Más visibilidad para las veteranas, insisten feministas cubanas

La no gubernamental Unión de Escritores y Artistas de Cuba pretende publicar un libro sobre ellas.

Gladys Marel García, Mirta Rodríguez Calderón y Gina Leyva durante el coloquio Cultura de resistencia y cubanidad: el coraje tuvo nombre de mujer.

Foto: IPS_Cuba

La Habana, 23 jun.- Aunque la participación activa de las mujeres en las guerras por la independencia de Cuba desde el siglo XIX hasta hoy es rica, extensa y transgresora, apenas son conocidas ni sus aportes divulgados en medios de comunicación, sostienen feministas.

Este problema fue analizado en el coloquio Cultura de resistencia y cubanidad: el coraje tuvo nombre de mujer, por las intelectuales Gina Leyva, Mirta Rodríguez Calderón y Gladys Marel García, que también protagonizaron las luchas clandestinas de los años 50 del siglo XX relacionadas con la Revolución Cubana de 1959.

También arrojaron luces sobre cubanas de todas las épocas que desafiaron prejuicios y a sus familias para incorporarse a la lucha, en el encuentro, realizado el 21 de junio, en la sede de la no gubernamental Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), con un auditorio donde destacó la presencia de Delsa Esther (Teté) Puebla, la primera mujer en alcanzar el grado de general en Cuba.

A juicio de Leyva, la acción y pensamiento de esas mujeres de los siglos XIX y XX representan la continuidad de las generaciones revolucionarias y simbolizan la cultura de resistencia de la historia de Cuba, sustentada en el pensamiento patriótico nacionalista.

Leyva y Marel recordaron también cómo las muchachas sirvieron de mensajeras, escondieron a luchadores clandestinos, transportaron armas, vendieron bonos para recaudar fondos, y algunas hasta se incorporaron a la guerrilla en las montañas del oriente cubano.

Por sus acciones, fueron arrestadas, torturadas y asesinadas.

Sin embargo, Rodríguez cuestionó: “¿cuándo fue que adquirieron grados importantes las mujeres, ocuparon escaños en el Parlamento y en muchos espacios de poder a los cuales se habían ganado el derecho?… muy recientemente y de a poco”.

Las escuelas cubanas formadoras de militares tienen cantidades similares de jóvenes estudiantes mujeres y hombres. En la foto se muestra una representación de esas escuelas durante una marcha cívica y militar en La Habana, en 2017.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Rompiendo barreras

“Con frecuencia se suele subestimar la participación y el valor del estudiantado de la segunda enseñanza en el clandestinaje, más si ese estudiantado vestía de faldas. Es una injusticia a reparar”, destacó Rodríguez, a la vez que cuestionó el bajo porcentaje que ocupó cargos importantes o ganó grados militares significativos.

“Muchas muchachas que cursaron estudios en diferentes centros, llegaron a conocerse en las manifestaciones; luego, en las iglesias, donde el recordatorio a los mártires era una forma de lucha; más adelante, en las acciones clandestinas; después, en la gran huelga estudiantil y hasta en los calabozos…”, rememoró.

Hijos e hijas de su tiempo, recordó Rodríguez, nuestros muchachos, mayoritariamente, eran sobreprotectores, “algunos confesaron que nos discriminaban no porque nos consideraban inferiores, sino para cuidarnos”, lo que las obligaba a una militancia múltiple en varias organizaciones, buscando un modo de hacer más contra la tiranía.

Aunque no las dejaban acceder a las escasas armas, “para esconder balas y cosas, el valor y la entereza de las compañeras no tuvo igual. Ellos penetraban en los cuarteles; ellas les daban el cóctel, distribuían bombas”, indicó.

“Este rápido bosquejo sobre quiénes éramos y cómo luchamos las mujeres en el enfrentamiento a la dictadura (de Fulgencio Batista, 1952-1959), les daría a nuestros jóvenes una dimensión de la amplitud de nuestra lucha y de lo poco reconocida que esta fue”, enfatizó la ponente.

Luchadoras feministas

A su juicio, aunque no se llamara entonces así, nosotras si teníamos conciencia de género.

“Teníamos que ser superiores, para ni siquiera ser iguales”, consideró y destacó que tuvieron que enfrentarse, en primera instancia, a la dictadura, pero muchas tuvieron que hacerlo también a sus familias y parejas.

“La conciencia de que pertenecíamos al género femenino, discriminado y marginado en aquella sociedad, se expresaba también en que asumíamos el reto de ser vistas también de una manera singular por otras mujeres, que se solazaban con el rol de `damiselas encantadoras en sus casas, destinadas al matrimonio y la maternidad´”, apuntó.

Eran clasificadas por los sicarios con epítetos que cuestionaban su feminidad o las presumían apenas seguidoras inconscientes de un hombre, cuando en realidad, algunas tenían entre sus ideales la conciencia definida de construir una sociedad que ofreciera posibilidades a las mujeres, valoró Rodríguez.

Una indagación realizada 60 años después por Rodríguez entre algunas de esas mujeres, arrojó que no se arrepienten de lo que hicieron pero la mayoría considera que hace falta arreciar la mano contra la corrupción causante de desigualdades impensables.

También mostraron preocupación por la cantidad de jóvenes que hoy se sienten inconformes y desean emigrar y la resignación por la pobreza, junto a la convicción de que todavía a ellas les quedan batallas por ganar, reveló Rodríguez en el encuentro. (2018)

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