¿El cuartico está igualito?

Un acercamiento a la literatura cubana hecha por mujeres desde la mirada de algunas de sus protagonistas.

En estos tiempos se hace necesario instaurar y poner en las redes tecnológicas y (o) sociales la literatura hecha por las cubanas

Foto: Jorge Luis Baños_IPS Cuba

En un correo electrónico a la estudiosa Zaida Capote, para una probable entrevista sobre literatura hecha por cubanas, ella responde algunas de las preguntas que le hago, como al pasar:

“Dispersa está [la literatura femenina cubana]; pero hay nortes claros, por ejemplo, la colección Mariposa de Editorial Oriente, o el grupo de narradoras que ha publicado habitualmente en Ediciones Unión. El asunto está en la carencia de un espacio común (algo como una plataforma de información, una red).

”Hay sistematicidad, pero es escasa. Y hablar de una perspectiva global o permanente sobre el desarrollo de la escritura femenina sería demasiado. Sobre todo porque yo creo que estamos todavía acumulando trabajos específicos antes de hacer algo más general (al menos en mi caso).

”Si te fijas, hay autoras que están trabajando el tema hace años (Luisa [Campuzano], Mirta [Yáñez], Susana [Montero], por ejemplo y el último premio Casa de ensayo dedicado a estudios de la mujer fue para una cubana, Yanetsy Pino, por un estudio sobre autoras del centro de la isla. Si hicieras un compendio, verías que hay bastante”.

Zaida se despide con un “espero que estas reflexiones te sirvan de algo”.

Sus palabras no solo me sirvieron de “algo”, se convirtieron en la brújula para emprender −en principio− el recorrido obligado que debía desandar.

El señalamiento, “la carencia de un espacio común (algo como una plataforma de información, una red)”, nos coloca ante una ausencia medular.

Desde la pasada década de los noventa, personas como Luisa Campuzano han ido más allá del análisis de la literatura hecha por cubanas y creado espacios como el Programa de Estudios de la Mujer en la Casa de las Américas, que convoca a un Coloquio anual. También cuentan la apertura de “Magín”; de las Cátedras de la Mujer en las universidades de La Habana y Villa Clara y la Gertrudis Gómez de Avellaneda del Instituto de Literatura y Lingüística, así como la realización de talleres auspiciados por la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas, el Centro Martin Luther King, el Centro Félix Varela y el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, pero como compartimentos estancos, no como vasos comunicantes.

Espacio de debate Mirar desde la Sospecha, coordinado por el Programa Género y Cultura del Grupo de Reflexión y Solidaridad Oscar Arnulfo Romero y la Uneac, con la colaboración de la AECID, la Consejería Cultural de la Embajada de España en Cuba y COSUDE

Foto: Consejería Cultural Embajada de España en Cuba

Más avanzado el tiempo, un grupo de mujeres, entre ellas muchas directoras de audiovisuales, se nuclearon en compañía de algunos hombres en un espacio magnífico en la Uneac, “Mirar desde la sospecha” (2011-2013) −que parecía continuar por los derroteros del lamentablemente abortado grupo “Magín”, creado en 1993 por las comunicadoras.

¡Ay, mariposa…!

Desde Santiago de Cuba, comenta la escritora Aida Bahr, artífice de la colección Mariposa, editora y traductora:

“La colección Mariposa se creó en 2000 (aunque puede que las primeras entregas digan 1999, no estoy segura, en todo caso circularon a partir de 2000). Fue una propuesta mía y encontró resistencia en la editorial porque no se quería establecer divisiones entre la literatura femenina y la literatura a secas, vale decir, sin apellido. Yo entendía y compartía esa posición, pero también había comprobado, durante mis años como investigadora literaria, que la literatura escrita por mujeres había sido preterida y subvalorada a través del tiempo; por tanto, había un vacío importante a llenar.

Por otro lado, no se necesitaban estudios muy profundos para saber que las mujeres eran un sector mayoritario entre los lectores de Oriente, así que la colección resultaba ideal en un momento en que pretendíamos cambiar la imagen que se tenía del sello. Se creó con tres series: Poesía, Narrativa y Estudios (esta última abarcaba ensayos, textos críticos e investigaciones de todo tipo), y desde el principio declaramos explícitamente que se publicarían obras escritas por mujeres o sobre mujeres, incluyendo autores masculinos. De esa forma evitábamos la división de que antes hablé, además de seguir publicando autoras en las restantes colecciones de literatura de la editorial.

