuficientes para cubrir la demanda de la economía y de la población.
El arroz, un alimento básico en la nutrición cubana, se mantiene en niveles cuatro veces inferior a las 460 mil toneladas de arroz cáscara húmedo que se pudieron cosechar en 2018, antes de la pandemia. Según las estadísticas de la ONEI, en 2024 apenas redondeó 100 mil 447 toneladas. Esto ha forzado un fuerte incremento de los niveles de importación de ese producto en estos años.
Por falta del paquete tecnológico de importación -fertilizantes, herbicidas, fungicidas, insecticidas y semillas-, la Empresa Agroindustrial de Granos cultiva actualmente solo 6 mil hectáreas de las 23 mil hectáreas de arrozales de que dispone para su explotación en el país. La carencia de combustible, imprescindible para bombear el agua de riego y mover las cosechadoras, agrava el conflicto.

Opciones para comer a oscuras
Entre las alternativas a que ha acudido el país para dinamizar las producciones agropecuarias se encuentra la descentralización de responsabilidades para que las autoridades municipales regulen y contraten directamente las producciones agropecuarias locales.
Urgido de levantar la producción de alimentos por todas las vías posibles, el gobierno dio luz verde a una inversión de nuevo tipo, mediante la cual cede tierras en usufructo por primera vez a una empresa extranjera.
La empresa vietnamita Agri VMA cultiva arroz en una granja de Los Palacios, provincia occidental de Pinar del Río, con una variedad vietnamita del grano de alta calidad, manejo de campos según experiencia de ese país y menor dependencia de las importaciones, cualidad oportuna este última en el contexto actual.
El proyecto vietnamita incorpora tres modelos de inversión foránea: empresa cien por ciento extranjera, lo que implica entrega de tierras en usufructo; producción mixta según variantes de la Ley de Inversión Extranjera; y un tercer modelo que permite a la empresa vietnamita comercializar insumos en divisas para los productores cubanos.

En medio de la crisis representada por el petróleo fantasmal, entre los productores privados, de cooperativas y estatales ha ganado popularidad la inversión en fuentes renovables de energía (FRE), con la energía fotovoltaica en primer lugar.
El cultivo del tabaco, fundamental rubro de exportación de Cuba, elevará este año a 10 mil hectáreas el área bajo riego con estas formas de energía. “Estamos montando 320 nuevos sistemas con bombas que funcionan con paneles fotovoltaicos, y hay mil más que deben llegar al país próximamente”, informó al diario Granma, el vicepresidente primero de Tabacuba, José Liván Font.
Los nexos estrechos entre producción de alimentos y energía se han convertido en algoritmo básico en las cuentas que saca el gobierno de EEUU cuando aplica el bloqueo petrolero a Cuba y en las alternativas que comienzan a explorar los productos agropecuarios de este país. (2026)
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