La obsolescencia programada de una fecha en disputa
Con Todos los días son 8 de marzo, premio al Mejor Cortometraje Documental en FICGibara 2023, Lizette Vila retoma las problemáticas de la mujer que ha denunciado en sus obras precedentes.
Cartel que anuncia el premio otorgado a Todos los días son 8 de marzo en la recién finalizada edición del Festival Internacional de Cine de Gibara.
Foto: Tomada de FICGibara 2023
Mujer feminista y defensora de la paz, Lizette Vila ha llevado el documental realizado por mujeres, a una categoría propia llamada Proyecto Palomas, y que procura promover la equidad de género y la inclusión social a través de la realización audiovisual.
Sin embargo, esta es solo una dimensión de la agenda de contenido sociocultural del Proyecto Palomas. Además, incluye talleres, debates, encuentros, acciones de promoción y formación, siempre dirigidos a prevenir y promover la salud, así como a contribuir al bienestar de la población cubana sin discriminación alguna.
En el documental Todos los días son 8 de marzo ―codirigido con Sergio Cabrera e Ingrid León―, Lizette Vila retoma el estilo segmentado y confesional que tanto se explota en la documentalística al uso. Asimismo enumera, a través de las testimoniantes, aquellos asuntos irresueltos que ha venido denunciando en sus obras precedentes, tales como Estoy viva…lo voy a contar (2016) y Ellas… sus cuidados y cuidadoras (2021)
Entre esos temas que aborda la obra laureada con el Premio Lucía el Mejor Cortometraje Documental en el 17 Festival Internacional de Cine de Gibara, aparecen la feminización de la pobreza, el desamparo de las cuidadoras, las taras del asistencialismo institucional, la violencia de género en sus múltiples facetas (económica, psicológica, obstétrica, el maltrato social, ambiental y emocional), la sobrevivencia al VIH o a otros trastornos patológicos.

También introduce un aspecto que golpea ―como nunca antes― el panorama nacional: la emigración masiva del segmento poblacional más joven y económicamente activo.
Melissa vino, aprendió y venció
Entre todas esas mujeres convocadas para hacerse escuchar a través del poder del sonido y la imagen cinematográfica, apenas una parece funcionar como modelo esperanzador, acerca de la capacidad de albergar un sueño, luchar por realizarlo y triunfar. Su nombre es Melissa, la narradora deportiva.
Según sus propias palabras, viajaba todas las semanas desde Matanzas a La Habana para asistir al curso de habilitación como narradora comentarista. Ella misma se asombra de lo complejo que sería para una profesional que viviera en Oriente, tener que viajar a La Habana con ese mismo objetivo.
Lo que ella no menciona es su enorme temple, su absoluto coraje para alcanzar sus metas y la manera en que ello solo es posible cuando hay valentía y audacia para desafiar los prejuicios. La instrucción, el conocimiento y junto con ello la voluntad de hacer lo que se quiere hacer, son la clave del éxito en cualquier ámbito.
También la disciplina, el tesón, el coraje. Ninguna mujer puede sentarse a esperar que alguien venga a facilitarle las cosas, porque en la propia historia de los hombres notables, con frecuencia tampoco nadie les allanó el camino.
Un minuto para Sara Gómez
¿Alguien se la hizo fácil a Sara Gómez para que, siendo mujer y además negra, lograra imponerse en una industria, nacional e internacionalmente, dominada por hombres, en su inmensa mayoría blancos? Su triunfo, probablemente, se debió a una conjunción de factores, entres los cuales estaría sin dudas el hecho de ser una mujer muy inteligente, preparada y culta.
A ello, súmese también que debió haber sido una persona muy tozuda y laboriosa. La realizadora de De cierta manera (1974) vivió tan por delante de su tiempo que no creyó en desigualdades de género, ni en machismos, ni en patriarcado. Su adhesión ético-política a la Revolución le hizo vivir y sentir otras dimensiones de la realización profesional.
Ella se percibía empoderada. No la imagino tocando las puertas de una oficina de alguna institución para pedir «visibilidad».
Lo material…, cantaba Elena Burke
Además de la muchacha epiléptica, que de su discapacidad extrajo fortaleza y talento para convertirse en narradora, otro ejemplo de resiliencia lo da la señora blanca, cuidadora de una niña con enfermedad degenerativa.

Ella demuestra una formación profesional o un desarrollo intelectual considerable. Se queja de que los pacientes en similar condición a la de su hija todo lo que reciben es ayuda económica y recalca: “¡No se puede seguir con una política asistencialista!” Y señala la ausencia de un equipo multidisciplinario que atienda las demandas emocionales de enfermos y cuidadores.
Ella habla de vacío, desamparo, aislamiento y tristeza, como sentimientos que amordazan a las personas en tales circunstancias. Aunque el plano es muy cerrado, el fondo corrobora sus palabras: no son las carencias materiales lo que atormenta a esta mujer.
Precisamente, esa falta de contexto escenográfico predominante en el documental, se convierte en una cortina que oculta el nivel de desigualdades que experimentan los ciudadanos en la Cuba actual. Parece una nimiedad, pero poder disponer de un techo confortable y una remesa monetaria mensual o un envío de alimentos desde el exterior, hace la diferencia entre una cuidadora atormentada por las necesidades básicas y una cuidadora que puede proyectarse asertivamente ante sus tribulaciones.
Por el contrario, una mujer de mediana edad, negra, modestamente vestida y sentada a la intemperie, cuenta que la única ayuda a la que clasificaba su hijo ―y no se la dieron― era al otorgamiento de una “cajita codificadora” para la señal digital de televisión. Obviamente, esta señora tiene una diferente percepción del confort.
Ser cultas es el único modo de ser libres
La cantante y compositora Zule Guerra lo dice sin tanto rodeo: lo esencial es hacerse valer dentro de su profesión a pesar de que casi todas son áreas dominadas por los hombres. ¿Cómo se llega ahí? Insisto en la fórmula Sara Gómez: conocimiento, tenacidad, coraje.
No hace mucho mi profesora de francés, de unos treinta y pocos años, comentó en el aula que ella no había sufrido la llamada “crisis de la adolescencia”. Hay mujeres que han vivido un climaterio benévolo, asintomático. Hay mujeres que jamás han conocido un dolor de ovarios y las hay que han parido sin dolor.

