Arroz: en busca de más áreas y mayores rendimientos

Especialistas cubanos aseguraron en 2008 que para satisfacer la demanda de arroz en el país se necesitaban unas 800.000 toneladas cada año.

Jorge Luis Baños - IPS

La cosecha de arroz en la isla sólo cubre 25 por ciento de las necesidades.

Considerados como pepitas de oro por el color dorado de sus espigas, su valor nutricional y alimentar a más de la mitad de la población mundial, los granos de arroz y su leyenda en la cultura asiática están perdiendo su esencia alegórica ante el alto precio de este cereal en el mercado internacional.

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) confirmó que la cosecha de arroz de 2008 será la más grande de toda la historia de este cereal, pero los precios no descenderán a corto plazo. Todo lo contrario, entre diciembre de 2007 y abril de 2008 han subido 76 por ciento. Para el presente año se espera que la producción mundial aumente 2,3 por ciento, hasta alcanzar el récord de 666.000.000 de toneladas, previsiones que podrían cambiar por los desastres climatológicos ocurridos en varios países asiáticos.

Más producción en menor tiempo

En el menú habitual de los pobladores de esta isla caribeña no puede faltar el arroz. Para muchas familias, no tener ese alimento equivale a un caos en el hogar. No disponer de ese “combustible” energético en la mesa representa casi no tener comida.

Por la cuota normada establecida en la pasada década del sesenta y todavía vigente, se distribuye ese cereal a precios subsidiados, a razón de cinco libras por persona y una adicional, a mayor precio. Para la canasta básica de todos sus ciudadanos, este año se dedicarán 480.000 toneladas, y para el consumo de los que laboran en programas priorizados se destinarán otras 80.000. Sin contar las demandas del arroz comercializado en forma liberada, la gastronomía y el turismo. Especialistas cubanos aseguran que hace falta disponer de unas 800.000 toneladas como mínimo cada año para dar respuesta a la demanda interna. El costo de una tonelada producida en el país no alcanza los 400 dólares, mientras en el mercado internacional ronda los 1.500.

La cosecha interna sólo cubre 25 por ciento de las necesidades. Debido al alza de los precios en el mercado internacional, el programa de recuperación de la producción nacional (2008-2013) se ha montado en un tren de alta velocidad, cuyos frenos radican solo en la disponibilidad de agua y personas que quieran dedicarse a ese cultivo, porque tierras ociosas hay bastante.

Dirigentes de los ministerios implicados en establecer precios mejores y únicos para pagar a los productores y establecer un sistema de contratación más eficiente con el Estado, que reduzca las fugas de comercialización por no recoger a tiempo las cosechas, tienen que adoptar medidas con celeridad para que no se perjudiquen los campesinos y la población.

El crecimiento mayor se busca por el incremento de los rendimientos, en estos momentos por debajo de las potencialidades de las variedades utilizadas, al reportarse como promedio nacional poco menos de cuatro toneladas por hectárea, incluidas todas las formas de producción.

El que quiera sembrar arroz tiene dos opciones: o alta tecnología con baja fuerza de trabajo, o mucha fuerza de trabajo manual, como en Asia, donde hay un promedio de más de 15 personas por hectárea. En Cuba, la proporción es al revés: más de 15 hectáreas por cada trabajador, explicó Jorge Hernández, director del Instituto Nacional de Investigaciones del Arroz.

Las autoridades impulsan un programa de recuperación con vistas a sustituir, en un lustro, hasta 50 por ciento de las importaciones actuales. Dentro de ese plan se incluye tanto la producción a gran escala y mecanizada, como las aportadas por pequeñas parcelas.

No menospreciar las parcelas

La entrega de pequeñas áreas para el autoabastecimiento familiar, puesta en vigor en 1994 por el Ministerio de la Agricultura, promovió la producción del cereal a pequeña escala. Con escasos recursos, empeño y sabiduría campesina, se elevó la producción en las parcelas de arroz y disminuyeron los precios en los mercados agropecuarios, al punto que llegó a estabilizarse la libra entre tres y cuatro pesos.

