La economía cubana en 2018: Otro camino empedrado

Cuba está abocada a muchos retos para superar su crisis económica.

Eliminar la dualidad monetaria y cambiaria supone el más serio y complejo desafío a encarar por la nación caribeña.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

Desde modificar trabas institucionales, hasta profundizar en factores internos que no potencian el crecimiento y eliminar la dualidad monetaria y cambiaria, una de las medidas más necesarias y complejas de resolver.

La cubana es una economía pequeña, subdesarrollada y con fuertes desequilibrios internos y externos, por lo cual sufre una crisis estructural profunda; y los contextos internacionales no la favorecen en ningún sentido: sean altos o bajos los precios del petróleo, sean altos o bajos los precios de los productos primarios. Estos, si son bajos, la pueden beneficiar en las importaciones de productos agrícolas, pero la afectan en las ventas de otros renglones, como el azúcar.

En fin, la estructura importadora y exportadora cubana no favorece una tendencia al alza o la baja, como ayuda o afecta a otras economías.

Por lo tanto, para superar su crisis económica, Cuba tiene que asumir muchos retos no encarados hasta el momento y que pasan por cambios institucionales profundos.

El promedio de crecimiento económico del PIB a precios constantes entre 2008 y 2017 fue de dos por ciento, con un resultado económico positivo en 2017, al crecer la economía 1,6 por ciento, después de un decrecimiento de 0,9 por ciento en 2016.

Entre los principales factores que incidieron negativamente en 2017 destacan el ya habitual incumplimiento del plan de exportaciones de bienes, a lo cual se suman las disminuciones de los cobros por servicios exportados. Al igual que en 2016, la inestable disponibilidad de combustibles ha sido un factor estresante, tanto por la baja en la producción de los pozos nacionales como por la llegada tardía de importaciones de combustibles de Venezuela por dos años consecutivos. Otros factores recurrentes son los asociados a los problemas climáticos, incluidos los daños que provocó el huracán Irma.

Entre las actividades que contribuyeron al crecimiento de 2017 está, en primer lugar, el turismo, con un incremento del número de visitantes de 11,9 por ciento. Lo que habría que analizar es la eficiencia de esa industria turística, ya que Cuba, en el Caribe, no es el país que más recursos recibe por habitación hotelera existente. La dinámica de las comunicaciones y el transporte tuvo un incremento de tres por ciento; así igualmente la agricultura, pese a que la gente aún no siente la mejoría del crecimiento de algunas producciones agrícolas, ya que los precios de venta son muy elevados para una gran parte de la población.

Es incomprensible que, habiendo aún tierras ociosas, incluidas tierras entregadas en usufructo para la producción, en 2017 el país haya importado en alimentos unos 1.672 millones de dólares.

En las tiendas minoristas en divisas y en la economía en general se ha observado escasez de determinados productos de consumo importados o producidos en el país. Las importaciones menguaron por el incumplimiento de los pagos a proveedores, pese al largo período que se establece para ejecutarlos, que en algunos casos sobrepasa los dos años.

En la historia reciente de la economía cubana, el plan de inversiones que se planifica siempre se ha incumplido. En 2017 se logró 90 por ciento del plan previsto, lo cual atrasa la producción de determinados renglones necesarios para el país e inmoviliza recursos financieros por un periodo más largo del que se aprobó, entre otros elementos

Sí es justo reconocer que el país ha logrado ejecutar los acuerdos del proceso de reordenamiento de las deudas gubernamentales y realizó un esfuerzo para cumplir con los plazos de pago a proveedores, aunque ha habido atrasos con los antes mencionados.

Desde hace tres años el gobierno ha insistido en la necesidad de prestarle mayor atención a la inversión extranjera, contemplada entre sus prioridades; sin embargo, dadas las potencialidades que tiene Cuba para que exista una mayor presencia de capitales externos en la economía, esta no avanzó al ritmo que se necesita. No obstante, se aceleró el ritmo en 2017, con 2000 millones de dólares comprometidos; por ende, no es una inversión real en el año.

¿A dónde va la economía cubana o a dónde se pretende llegar en 2018?

Tras un análisis somero de los informes dados a conocer en la última Asamblea Nacional del Poder Popular, en diciembre de 2017, puede inferirse que estos están muy cargados de orientaciones, aspiraciones y cifras a alcanzar, pero no queda claro qué reglas será necesario cambiar para que se cumplan. Se deberían modificar las trabas institucionales que no hacen despegar a los actores nacionales, sean estatales o no; es decir, hace falta profundizar en los factores internos que no potencian el crecimiento económico del país, especialmente el exceso de control y la centralidad de las decisiones económicas.

