El autor analiza cómo prosperan géneros como el cine criminal, el fantástico y la ciencia ficción en el cine independiente cubano del siglo XXI.
Inspirados por la creciente voluntad de realizar un cine de vocación popular, que asuma sin complejos los paradigmas narrativos clásicos, de Hollywood, y además se adueñe del reservorio cultural y artístico hereditario, los filmes del cine cubano independiente evidencian estructuras narrativas, tipología de personajes, iconografía o visualidad inherentes a varios géneros establecidos. Se trata de géneros impuros, contaminados por los códigos sintácticos y semánticos del cine de autor, elegido en tanto soporte capaz de asimilar múltiples influencias, lenguajes y signos.
El cine independiente cubano ha generado una red de empresas productoras alternativas que organizan y fomentan los flujos creativos de este campo fílmico.
Casi todos los realizadores cubanos surgidos desde finales de los 90 hasta hoy, les han dado identidad a su “independencia” y aunque no existían leyes que los amparaban, en caso, por ejemplo, de abrir una cuenta bancaria o dirimir una disputa por los derechos de autor, en los créditos de sus películas, dejaban bien claro quiénes eran sus principales gestores.
El escritor cubano, que este 9 de octubre celebra sus 65, ya tiene en la cabeza el argumento de su próxima novela en la que reunirá a dos viejos conocidos, el cada vez más escéptico Mario Conde y al más famoso de los proxenetas cubanos, Alberto Yarini.
Los hechos están ahí de manera incontestable. Trece novelas publicadas en más de veinticinco idiomas, cinco libros de cuentos, más de quince de periodismo y ensayo, varios guiones para documentales y largometrajes de ficción y una extensa lista de premios nacionales e internacionales son pruebas contundentes de la madurez creativa alcanzada por el escritor cubano Leonardo Padura, a punto de cumplir sus 65 años de vida el próximo 9 de octubre.
En la animación cubana suele subrayarse la obra de realizadores como Juan Padrón o Tulio Raggi. Pero, junto a ellos, hay creadores que, no por menos conocidos, dejan de ser importantes para el cine nacional.
Slapstick y educación: otros coyotes, otros correcaminos
Parte de la gran colección de marginales fatalmente condenados a plegarse a una norma inquebrantable que acumula la filmografía de Mario Rivas, es también el angustiado protagonista de Los apuros de un gato (1983), cuyo afortunado registro en la cuerda de la muy efectiva comedia slapstick suaviza en gran medida el aleccionamiento unidireccional. El outsider deviene antihéroe trágico que provoca las simpatías en su brega por no dormir fuera de casa, según reglamentan los “expertos” entrevistados en el programa televisivo Ciencia y salud, de existencia efectiva en la Televisión Cubana de esa época.