Recién salido del horno, en este libro, el escritor cubano propone una reflexión existencial justo en uno de los momentos más difíciles que ha tenido que enfrentar la humanidad en los últimos tiempos, en especial, su generación.
Recluido en su casa de Mantilla, a la espera de que comience a disminuir la pandemia mundial del nuevo coronavirus, que también afecta a Cuba, Padura continuó haciendo lo que siempre ha querido hacer: escribir. Y luego de dos años de trabajo, por simple azar poético, el confinamiento preventivo coincidió con la cuidadosa revisión final del manuscrito que entregará próximamente a sus editores españoles, aunque la salida del libro en España, prevista inicialmente para el mes de septiembre, tal vez se vea aplazada a la espera de un momento más propicio.
La cinematografía cubana del periodo clásico tiene múltiples aristas aún por estudiar. He aquí una de ellas.
El antihéroe, específicamente el disidente, apareció en el cine cubano después de 1959, en la filmografía inicial de dos jóvenes realizadores durante el primer lustro de la década del sesenta: Manuel Pérez Paredes con La esperanza (1964) y Humberto Solás con El acoso (1965). Ambos con 24 años de edad, cuando las realizaron.
El gobierno cubano reajusta el Plan de la Economía ante las profundas pérdidas que enfrenta con la crisis de la covid-19, pero también enseña intenciones de acelerar transformaciones del modelo.
La gran incógnita es cuándo saldrá la economía cubana del bache en que ha caído por culpa de la pandemia. Otras interrogantes parecen más fáciles de responder. De la magnitud histórica de la caída y de sus causas, por ejemplo, ya nadie duda. Y acerca de cómo remontar la crisis comienzan a anticiparse señales.
Repasando las novelas de la saga de Mario Conde que nos llevaríamos a una isla desierta, después de haber comentado la tetralogía Las Cuatro estaciones (Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño), y La cola de la serpiente, llegamos a la nueva vida del exteniente, ahora vendedor de libros de uso.