”Los tres primeros libros fueron cuidadosamente escogidos: en Estudios salió Cubanas a capítulo, de Mirta Yáñez; en Narrativa se publicó Historias del otro (puedo estar equivocando el título, ahora mismo no lo recuerdo con exactitud), cuentos de Ana Luz García Calzada, y en Poesía sacamos una compilación titulada Mujer adentro, para la cual libramos una convocatoria a las poetisas (o poetas, como se quiera decir) residentes en cualquier lugar del país que no fuera La Habana. Inmediatamente nos acusaron de discriminación, pero a todo el (la) que se me acercó le respondí claramente que las que vivían en La Habana tenían muchas más opciones de publicación y eran muy conocidas. Así también tratamos de subrayar el hecho de que la colección apuntaba a suplir carencias y desconocimientos de cualquier clase.

La editorial Oriente se encargó de sacar a la luz el título “El exilio según Julia” en la colección Mariposa.

Foto: TV Yumurí

”Como colección, Mariposa fue una gran satisfacción para mí. Tuvo un diseño excelente y se logró publicar libros muy importantes […] que constituyeron aportes relevantes dentro de la serie Estudios, además de novelas, cuentos y poesía de primer nivel en nuestras letras”.

Aida Bahr

”Estoy muy orgullosa de ese libro. Enviamos convocatorias a todas las provincias y, excepto de Cienfuegos, de todas nos llegaron textos (más de 70 escritoras nos enviaron poemas y la mayoría decían que no les importaba si no eran incluidas, que estaban felices de que se hiciera ese proyecto). Seleccionamos unas 35 y aparecieron por orden cronológico. Comenzaba con Dinora Alonso y cerraba con jovencitas de veinte años. Lo increíble era la coherencia que había en los temas, recurrentes en todas las generaciones, y las diferencias de expresión de estos de una época a otra. Para que tengas idea de los prejuicios en torno al libro y de su impacto, cuando lo pusimos en el plan fue cuestionado, pues en opinión de algunos, no se vendería porque las autoras eran “desconocidas”.

Por suerte logré que el libro se aprobara y no llegó a las librerías: se agotó en las presentaciones. Hicimos una en cada provincia y en ninguna alcanzaron los ejemplares, pues una tirada de mil era a las claras insuficiente ante la demanda de quienes sí conocían a sus autoras locales y ansiaban verlas más difundidas.

”Como colección, Mariposa fue una gran satisfacción para mí. Tuvo un diseño excelente y se logró publicar libros muy importantes, como Si las mujeres tuvieran sabiduría, de la feminista sueca Marianne Fredriksson, Con acento de mujer, el primer documento público escrito por una mujer en Cuba (una carta al rey reclamando recuperar sus bienes y que se le hiciera justicia a su marido), rescatado por María Elena Orozco, y muchos otros que constituyeron aportes relevantes dentro de la serie Estudios, además de novelas, cuentos y poesía de primer nivel en nuestras letras”.

Volvamos a Zaida Capote, quien dice que hablar “de una perspectiva global o permanente sobre el desarrollo de la escritura femenina sería demasiado”.

A juicio de quien escribe, será obligado fundar una red “en tierra” y en el ciberespacio para colocar los estudios, abrirles espacio a la crítica, la promoción y la literatura hecha por mujeres. En resumen, visibilizarla, sobre todo hoy cuando nuestra industria editorial vuelve a deprimirse por falta de liquidez y papel. Si bien en las décadas precedentes ese propósito resultó impensable, hoy es obligado instaurar y poner en las redes tecnológicas y (o) sociales la literatura hecha por las cubanas. En conclusión: diseñar una estrategia que conecte los espacios que hoy tienen entre sus prioridades, o algunas de ellas,  la perspectiva de género; para no seguir dejando para mañana lo que debe y tiene que ser hecho hoy, sin más dilaciones, en favor de la cultura cubana.

Inmensa, insoslayable, pero sola

El 18 de octubre de 1901 se inauguró en La Habana la Biblioteca Nacional, que sería ubicada en diferentes edificios, hasta quedar instalada en 1957 en un inmueble mucho más adecuado e imponente, en la otrora Plaza Cívica, con el nombre de José Martí propuesto por Fernando Ortiz. En la fachada del edificio revestido de mármoles aparecen tallados los nombres de personalidades insignes de las letras, las artes, la ciencia… Todos son hombres. La única mujer es la inmensa e insoslayable Avellaneda, quien permanece allí sola en la piedra hermosa, pero allí, en un eterno aquí y ahora por siempre. Un hecho acorde con la dominante cultura patriarcal.

