Cuba abre nuevo curso escolar en tiempos de crisis
Déficit de maestros, apagones y el deterioro en centros educativos rurales son algunos de los problemas que enfrenta Cuba en un nuevo curso escolar en tiempos de crisis.
El curso escolar 2026-2027 comenzó la víspera con una matrícula de 1 400 000 estudiantes, que enfrentan un periodo lectivo en condiciones de colapso energético y una crisis multidimensional.
Foto: Jorge Luis BAÑOS/IPS
La Habana, 2 sep.- En medio de una crisis y colapso sin precedentes, Cuba inició un nuevo curso escolar en tiempos de crisis, con apagones, incertidumbre y déficit de maestros, que ponen a difícil prueba a estudiantes, familias y docentes para cumplir los requisitos mínimos de un periodo lectivo.
En 10 000 instituciones educativas las aulas abrieron sus puertas este primero de septiembre para 1 400 000 estudiantes, que serán atendidos por 135 000 docentes, en un curso que priorizará la presencialidad con horarios ajustados según el nivel de enseñanza y las características territoriales
Según admitieron las autoridades, la cobertura docente se mantiene como uno de los cuellos de botella: con 73 % de profesores titulados a nivel nacional, con la capital cubana con la situación más grave.
De acuerdo con la ministra de Educación, Naima Ariatne Trujillo, para suplir el déficit se recurrirá a la incorporación de profesionales de otros sectores como la cultura, la ciencia y la industria, así como la movilización de estudiantes universitarios.
Otra vía será la redistribución de las cargas docentes y permitir que un profesor imparta clases en más de una institución.
Múltiples son los problemas que enfrenta el curso escolar en tiempos de crisis 2026-2027 en un país donde la escasez toca a muchas puertas. Insumos que antes estaban medianamente garantizados, tanto en útiles escolares como en uniformes, hoy constituyen un dolor de cabeza para las familias.
“Como no había uniforme, le compré al niño un pantalón azul, para empezar su séptimo grado”, comentó Norma Castellanos, en una conversación sobre costureras que tenían mucha demanda a finales de agosto para arreglos y modificación de prendas para ser usadas como ropa escolar.
La alimentación, fundamentalmente en centros internos, donde los estudiantes pasan largos períodos sin ir a casa, es también una preocupación. Ante ello, algunas provincias han solicitado a los municipios las cantidades de viandas (tubérculos) que necesitan de acuerdo a su matrícula para tratar de garantizar al menos esos alimentos.
Al iniciar el curso, algunas familias ya conocían que las clases serían de lunes a jueves, en el horario de la mañana. Otras no habían sido aun informadas de cómo funcionaría la escuela, pues las decisiones competen ahora a cada institución y no centralizadas como antaño por la cartera educativa.

Donde el panorama es mucho peor
Para muchas familias el regreso a la escuela se produjo después de una noche sin apenas poder dormir, en medio del calor por los cortes eléctricos, debido a un déficit en la generación de electricidad estimado en 2 410 megawatt (MW), uno de los más elevados según el registro histórico, de una demanda de 3 300 MW y una disponibilidad de apenas 910 MW.
No pueden soslayarse tampoco las condiciones de las escuelas, sobre todo en zonas rurales.
Las visitas realizadas en la oriental provincia de Las Tunas para declarar las escuelas listas para el inicio del curso arrojaron la existencia de múltiples letrinas en mal estado y hasta en peligro de derrumbe, según fuentes cercanas el sector de la educación en ese territorio.
“Esas revisiones debieron hacerse cuando terminó el curso anterior para haber trabajado en eso, de haberse garantizado los recursos necesarios. En las dos últimas semanas de agosto resultaba casi imposible de solucionar, sobre todo cuando no hay de nada…qué mensajes estamos transmitiendo con ello a alumnos y familias”, cuestionó un maestro de uno de los municipios tuneros con mayores problemas de este tipo.
En escuelas rurales, además, los escasos alimentos se cocinarían con leña o carbón ante la falta de otro combustible. En otras, también existe déficit de motores para el bombeo de agua.
En territorios como Florida, en la provincia central de Camagüey, se recurrió a empresas estatales y privadas para contribuir a la reparación, pintura, mantenimiento y limpieza de unos 50 centros escolares.
Para familias en situación de vulnerabilidad económica, se han buscado variantes para entregarles calzado y mochilas, que hoy alcanzan precios imposibles de pagar para el bolsillo familiar promedio en medio de una inflación galopante y un creciente empobrecimiento.
En redes sociales, diversas voces expresaron descontento con el inicio de curso dadas las carencias para darles a sus hijos un desayuno antes de ir a la escuela, la imposibilidad de un descanso nocturno por los apagones, la falta de maestros y el estado deteriorado de las escuelas.

Las vacaciones que no fueron
La crisis multidimensional que enfrenta la población cubana rompió la rutina de las pasadas vacaciones de verano: paseos a la playa, programación televisiva especial de verano, propuestas recreativas para los diferentes grupos etarios, viajes a provincia a visitar familiares o salidas con amigos.
Familias de diferentes niveles adquisitivos consultadas por IPS Cuba refirieron que niñas, niños y adolescentes pasaron el periodo vacacional mayormente en casa, con muy pocos paseos y jugando en el barrio.
La falta de transporte urbano y las insuficientes capacidades interprovinciales, los elevados precios de las ofertas en establecimientos y movilidad privados y la ausencia de propuestas de instituciones culturales adecuadas a los tiempos de crisis, dictaron un verano casi sin actividades recreativas.
“Este verano no hubo ni playa ni muñequitos en el televisor, ni siquiera jugar con el móvil para entretenerse. Ni hablar de ir a un zoológico, donde casi no hay animales, ni al Acuario, con ofertas de precios generalmente inalcanzables”, comentó Vivian, madre de Aisha, de ocho años, residente en la capital cubana.
La etapa vacacional resultó un reflejo de la sociedad cubana actual, de creciente desigualdad social: minorías que pudieron disfrutar de estancias o pasadías en los escasos hoteles abiertos -el 73 % del total están cerrados-, con precios muy elevados y algunos, con exigencias de pago en dólares, y una mayoría que apenas logra cubrir las necesidades básicas. (2026)
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