El plan de 2018 prevé crecer en 2018 en dos por ciento, cifra baja para la ruta hacia el desarrollo a que se aspira. En ello le tocará jugar un rol importante a la construcción, el turismo y el comercio; sin embargo, no queda evidenciada la recuperación de la industria cubana ni de la agricultura. Está el ejemplo de la zafra azucarera, que no logra superar la barrera de los dos millones de toneladas de azúcar, que es más o menos el 50 por ciento del potencial existente, y se plantea para 2018 cifras de producción por debajo de 2017; es decir, 133 .00 toneladas menos.

Igual sucede con la agricultura, que no logra que la importación de alimentos disminuya. Por el contrario, en 2018 se importará más alimentos que en 2017, proyectándose cifras de unos 1.738 millones de dólares.

En el actual año se aspira a que la inversión con capitales extranjeros llegue a unos 600 millones de dólares. No obstante, el país debe de incrementar su formación bruta de capitales en al menos 25 por ciento en relación con el PIB y, para esto, sumado a la inversión nacional, tendrá que atraer una inversión extranjera superior a 2000 millones de dólares, anualmente, cifra que no ha de quedar comprometida, sino materializada.  Las causas se repiten, unos años tras otros: burocracia excesiva, proyectos con deficiencias en los estudios de factibilidad, dificultades de infraestructura, etc.

Precios altos y poca oferta.

Foto: Jorge Luis Baños_IPS

El presupuesto cubano continuará en 2018 con elevado déficit fiscal, al plantearse 57.200 millones de pesos de ingresos, a la vez que ha establecido compromisos de gastos superiores a los 68.625 millones de pesos. Por lo cual, el Estado deberá gestionar la emisión de Bonos Soberanos en cifras superiores a los 15.749 millones de pesos, dado que hay que agregar la amortización de la deuda pública de años anteriores. De ahí que sea necesario ampliar los ingresos al presupuesto, para lo cual una reserva significativa puede estar en sobrepasar el 14,8 por ciento de los ingresos que aportan las fuentes no estatales, especialmente los trabajadores privados.

Ahí aparecen entonces los escollos políticos, al intentar organizar a los privados, estudiarles sus éxitos, entre otros elementos, a la vez que se paralizan las licencias nuevas, en vez de hacerlo en paralelo: potenciar y ampliar las actividades no estatales e ir creando mecanismos institucionales de control indirecto, como puede ser la utilización de los mismos instrumentos y mecanismos que en las empresas estatales.

Las menos de 300 cooperativas existentes ya aportan al presupuesto nacional 2,9 por ciento respecto al total de ingresos tributarios. Existen muchas potencialidades en esta forma de organización; sin embargo, están paralizadas las nuevas cooperativas.

Es comprensible que el Estado cubano intente apuntalar una vez más la empresa estatal cubana como la forma fundamental de propiedad de su proyecto socialista, pero hay que tener cuidado, a la vez, con la existencia de los monopolios, que conspiran contra la innovación y el aumento de la calidad a los clientes, entre otros aspectos. La competencia es necesaria y útil para tener productos novedosos, para la reducción de precios y para afianzar clientes.

En la Asamblea Nacional se volvió a retomar el tema de la dualidad monetaria y cambiaria y se insistió en que es necesaria su solución, ya que es una de las primeras prioridades de la Comisión de Implementación de los Lineamientos Económicos. Esto ya se ha planteado durante algunos años, constantemente, y ahora se ha expuesto un nuevo cronograma fijado para discutirse en un Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC), en el primer trimestre de 2018. Hay que tener conciencia de que esa es una de las medidas más complejas a realizar y se han explicado las consecuencias que podrá traer su implementación; sin embargo, es un asunto que no puede postergarse más.

Para la toma de cualquier decisión hay que tener en cuenta que los orígenes de la dualidad monetaria en la economía cubana se sitúan a inicios de la década del noventa del siglo pasado; es decir, a comienzos del Periodo Especial, cuando el poder adquisitivo del peso cuba­no experimentó un notable deterioro, derivado de la drástica caída de las importaciones provenientes del bloque socialista, que provocó una abrupta caída de los niveles de actividad económica, junto a una polí­tica social activa para amortiguar los efectos de la crisis sobre la población.

Todos estos factores generaron un exceso de liquidez e importantes desequilibrios macroeconómicos, ya que se mantuvieron los pagos de salarios, aunque las instituciones, especialmente la empresa cubana, estuvieran sin actividad económica.

