Mujeres cubanas en la ruta del emprendimiento solidario
El proyecto Mujeres carpinteras genera autonomía económica, redefine oficios y teje redes de solidaridad, en un contexto social complejo
El proyecto ha contribuido a la transformación del imaginario social sobre los oficios y a la generación de referentes locales femeninos
Foto: Cortesía de Zulan Popa
La Habana, 23 feb.- En un taller donde el aroma a madera fresca se mezcla con el sonido de sierras y martillos, un grupo de mujeres no solo construye muebles, sino también contribuye a edificar un nuevo imaginario social. Se trata del proyecto Mujeres carpinteras, una de las iniciativas que lidera el habanero Proyecto de Desarrollo Local La Manigua.
Bajo el acompañamiento de la coordinadora Zulan Popa, el proyecto tiene su sede actualmente en el taller de carpintería y metales Factoría Espacios, en Centro Habana, y desde allí está transformando vidas y desafiando estereotipos de género en oficios tradicionalmente masculinizados.
Lo que comenzó como un espacio de aprendizaje ha devenido emprendimiento colectivo viable que desarrolla habilidades transferibles, comunicación y liderazgo. Las integrantes del proyecto no solo reciben capacitación técnica en carpintería y herrería, sino también formación en gestión empresarial, economía solidaria y perspectiva de género.
“Ya no solo se trata de comprar materias primas, crear un producto y venderlo. Hay que entender todo el proceso, que es más complejo, especialmente en el actual contexto”, explica Popa en alusión a las dinámicas sociales que rodean el tejido de los nuevos actores económicos en Cuba.

Abrir oportunidades laborales reales y sostenibles
El éxito se mide en objetos tangibles y en cambios intangibles. Los bancos escaleras fabricados por Salomé, una de las participantes, son la prueba material de la habilidad adquirida. Pero el impacto más profundo reside en la autonomía. “El objetivo es que ellas puedan, a través de su oficio, sostenerse económicamente”, subraya Popa.
Este empoderamiento económico es el primer paso de una transformación personal que las lleva a ser protagonistas de sus propias historias. Antes eran féminas con trayectorias educativas inconclusas que enfrentaban graves dificultades para insertarse en el mercado laboral.
La falta de redes, oportunidades y acompañamiento contribuía a perpetuar así la vulnerabilidad económica. Los oficios disponibles para ellas solían reproducir estereotipos de género, por lo que las limitaban a tareas menos valoradas y peor remuneradas
El proyecto ha desbordado sus fronteras iniciales, al generar una demanda en el mercado local de sus productos y, lo más importante, ha despertado el interés de otras mujeres. “Nos dimos cuenta de que había mujeres de otros municipios, incluso mayores de 24 años, interesadas en aprender”, comenta Popa.
Este fenómeno ha contribuido a la creación de una red de referentes locales femeninos, crucial para inspirar a otras. “Sirve de estímulo para entender que sí se puede aprender, que sí se puede hacer, producir y vender”, agrega.
Uno de los logros más significativos es la creación de una “red de sororidad” entre mujeres que se desempeñan en oficios dominados por hombres. Esta solidaridad es un capital social invaluable en un camino lleno de desafíos.

El entramado institucional
Por un lado, la iniciativa opera bajo el paraguas de Factoría Espacios, que proporciona un marco legal para el emprendimiento. Por otro, ha requerido adaptar regulaciones y luchar por el establecimiento de talleres propios.
El apoyo de profesores y profesoras comprometidos, algunos vinculados incluso a proyectos académicos universitarios, ha sido un pilar fundamental. “Un grupo de estudiantes del Instituto Superior de Diseño se han insertado dentro de una asignatura que ayudó a crecer esta iniciativa”, destaca Popa, evidenciando la simbiosis entre academia y comunidad.

Estas mujeres hablan de la resistencia, del orgullo que sienten por el trabajo bien hecho y la esperanza en un futuro donde su progreso personal y el de sus familias se entrelace con el de su comunidad y su nación.
El proyecto es, en esencia, más que un taller. Es un caso de estudio sobre cómo el emprendimiento con enfoque de género puede ser una herramienta potente para la transformación social, la independencia económica, la autoconfianza y la construcción de nuevas realidades para mujeres que han decidido que su lugar está en un taller de carpintería. (2026).
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