En las redes sociales, muchos cubanos critican la ejecución de un evento tan demandante en medio de las finanzas paupérrimas del país, mientras que otros la celebran por el poder de convocatoria, el fomento de la cultura o, simplemente, porque “mata” el aburrimiento.
Tras el aislamiento provocado por la covid, la isla no ha podido recuperar debidamente su industria turística, a diferencia de otros competidores del Caribe.
Actualmente, la economía, sumida en una honda crisis, sigue mayormente controlada por el Estado, aunque en los últimos años han aumentado los espacios a la participación privada, con mayor presencia en sectores como el comercio y la tecnología, entre otros.
Frente a la cada vez más crítica situación socioeconómica en la nación insular caribeña, y las trabas de la administración estadounidense actual, España se ha erigido como un destino primordial para los cubanos, no solo por la proximidad cultural y algunas facilidades para la migración, sino específicamente por la Ley de Memoria Democrática.
Como el fin de las sanciones unilaterales de Estados Unidos es una cuestión vital para el desarrollo de la economía de la isla, la cancillería cubana siempre ha tratado esta votación como un asunto prioritario.
Además del dengue, este año se han juntado otros rebrotes de arbovirosis como el chikunguña, el zika o el oropouche, cuyos virus lo transmiten variedades del Aedes o incluso de algún jején.