Apenas comenzando este año, que ya se nos adentra en su segunda mitad, el escritor cubano inició el exigente ciclo promocional que siempre demanda cada libro publicado, no solo en su versión original sino también en sus ya numerosas traducciones.
A este esfuerzo ineludible y necesario se sumaron otros compromisos de trabajo, como sus dos colaboraciones mensuales con el diario español El País, las conferencias y talleres impartidos sobre escritura y temas afines de manera virtual o presencial, las numerosas entrevistas concedidas a diversos medios internacionales y, como ya se ha dicho, la redacción final y revisión de su nueva novela, Morir en la orilla, que llegará a las librerías de España el próximo 27 de agosto.
Una exposición personal y un coloquio literario en la galería Collage Habana sirven de celebración por los 36 años de una polifacética trayectoria creativa.
La lluvia irrumpió más puntual que los apagones programados. Bajo un alero, escribí este mensaje en el móvil: “Lo siento. No podré llegar”, y lo envié al curador Píter Ortega, quien me había insistido que no faltara a la exposición. Atascado a trescientos metros de casa, recordé mi encuentro primero con la obra plástica de Jesús Lara Sotelo. Hará unos veinte años, al costado del Capitolio, en Galería La Acacia y una de las muestras colectivas de paisajes que esa institución organizaba anualmente.
Galardonado con el Premio Julián del Casal de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en 2024, El Sol de las derrotas, poemario de Leymen Pérez constituye uno de los libros más atractivos publicados recientemente por Ediciones Unión.
Con la metáfora de la enfermedad para significar las crisis sociales y existenciales que vive hoy el cubano, el poemario El sol de las derrotas del matancero Leymen Pérez, ganador el Premio UNEAC 2024 es una buena oportunidad de reconciliarse con un género que pierde lectores a nivel internacional.
Donde se revelan los planes que ahora se cuecen en una galería de la Habana Vieja, la historia de más de quince años del dúo que hace expos de carteles y el trayecto de Damián Viñuela hasta convertirse en gran coleccionista.
Mientras el comienzo de una nueva centuria emanaba hacia todas partes su hálito de esperanza, en la Casa de la Poesía de La Habana Vieja, un joven delgadísimo, de pelo largo y oscuro, recitaba con voz rasposa, rostro grave y gestos de performer: “Cuando el poeta Vladimir Maiacovsky optó por el suicidio y ¡pum‑pum! se voló la tapa de los sesos…”