La narrativa de lo que debemos sentir y padecer las mujeres fue urdida y convenientemente descrita por hombres casi siempre. Esas ideas limitantes, prescriptivas, avaladas por folletines, repetidas en novelas, telenovelas, revistas del corazón y prensa rosa, cine, teatro, literatura, poesía, se fue incrustando en el ADN cultural de un patriarcado expansionista y supraideológico, y ha querido convertirnos en víctimas y mutilar nuestras capacidades de generar cambios.
El 8 de marzo y un problema no binario
¿Qué significa que todos los días sea 8 de marzo? Es la ONU quien promulga un Año Internacional de la Mujer en 1975, y en 1977 invita a los Estados para que proclamen una jornada como Día Internacional de la Mujer. Así se define una fecha para conmemorar un largo corolario de luchas por la igualdad de derechos entre mujeres y hombres.
Pero la condición de mujer está atravesada por otros renglones que tienen tanta importancia como el hecho mismo de reconocerse como fémina: raza, etnia, religión, filosofía, preferencia sexual, estatus económico, condición etaria y de salud, entre otros.
Me llama la atención, por ejemplo, que en este documental donde (al parecer) solo fueron convocadas mujeres biológicas (¿heterosexuales?), se escuchara el alegato de una persona no binaria. Si no se reconoce como mujer, ¿por qué se le incluye?
Hay una parte del mundo enfrascado en un dilema al que los sociólogos, politólogos, antropólogos, psicólogos, psiquiatras, historiadores, investigadores y feministas cubanos tendrán que dar el pecho a corto o largo plazo. Para decirlo de un modo reduccionista pero comprensible: el problema trans se cierne sobre las cabezas de feministas de todas las ligas, pactos y denominaciones.
El lado oculto del movimiento trans
Un artículo reciente enciende las alarmas: “Los grupos de izquierda radical y las feministas de izquierda que gritan «las mujeres trans son mujeres» están siendo manipulados por los multimillonarios y las grandes corporaciones. El movimiento trans no es un movimiento nacido en la base, como lo ha sido el movimiento feminista, es un proyecto de una élite, que está invirtiendo mucho dinero para promover una condición corporal disociativa que desvincula los cuerpos del género”.
En su reflexión, la italiana Silvia Guerini, autora de The freedom of transfeminism that kills all freedom (Nettle Publishing, 2023), añade: “A escala internacional asistimos a una saturación mediática de reivindicaciones trans y LGBTQ+”.Y a continuación señala quiénes son los poderosos que están detrás del lobby trans y cómo actúan.
La persona binaria no debió ser incluida en el documental, del mismo modo que se sustrajo toda voz masculina. Hablar desde una perspectiva de género implica caminar sobre una cuerda afilada únicamente protegidos por las zapatillas de la prudencia. El grosor de las zapatillas dependerá de la profundidad y calidad de las investigaciones que impone un tema tan delicado, así como del tino de las decisiones que sea pertinente tomar.
El puñal de tu enemigo lo afilas tú
Partir de una idea romántico-calamitosa del “ser mujer” nos llevará al victimismo de género. Grandes mujeres enfrentaron grandes desafíos en épocas de grandes inequidades. Desde Marie Curie, archifamosa por sus Premios Nobel en Física (1903) y Química (1911), hasta la bioquímica australiana Elizabeth Blackburn, galardonada en 2009 con el Nobel de Medicina por sus descubrimientos en torno al papel de los telómeros y la telomerasa y su función en los cromosomas.
En el extremo oriente, a finales del siglo X, Sei Shônagon y Murasaki Shikibu resultaron precursoras de la literatura clásica japonesa, aun cuando les estaba prohibido el estudio del lenguaje escrito y solo podían expresarse en un sistema de escritura fonética llamado hiragana. Y cierro con la neoyorquina Gertrude Ederle, quien se convirtió en 1926 en la primera mujer en cruzar a nado el Canal de la Mancha. Ejemplos sobran.
Aplaudo que el Proyecto Palomas continúe la producción de documentales sobre nosotras. En lo personal prefiero el discurso propositivo, porque genera esperanza y ofrece alternativas. Y porque pienso, como la cantante Concha Buika, que sabemos todo, y si no nos apetece tomar responsabilidad es porque no queremos.
Hay una diferencia entre intentar y hacer. Cuando tu intentas ―dice Concha―, no quieres hacer. Tú quieres hacer cuando haces. El puñal de tu enemigo lo afilas tú.
No obstante, respeto senderos y estilo de los autores. Pero esa nota de tía Tata complaciente con la que se invistió la comparecencia de Irela Bravo, coronada por la sustracción (¿humorística?) de su fecha de nacimiento, estuvo de más. Muy de más. Vamos, que cuando aquellos iban por la harina, otros ya regresábamos con el pan (2023).
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