Desarrollo de empresas y estrategia, en tiempos de ordenamiento en Cuba
El fortalecimiento y dinamización de las empresas es condición esencial en todo plan o programa de desarrollo.
Sin un tejido empresarial robusto y dinámico, cualquier agenda de desarrollo de un país no pasará de la intención.
Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Las difíciles circunstancias en que se desenvuelve la economía cubana, en tiempos de pandemia, y con transformaciones desde 2011 a las que se añaden ahora los recientes cambios en el enfoque sobre el trabajo por cuenta propia y la puesta en práctica del Ordenamiento Monetario -este con todas sus implicaciones y ajustes en la marcha- complejizan todavía más el manejo simultáneo de dos dimensiones: la urgencia y la importancia.
Este manejo constituye un dilema clásico de la dirección de las organizaciones, donde lo estructural y lo coyuntural, la inmediatez y el largo aliento se superponen y no pocas veces tropiezan estrepitosamente entre sí, impidiendo avanzar.
Resulta bastante obvio que sin un tejido empresarial robusto y dinámico, cualquier agenda de desarrollo de un país no pasará de la intención. El desarrollo no es sólo multidimensional (lo económico, social, cultural, ambiental…) también es «multinivel». Así, no basta tener una perspectiva nacional, ramal o territorial plasmada en programas y planes para esas instancias, con sus vínculos correspondientes.
Bases para el desarrollo
En el caso de Cuba, se cuenta con las Bases para un Plan de Desarrollo al 2030, que incluye una visión de la nación a esa fecha y más recientemente se han formulado estrategias que deben respaldar dicho plan en plazos más breves, con objetivos y actividades en 16 áreas. Es de esperar que se incorpore la perspectiva de desarrollo de una capacidad empresarial en el país que haga ciertos estos propósitos. Tomando como pivote el dilema enunciado al principio, urge accionar sobre un tema tan importante.
Abordarlo en detalle rebasa el espacio disponible para esta nota, por lo que aquí se formulan solamente dos interrogantes asociadas al asunto:
¿Qué entender por desarrollo de una empresa?
¿Qué aspectos deberían aparecer en una agenda de desarrollo de una empresa?
De la misma forma en que se reconoce que el desarrollo de un país no puede reducirse al crecimiento económico, tampoco podría identificarse que un crecimiento en ventas u otros indicadores económicos que exhiba una empresa signifique que se está en presencia de una empresa «desarrollada». Coyunturas favorables pueden determinar ese resultado para un momento dado, más allá de la calidad y sostenibilidad de ese crecimiento y un desempeño adecuado en otras dimensiones.

Una primera aproximación al desarrollo de una empresa sería considerarlo como un proceso orientado a mantener la sostenibilidad interna de la empresa en la interacción con su entorno, expresada en resultados duraderos y equilibrados entre sí, en cinco áreas interrelacionadas:
- economía ( indicadores de eficiencia, otros indicadores económico- financieros)
- clientes ( incremento, satisfacción, retención…)
- capacidades internas (de innovación, aprendizaje, operacionales, entre otras…) ,
- las personas (su rendimiento, compromiso, competencias…)
- responsabilidad social (lo ambiental, contribución al desarrollo local, a la equidad…)
Prioridades de la agenda
Responder la segunda interrogante pasa por prioridades que constituyen tendencias de la gestión empresarial moderna, ahora catalizadas por un «hecho social total»: la pandemia, sus efectos inmediatos e impactos de más largo alcance.
Centrando la atención en nuestras agrupaciones empresariales estatales y sus integrantes (actor económico fundamental en Cuba), entre esas prioridades que debieran estar en sus agendas de desarrollo se incluyen el fomento de la innovación y del emprendimiento, una mayor orientación al cliente, el fortalecimiento de sus marcas, el desarrollo del talento y de capacidades como las ya mencionadas.
El soporte organizativo necesario para gestionar una agenda de desarrollo de la empresa (y muy importante, desde ella), en correspondencia con el plan de desarrollo nacional, se encuentra en la dirección estratégica como enfoque de dirección empresarial y el diseño e implementación de sistemas integrados de gestión, basado en normas internacionalmente aceptadas , por ejemplo las normas ISO.
Sin embargo, las evidencias de no pocos trabajos de investigación sobre gestión empresarial a lo largo de estos años muestran que el nivel de partida existente sobre estos temas todavía no cuenta con la solidez necesaria al interior de nuestras empresas estatales. Las causales trascienden ese plano interno. También son contextuales, como se sabe. * Fin primera de dos partes. (2021)
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