A la vez, se estaba produciendo un incremento del flujo de dólares (turismo, remesas y empresas extranjeras), lo cual forzó un proceso de dolarización parcial de la economía, que finalmente se instituciona­lizó mediante el esquema monetario dual. Es decir, comenzó una doble circulación de monedas que permitió solucionar problemas a corto plazo, pues contribuyó a un crecimiento no inflacionario en la economía y otras medidas positivas. Desde el origen se pensó en medidas de corto plazo, no que duraran más de 25 años.

La complejidad vino dada no por la existencia de dos monedas (primero CUP y USD y posteriormente se cambió el USD por CUC), sino por las múltiples tasas de cambio. Las más recono­cidas son la tasa de CADECA, donde 24 CUP = 1 CUC para las transacciones de la población, y la denominada tasa de cambio oficial, donde 1 CUP = 1 CUC para las perso­nas jurídicas.

Como consecuencia de esa distorsión cambiaria, se desconectaron los flujos financieros en pesos cubanos y pesos convertibles, tanto para el sector empresarial y el financiero, como las finanzas públicas, y se han compro­metido seriamente los indicadores para analizar la situa­ción económico-financiera.

Queda claro que la eliminación de la circulación de los CUC –oficialmente se ha expresado que la moneda que quedará será el CUP–  se acompañaría de la devaluación del tipo de cambio oficial, ya que es imposible pensar que un CUP sea igual a un USD o esté más fuerte que otras monedas extranjeras.

En particular, la devaluación tendrá efectos similares a los esperados en cualquier economía: debilitamiento de la situación económica-financiera en aquellas empresas con marcados descalces cambiarios (ingresos en CUP y gastos en CUC); incremento de la competitividad del sec­tor exportador y encarecimiento de las importaciones; incremento de precios –al encarecerse el componente importado o en CUC de numerosos productos–, que pu­diera llegar a traspasarse a los consumidores y deteriorar, por tanto, el salario real, si la medida no se acompaña de una reforma salarial; entre otros[1].

Lo complejo viene dado, además, porque hay tensiones acumuladas, a partir de las expectativas que se han generado en la población acerca de una mejora inmediata versus los efectos rea­les de la unificación. El bajo poder adquisitivo del peso cubano descansa en la baja capacidad productiva de una parte significativa del sistema empresarial estatal. Hasta tanto no se consiga un despegue de esas fuerzas productivas, no se podrá recuperar el salario real. Es difícil alcanzar las expectativas de la población con la alta centralidad existente, la caída de las importaciones y planes rigurosos para las empresas, el sector privado en ramas preferentes de servicios, entre otros elementos.

Y aunque es necesario alcanzar la unificación monetaria y tasas cambiarias justas, una  buena parte de los efectos negativos de la unificación (devaluación, en particular) se expresarán muy rápida­mente en el corto plazo, en tanto los efectos positivos se trasladarán hacia el mediano y largo plazos. O sea, la población está ansiosa por resultados más inmediatos, pero estos se dilatan en el tiempo y no se sabe cuándo ocurrirán.

Cualquiera sea el rumbo que se siga, debe considerarse que el punto crítico de dicha ruta será, necesariamente, la eliminación de las causas que dieron origen a la dualidad. Hasta tanto no se restaure el poder adquisitivo del peso cubano y este vuelva a cumplir las funciones de unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor, no se podrá concluir la reforma monetaria[2].

El plan económico hasta 2030 define claramente las líneas estratégicas a seguir y es un documento serio y bien elaborado, por lo que necesita de indicadores de estricto cumplimiento y análisis sobre si realmente estamos avanzando al desarrollo.

A lo largo del amplio periodo después del primer Congreso del PCC han sido numerosos los documentos, plataformas programáticas y planes elaborados; aun así el país sufre de distorsiones estructurales muy fuertes, muy conocidas y que fueron críticamente analizadas desde esa cita efectuada en 1975.

No podemos olvidar que el bloqueo persiste y que, con la presente administración estadounidense, se arreciará aún más. Ese componente estará presente un tiempo más, por lo que el país tiene que utilizar al máximo sus potencialidades internas y aún está distante de hacerlo.

Por último, se avizoran cambios políticos a partir de constituirse un nuevo Parlamento cubano, en abril de 2018. Este elegirá por primera vez un presidente que siga las riendas del camino escogido, sin ser una de las figuras históricas, con el reto de mantener lo alcanzado en lo social y definir un rumbo económico que conlleve crecimiento y desarrollo, así como mayor bienestar individual de la población cubana.(2018)

Notas:

[1]Jessica Leon Mundul: “El largo camino hacia la unificación monetaria y cambiaria: ¿Avanzamos? Artículo en proceso de publicación por el Centro de Estudios de la Economía Cubana.

[2] Idem.

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