El pasado año, el arroz cosechado dentro de áreas incluidas en los perímetros establecidos por la agricultura urbana ascendió a 104.290 toneladas, cantidad que revela sus potencialidades, sobre todo si se tiene en cuenta que, antes de la fuerte sequía sufrida entre 2002-2004, se llegaron a alcanzar 150.000 toneladas en esas parcelas, cifra que puede superarse ahora, sobre todo en los lugares donde las lluvias han sido abundantes.

La agricultura urbana cuenta con la participación popular de los productores de patios y huertos caseros, los cuales involucran a un millón de personas. Ante la disyuntiva de los altos precios, los responsables de ese movimiento, que recorren el país sistemáticamente, promueven en los municipios, donde hay tierra y recursos hídricos para cultivarlo, un aumento de 30 por ciento de la cosecha durante 2008 en relación con el año precedente.

Adolfo Rodríguez Nodals, jefe del Grupo Nacional de Agricultura Urbana, considera que de los 169 municipios que tiene el país, solo 15 carecen de los requerimientos para crecer 30 por ciento durante este año. La lista de excepción abarca zonas metropolitanas y de la periferia de la capital, como Centro Habana, La Habana Vieja, Plaza, Playa, Regla, Cerro, San Miguel del Padrón, 10 de Octubre, situados en la capital; Varadero y Ciénaga de Zapata, en la provincia de Matanzas; Sibanicú y Najasa, en Camagüey; Antilla y Moa, en Holguín; y Caimanera, en Guantánamo, en el extremo oriental de la isla.

Los productores del municipio especial de Isla de la Juventud, por su parte, anunciaron que tratarán de producir la mitad del arroz que se consume en ese territorio. Antes de la crisis económica hincada en la pasada década del noventa, los complejos agroindustriales más importantes estaban situados en el sur de Pinar del Río, Matanzas, Sancti Spíritus, Camagüey y Granma. Esas estructuras productivas disponían de maquinaria e insumos para explotar grandes extensiones y la elevada tecnificación suplía la escasez de fuerza de trabajo. Cuando el país se quedó sin combustible, tractores y piezas para las cosechadoras, la producción arrocera colapsó y el precio de una libra escaló a 40 pesos o más.

El programa de desarrollo actual del arroz fue explicado por Juan Pérez Lamas, viceministro de la Agricultura, quien indicó que, dentro de las estrategias para disminuir las importaciones del cereal, se deben recuperar antiguas áreas arroceras, incorporar otras nuevas y aumentar los rendimientos. En los ochenta, se dedicaban 150.000 hectáreas y el objetivo es volver a explotarlas y añadir otras, en dependencia de los recursos disponibles. Paralelamente, otras 150.000 hectáreas más del sector no especializado recibirán más atención técnica y estímulos.

Arsenal genético

Cuba posee más de 2.300 variedades del cereal conservadas y catalogadas, las cuales constituyen el mejor banco de germoplasma de América Latina, señaló Hernández. Este arsenal genético está disponible para utilizarlo con el fin de generar variedades más productivas y resistentes a plagas, para luego distribuirlas entre entidades estatales y agricultores dedicados a este cultivo.

Los investigadores cubanos han logrado una amplia colección de variedades adaptadas a diferentes condiciones de suelo y clima. Además, obtuvieron recientemente dos nuevos tipos de arroz con mayores contenidos de hierro y zinc, que se introducirán paulatinamente en la producción. Actualmente se prueban cuatro variedades, pero solo dos deben generalizarse, explican especialistas. Todas poseen características agronómicas acordes con los requerimientos de la agricultura cubana, como resistencia a plagas y enfermedades durante el cultivo y buenos rendimientos, añaden.

El denominado proyecto de biofortificación pretende reducir la desnutrición y mejorar la seguridad alimentaria no solo en Cuba, sino también en Latinoamérica y el Caribe. Se aplica en el arroz y en otros cultivos. El proyecto es financiado por el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) y la Agencia de Desarrollo Internacional, de Canadá (CIDA) y lo dirigen organizaciones internacionales con sede en Brasil, Colombia, México y Perú.

Crecer hacia arriba

Los rendimientos del arroz han estado por debajo de las cuatro toneladas anuales por hectárea, cantidad que puede llegar a cinco y hasta siete y media toneladas. En condiciones experimentales, las variedades logradas por investigadores cubanos tienen potenciales para alcanzar hasta 7,5 toneladas. Pero eso sucede en condiciones favorables, con todos los requerimientos necesarios y en pequeñas parcelas. Cuando ese resultado científico se aplica a una escala mayor, empiezan a aparecer las dificultades y las violaciones tecnológicas, faltan más los recursos y los resultados se van deprimiendo, apuntó el director del Instituto de Investigaciones del Arroz.