La literatura femenina cubana había sido inaugurada en el período colonial por la marquesa Jústiz de Santa Ana y la Condesa de Merlín. Es Gertrudis Gómez de Avellaneda la pluma mayor del siglo XIX, quien sobresale (y sufre) por sus concepciones y actuación de adelantada, en relación con las demandas que hoy llamamos de género. El cine cubano le debe una mirada desde la ficción, pero si de transgresoras se trata, han tenido más fortuna las historias sensacionalistas, por así decirlo.

Durante las primeras décadas de la República, las escritoras cubanas −en particular las narradoras− lograron obras de calidad, al tiempo que participaban en las polémicas sociales y políticas del período. Es en medio de este ambiente que crecen Renée Méndez Capote y otras futuras escritoras.

A partir de 1959, con el triunfo de la Revolución empeñada en poner fin a la injusticia social y labrar una vida mejor para cubanas y cubanos, la mujer es representada con dignidad en la luchas emancipadoras: desde la esclava Carlota, las más de 2000 mambisas que tomaron parte en las guerras de independencia, hasta las muchachas que, incorporadas en el Movimiento 26 de Julio y aun en otros, daban batalla en la ciudad y la montaña, a riesgo de entregar −como entregaron− sus vidas.

Son años de rupturas y vacíos; de conquistas y reveces; ganancias y pérdidas; de defensa del triunfo bien ganado, agresión, destrucción y muerte; de carencias, de luchas por la igualdad ciudadana, racial, entre hombres y mujeres. Las mujeres no solo salen de casa y “abandonan” el rol de esposas-madres-amas de casas; son trabajadoras, milicianas, seres pensantes y actuantes, que comienzan a ser independientes o a luchar por su autonomía.

Fuerte presencia, aunque con cierto retraso y ¿ninguna? promoción

Una selección de narrativa femenina cubana, con un acercamiento desde la crítica literaria, bajo el título de Lecturas atentas. Una visita desde la ficción y la crítica a veinte narradoras cubanas contemporáneas, está disponible en Internet, publicada bajo el sello Almenara, con sede en Holanda. La obra, compilada por las escritoras y académicas Mabel Cuesta y Elzbieta Sklodowska, sirve para revindicar la literatura femenina y feminista en y de Cuba.

Desde finales de la década de los setenta y durante los años ochenta del pasado siglo, es evidente el auge en la narrativa femenina cubana. No obstante, a juicio de la periodista Helen Hernández Hormilla: “Se encuentra retrasada en cuanto una potente hornada de escritoras latinoamericanas, que en la sexta y séptima décadas del siglo [pasado] llegaron a producir un verdadero ‘boom editorial’”.

En Cuba, durante la pasada década de los ochenta, se produce un explosivo renacimiento en las artes y las letras, en particular en la plástica. En La Habana, sobresale la obra literaria de algunas mujeres: Rosa Ileana Boudet, Mirta Yáñez, Lina de Feria −quien venía haciéndose sentir, desde finales de los sesenta, en las páginas de El Caimán Barbudo−, Reina María Rodríguez, Chely Lima, Daína Chaviano, Cira Andrés, Soleida Ríos y Marilyn Bobes, para mencionar las capitalinas  (o radicadas en La Habana).

Para la siguiente década de los noventa, existe un discurso desde el género que se afirma en la diferencia y la identidad de las mujeres. “La escritura de mujeres es diferente, pues responde a experiencias discursivas y de lenguaje, posición histórica y cultural, convenciones, contradicciones, patrones de conducta, representaciones sociales que las hacen reaccionar de manera singular”,  afirma Helen Hernández Hormilla en su libro Mujeres en crisis.

¿Sombras nada más?

En opinión de Laidi Fernández, “muchas de las incluidas en la antología Sombras nada más nos dimos a conocer en la década de los noventa. Aunque fuimos dadas a la luz pública en esos años tenebrosos, cada una tiene un estilo propio y, a pesar de que abordamos asuntos similares −al inicio de nuestras carreras literarias−, no nos parecemos, por fortuna. Han pasado casi 30 años y algunas de las narradoras que surgieron en aquel entonces ya no escriben, o al menos no estoy al tanto de sus textos. Otras, como sucede en la vida, seguimos en el mismo camino, de manera que la década de los noventa no hizo más que permitir que brotaran voces femeninas en una cantidad nunca antes vista. Habría que preguntarse si de todas formas no hubiera ocurrido esta explosión.”.

