El cine cubano en los Premios Goya
A las puertas de la 40 edición de los galardones de la Academia de cine español, recordamos los éxitos de Cuba en el apartado de mejor película de cine iberoamericano.
Por La bella del Alhambra tocó a Enrique Pineda Barnet alzar el primer Goya obtenido por el cine cubano.
Foto: Tomada de Cubacine
El 28 de febrero se realizará la ceremonia número 40 del Premio Goya, el prestigioso lauro anual que entrega la Academia española de cine. Instaurados desde 1987, este galardón reconoce a las mejores películas de ficción, documental, dibujos animados y a los mejores profesionales de cada una de las especialidades técnicas y creativas, dentro de la producción nacional del año anterior.
Desde su inauguración, los Goyas han premiado las creaciones de toda Iberoamérica. El cine cubano ha estado, desde 1988, entre los títulos nominados; si bien es cierto que ningún largometraje de la isla ha figurado entre los finalistas desde hace diez años.
Cabe decir, no obstante, que a lo largo de estas cuarenta ediciones, ya el cine cubano ha figurado en veinte ocasiones entre las películas nominadas. Solo cuatro veces, en cambio, se ha logrado obtener el emblemático premio.
Propongo un acercamiento a esa historia de la participación de Cuba como homenaje a los directores y películas que han podido hacerse del añorado busto del pintor español, símbolo del mejor cine iberoamericano.
Un director nominado y nunca premiado
La primera película aspirante fue Un hombre de éxito, dirigida por Humberto Solás. Esto ocurrió durante la segunda edición, en 1988. La cinta perdió frente a Lo que importa es vivir, una película menor del mexicano Luis Alcoriza que, sorpresivamente, se fue por encima también del clásico Hombre mirando al sudeste de Eliseo Subiela.
El realizador de Lucía volvería a competir en 2002 con Miel para Oshún, y sería derrotado en esa ocasión por la argentina La fuga, dirigida por Eduardo Mignogna.

Buena racha, pero sin lauros
Desde 1990 la filmografía cubana tuvo una buena racha que duró hasta 2004. Durante ese periodo estuvo presente como candidata a la mejor película iberoamericana casi todos los años.
Después, vino una sequía que duró hasta 2008. A partir de esa fecha y en los ocho años siguientes, las nominaciones fueron más intermitentes.
Un director novel como Arturo Sotto consiguió competir dos años seguidos con Pon tu pensamiento en mí y Amor vertical, en las ediciones 11 y 12, respectivamente; en las cuales los ganadores fueron Sol de otoño de Eduardo Mignona y Cenizas del paraíso, del también argentino Marcelo Piñeyro.
Del mismo modo, Juan Carlos Cremata tuvo el gusto de estar nominado con Nada, en la ceremonia 17, de 2003. En esa ocasión el filme triunfador fue El último tren, una coproducción Argentina- España- Uruguay, dirigida por Diego Arzuaga.
Otro director de la nueva generación, Pavel Giroud, protagonizó el regreso del cine cubano a la ceremonia de los Goya en 2008, con La edad de la peseta. Pero vio irse el Goya a las manos de la joven argentina Lucía Puenzo, por su XXY.

Al fin, un primer Goya
El resto de los años en que la cinematografía de la isla estuvo presente entre los nominados, fue con películas de realizadores consagrados y vinculados al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), como entidad productora.
Y el primer Goya vino de manos de uno poseedor de una cinematografía amplia, aunque no muy exitosa: Enrique Pineda Barnet. Lo consiguió, precisamente, con la película que marcaba un giro en su obra: La bella del Alhambra, un homenaje al teatro bufo y la música cubana, alejada en apariencia de su anterior filmografía, y casi su “canto de cisne”, pues después estuvo 19 años sin dirigir otro largometraje en Cuba.
Los más nominados
Solamente dos directores del cine cubano han estado nominados tres veces y ambos han conseguido alzar un solo Premio Goya respectivamente. Ellos son Juan Carlos Tabío y Fernando Pérez.
Tabío, a semejanza de Pineda Barnet, llegó nominado por primera vez a la ceremonia y obtuvo el galardón. Esto ocurrió con Fresa y chocolate, en 1995, y de la cual fue codirector junto a Tomás Gutiérrez Alea. Pero ninguno de los dos realizadores asistió a la gala de premiación y fue el actor Vladimir Cruz quien recogió el Goya en nombre de ellos.
Nuestra película más internacional tanto en promoción como en producción, pues recibió capitales de Cuba, España y México, había desplazado a dos fuertes competidoras latinoamericanas: La estrategia del caracol, del colombiano Sergio Cabrera; y Sin compasión, del peruano Francisco Lombardi.
Las otras dos nominaciones de Juan Carlos Tabío llegaron con El elefante y la bicicleta y Lista de espera, ocurridas en la décima edición de 1996 y en la 15, de 2001. Pero las ganadoras en esos años fueron El callejón de los milagros, del mexicano Jorge Fons; y Plata quemada, de Marcelo Piñeyro, respectivamente.

