Bendición maldecida

Intensas precipitaciones alivian en Cuba el castigo de un 2015 de fuerte sequía, pero responden a una alteración climática que ha dañado a cultivos de viandas y hortalizas.

Con precipitaciones intensas recibió el 2016 a los cubanos, confirmando la alteración climática de estos meses de seca habitual.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Después de un año de severa sequía parece difícil que las lluvias sean maldecidas, pero las intensas precipitaciones con que comenzó 2016 en Cuba han llegado en un momento inoportuno en extremo para la agricultura. Reportes recientes de los medios de prensa confirman daños en cultivos importantes para la alimentación de la familia cubana y también para la agroindustria azucarera.

Las lluvias se han multiplicado desde noviembre hasta la fecha, en la temporada de seca habitual del clima cubano. Para acentuar la paradoja, casi habían desaparecido en los meses húmedos, de mayo a octubre, al punto de ser comparada la sequía del año, arrastrada desde el 2014, con las más crudas en un siglo. Las afectaciones en las reservas de agua se sintieron no solo en el sector agropecuario. También generaron tensión en el abastecimiento de agua potable a la población.

Las reservas de los 242 embalses administrados por el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) disminuyeron a niveles críticos: un 36 por ciento de llenado a mediados del 2015.

Un informe presentado a los diputados a fin de año por el INRH identificó que hasta diciembre 137 de los 168 municipios del país habían sido declarados en sequía: 37 en sequía moderada, 50 en sequía severa y 50 en sequía extrema. Producciones como el arroz, cereal básico en la dieta cubana, registraron fuertes pérdidas.

Sin embargo, las precipitaciones aumentaron progresivamente a partir de noviembre. Cuando concluyó el año las presas almacenaban 4.810 millones de metros cúbicos, el 53 por ciento de la capacidad total. Trajeron un alivio que con el inicio del 2016 se ha convertido en una bendición contradictoriamente cada vez más inoportuna para varios cultivos.

Alteraciones climáticas asociadas con el fenómeno meteorológico El Niño/Oscilación del Sur ENOS se han sentido de manera muy diversa en el Caribe. En Cuba han generado un invierno cálido y húmedo, que demoró acciones como la siembra de tomate y papa -habitualmente comienzan entre noviembre y diciembre-, dañó semilleros de hortalizas, y amenaza con inutilizar sembrados de frijol, otro de los alimentos básicos entre los cubanos.

Las lluvias recientes han afectado los rendimientos de cultivos muy esperados por el consumidor cubano, como la papa y el tomate.

Las lluvias recientes han afectado los rendimientos de cultivos muy esperados por el consumidor cubano, como la papa y el tomate.

Antes de desatarse las lluvias más fuertes de inicio de año, Osmar Méndez, jefe de Hortalizas del Ministerio de la Agricultura (Minag), informó que las precipitaciones de diciembre habían provocado pérdidas. En el mes final de 2015, los productores se habían propuesto recoger cerca de 35.000 toneladas de tomate, pero por inclemencias del tiempo solo cosecharon unas 20.000. En similar fecha del año 2014 habían recogido 50.000 toneladas de esa hortaliza, comparó Méndez.

Los daños se percibieron en la escasez del tomate en los mercados agropecuarios y en sus altos precios. También se sintieron afectaciones en otros rubros, sazonadas por intensos debates populares acerca de las causas de la poca oferta y las medidas que prometió estudiar el gobierno, el Presidente Raúl Castro en persona, para enfrentar niveles de precios superiores a la media de ingresos de un cubano.

Según el jefe de Hortalizas del Minag, los rendimientos cayeron también en siembras tempranas de frijol, efectuadas en septiembre. El desarrollo de las vainas se vio afectado por el exceso de humedad y las elevadas temperaturas, dos factores que favorecieron igualmente el ataque de plagas.

Expertos del Ministerio comentaron a la prensa antes de concluir el 2016 que el cultivo de otro alimento muy demandado, la papa, podría resistir y cumplir los planes pese al atraso de las siembras previstas para noviembre por las lluvias, pero noticieros televisivos más recientes reportaron daños en sembrados de papa, por exceso de humedad, en provincias líderes en la producción del tubérculo: Mayabeque y Artemisa, ubicadas al sur de la capital.

La zafra azucarera se sumó a los afectados. Después de sufrir los cañaverales por la sequía previa, el exceso de humedad ahora, en meses de cosecha, dificulta el corte de caña y reduce sus rendimientos de azúcar. Varios centrales azucareros que tenían planificada su incorporación en diciembre, pospusieron su entrada en la zafra, a la espera de condiciones más propicias, que enero no les ha ofrecido aún.

El horizonte no se muestra despejado según los meteorólogos, que predicen la reiteración de lluvias intensas hasta marzo. Llegan para apagar una sequía que tomaba giros peligrosos, pero el exceso de humedad tiene también un costo. (2016).

 

 

 

 

 

Un comentario

  1. Giordan

    Cuando no es Juana, es la hermana, jajajaja. No se había pronosticad el fenómeno ENOS? Por qué el Ministerio de la Agricultura no tuvo en cuenta ese detallito al planificar las siembras y las cosechas. Cómo se las arreglan otros países expuestos a los mismos rigores del clima que, en cambio, sí tienen una agricultura eficiente?

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