Hoy sabemos más

Interrogada sobre probables avances en la calidad y cantidad de la literatura hecha por las cubanas, recientemente, Zaida Capote opina: “antes, las condiciones eran distintas. ¿Significa eso que proporcionalmente son más las autoras? Quizás sí. Pero evito hacer ese tipo de simplificaciones, sobre todo porque no me parece que sirvan de mucho”.

De su parte, Aida Bahr opina: “Desde los años noventa, las mujeres invadieron las publicaciones en Cuba. Hasta entonces tenían presencia en la poesía y la literatura para niños, pero ya luego se hicieron fuertes en todos los géneros. Si alguien lo duda, basta con revisar los catálogos de las editoriales e incluso la proporción de las mujeres en los premios importantes, incluido el Premio Nacional de Literatura”.

La Premio Nacional de Literatura 2018, Mirta Yáñez, dice: “algunos críticos le daban demasiada importancia a esa etapa y en realidad lo positivo era el reconocimiento de la escritura de las autoras cubanas. Uno de los elementos que contribuyó fue mi antología Estatuas de sal (hecha junto a Marilyn Bobes) y la inauguración en Santiago de Cuba de la colección para libros escritos por mujeres. Y autoras que comenzaron a escribir de nuevo, como la estimada y ya fallecida Esther Díaz Llanillo. El cuartico no está igualito”.

Contra el embargo intelectual

Algunas de las mejores escritoras cubanas (narradoras y poetas) han encontrado un espacio excepcional en los Estados Unidos. Sara Cooper, una profesora estadounidense, creadora de la editorial sin fines de lucro Cubanabooks, que publica en internet y en papel libros bilingües, explica los porqués:

“En 1997, el feliz encuentro con Mirta Yáñez y la lectura febril de la colección de cuentos que me brindó, me cambiarían la vida por completo. El nuevo mundo que me abrieron las cubanas no cesaba de interesarme y poco a poco pude conocer a muchas de ellas. Las respeto por la fuerza, la determinación, la creatividad y la erudición que caracterizan su escritura, y las quiero por su inmensa generosidad y el cariño que me han enseñado. En los 20 años que tengo con la Universidad Estatal de California en Chico, he incorporado la obra de mujeres cubanas en casi todas mis clases. Desarrollé un curso exclusivamente sobre literatura y cine cubanos, en el cual leemos cuatro o cinco libros por mujeres, además de varios poemas y cuentos escritos por hombres y mujeres de la isla. Sin excepción, los estudiantes han apreciado la calidad de la escritura, tanto como el interés de los temas tratados. Ahora, varios de mis colegas también incorporan libros de Cubanabooks en sus clases.

Había una carencia de literatura cubana en general, y especialmente de mujeres, en los Estados Unidos -debido al embargo intelectual que fomentaban exiliados anti-castristas y los colegas universitarios de perspectiva conservadora. Las editoriales reconocían la calidad de las mejores escritoras de Cuba, pero no querían arriesgarse a aceptar sus proyectos. Yo no iba a aceptar que la situación siguiera así y, con el apoyo de Mirta Yáñez y Nancy Alonso, empezamos la editorial bilingüe Cubanabooks. Ellas fueron las primeras autoras de la editorial, luego Aida Bahr, Georgina Herrera, Nancy Morejón, Zurelys López de Amaya y Uva de Aragón (en Miami). Están en los últimos pasos de edición nuevas obras por Esther Díaz Llanillo, Margarita Mateo Palmer y Laidi Fernández de Juan. Hemos aceptado proyectos de otras autoras, como Lourdes Pasalodos y Esther Suárez Durán”.

Sin dudas, la literatura hecha por cubanas ha crecido en las más recientes tres décadas. Se abre ahora la interrogante de qué puede suceder, ya no a la obra literaria de las mujeres, sino a la literatura cubana, ante la actual falta de liquidez y papel. Las redes tecnológicas o sociales parecen ser el camino para su publicación, pero ello no garantizaría la socialización de las obras. El año 2020 arrastra un problema que se dejó sentir en el precedente y sucede de manera cíclica en Cuba, dados los altibajos de la economía nacional. (2020)

Un comentario

  1. Mirta Yáñez

    Magnifico tu texto Y quizás ya el cuartico ha mejorado.

Normas para comentar:

  • Los comentarios deben estar relacionados con el tema propuesto en el artículo.
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas de este sitio.