Ganar silbando
Fernando Pérez debutó en las candidaturas con Hello Hemingway durante la sexta ceremonia de entrega de los premios de la Academia de cine español, el 7 de marzo de 1992. Sin embargo, tocó al chileno Ricardo Larraín obtener el Goya con La frontera.
Pérez volvería en el 2000 con La vida es silbar, y esa vez sí pudo regresar a Cuba con el busto del pintor. La película, que conseguía ese lauro por tercera ocasión para la cinematografía nacional, se impuso sobre otras finalistas, que fueron: Del olvido al no me acuerdo, del mexicano Juan Carlos Rulfo; Golpe de estadio, del colombiano Sergio Cabrera; y Mundo Grúa, del rioplatense Pablo Trapero.
El director de Clandestinos sí estuvo presente en la ceremonia de esa edición 14, primera que se celebraba fuera de Madrid, con el Auditorio de Barcelona como sede. Y regresaría nuevamente a la competencia en 2004, con Suite Habana, única cinta cubana, además, que ha obtenido dos nominaciones, puesto que se le valoró también en el apartado de mejor documental.
Pero en esa ocasión se distinguió a Historias mínimas, del argentino Carlos Sorín, como el mejor largometraje iberoamericano de ficción; mientras Polígono sur, dirigida en España por la francesa Dominique Abel y dedicada al nuevo flamenco hispano, ganó en la categoría de documental.

Habana blues: cubana de corazón
Cuando Fernando Pérez subió al escenario para recibir su Goya por La vida es silbar, tuvo unas palabras de elogio para Benito Zambrano, a quien recordaba como un egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV). El joven español, por su parte, declaró sentirse honrado de compartir triunfos en esa noche de 2000, ya que él había llegado a la ceremonia con once nominaciones, por su ópera prima Solas, y terminado con cinco premios, incluido el de mejor director novel.
Tiempo después, Benito Zambrano haría homenaje a esos años vividos en Cuba con la filmación de Habana Blues. Una cinta que tuvo el enorme mérito de ser recibida por el público cubano como si fuera suya y que sirvió, además, para mostrar al mundo y promover una parte sumergida de la música cubana.
Nominada en la vigésima edición, la de 2006, en cinco categorías, Habana Blues se alzó, finalmente, con los Goya de montaje y de música original. Y en esta última categoría, el emblemático busto tendría que dividirse entre todos los artífices de la delicia sonora: Descember Bueno, Equis Alfonso, Juan Antonio Leyva, Magda Rosa Galbán, José Luis Garrido, Kelvis Ochoa, Dayan Abad y Kiki Ferrer.
Un Goya para el cine independiente cubano
El último premio de la Academia de cine español traído a Cuba hasta el día de hoy tuvo un significado especial, pues era el primer largometraje de ficción que se nominaba en el evento sin que fuera producido por el Icaic.
El filme de marras es Juan de los muertos de Alejandro Brugués y el acontecimiento ocurría en la 27 edición, celebrada en 2013.
Este acontecimiento no era fortuito, sino el clímax de un movimiento que venía produciéndose en el cine nacional y que se manifestaba a través de la consolidada Muestra Joven del Icaic. Varios premios internacionales importantes también recayeron por entonces en otros filmes producidos fuera de la institución estatal, como el Premio Especial del Jurado en el 11 Festival Latinoamericano de Cine de Vancouver, Canadá, obtenido por la cinta Melaza de Carlos Lechuga, por citar solo uno de ellos.
Al festejo del Goya por Juan de los muertos asistieron Brugués y el actor Alexis Días de Villegas, entre otros artistas. Allí, su director expresó: “Agradezco el premio a los académicos porque al hacer esto han abierto una puerta para el cine independiente cubano que nadie va a poder cerrar”.
Una directora nominada
La última cinta cubana incluida entre las finalistas de los premios Goya fue Vestido de novia, realización de una de las pocas mujeres directoras que ha podido terminar un largometraje de ficción en Cuba: Marilyn Solaya.
Este acontecimiento se produjo en la 30 edición; a la postre ganada por la argentina El clan, de Pablo Trapero.
Si el Goya a Juan de los muertos fue significativo para la visibilización del cine independiente de la isla, la nominación de Vestido de novia no lo fue menos, aunque no se concretara el triunfo, porque llamó la atención sobre la presencia creativa femenina dentro de la industria cinematográfica cubana (2026).
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