En Sur del Jíbaro, Sancti Spíritus, por ejemplo, se obtienen rendimientos de casi cinco toneladas por hectárea; sin embargo, la tierra disponible para cultivar en esa zona especializada equivale a 50 hectáreas para cada persona, agregó Hernández.

Las empresas arroceras están en áreas muy difíciles, generalmente al sur, cercanas a las costas, donde imperan los mosquitos y las condiciones de trabajo son duras, porque los hombres permanecen aislados. Por otra parte, los salarios devengados hasta ahora no se corresponden con el esfuerzo de esos obreros. Hay un envejecimiento de los recursos humanos y sólo podrán atraerse productores, profesionales y técnicos que se quieran establecer en esos lugares mediante mejores estímulos que promuevan su permanencia en esas zonas.

Con el aumento de las áreas de siembra, se demandan más semillas, de ahí que se deban crear condiciones que permitan un sistema de multiplicación de simientes más rápido que el empleado hasta ahora, para cubrir las necesidades del país. Tanto las variedades como las tecnologías que estamos usando en el cultivo son similares a las de los países más desarrollados, precisó Hernández.

El aval de investigaciones y resultados de la ciencia cubana permite que, en las condiciones del país, se pueda sembrar arroz en casi todos los lugares, añadió, pues hasta hemos logrado variedades que pueden adaptarse a terrenos con salinidad.

Los entendidos han hecho hincapié, sobre todo, en obtener tipos de arroz que se puedan desarrollar con poca agua y bajos niveles de agrotóxicos, como pesticidas y fertilizantes químicos, los cuales —además de su alto costo en el mercado internacional—, no pueden ser aplicados en zonas urbanas y periurbanas.

Jorge Cruz Pérez, jefe del departamento de gestión de la calidad del Grupo Agroindustrial Pecuario Arrocero (GAIPA), explicó que, para mejorar la tecnología empleada en el secado de los granos, acometen inversiones destinadas a modernizar la maquinaria empleada en molinos y secadoras, equipos que acumulan más de 30 años de explotación. Ese financiamiento es fundamental para cumplir el programa concebido entre 2009-2013. La reanimación tecnológica en la industria contribuirá a lograr eficiencia energética en el secado, descascarado y demás pasos de la industrialización de este cereal.

Menor impacto ambiental

La producción arrocera mundial ocasiona la mayor de las emanaciones de gas metano originadas por la actividad humana, entre 50 y 100 millones de toneladas anuales, procedentes de 130.000.000 de hectáreas dedicadas al cultivo en todo el planeta. En Cuba, aunque la siembra ocupa una ínfima área con respecto al escenario agrícola internacional, se realizan estudios para minimizar la descomposición de materias orgánicas y restos de vegetales presentes en los campos cubiertos de agua, fuente principal de las emanaciones de gas metano, favorecedor del calentamiento global.

En la nación se ejecutan programas nacionales de capacitación para fomentar el empleo de abonos orgánicos, obtenidos a partir de desechos de la actividad humana, una práctica que favorece el tratamiento eficiente de los residuales.

El arroz es uno de los cultivos más vulnerables al cambio climático por las variaciones en los patrones de lluvias y de temperaturas. Profesionales cubanos, junto con colegas del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, desarrollan un proyecto dirigido a estudios sobre estrés en ese cereal, ocasionado por sequía o la salinidad del suelo.

Miriam Núñez Vázquez, del Instituto Nacional de Ciencias Agrícolas, explicó que estudian el estrés por salinidad en distintas fases del cultivo, así como también el tratamiento de la semilla con Biobrás 6 y Biobrás 16, dos hormonas vegetales que desempeñan un papel esencial en el desarrollo y crecimiento de las plantas, además de estimular el rendimiento de los cultivos. Esta experta es pionera de la obtención en Cuba —mediante un proceso de síntesis logrado en la Facultad de Química de la Universidad de La Habana—, de análogos de estos biorreguladores, cuya producción era patrimonio de pocos países altamente desarrollados.

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