En un panorama complejo, nuevos animados cubanos

Aunque varias problemáticas han disminuido su producción, la animación cubana muestra obras de atractiva realización y factura conceptual.

Foto: Cortesía de la directora

En contraste con una tradición importante, e incluso experimental, sustentada por la creación de los Estudios Fílmicos de la Televisión Cubana y los Estudios de Animación del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) a inicios de los años sesenta, la producción actual de animados en Cuba muestra un debilitamiento que se manifiesta en la disminución de las obras, su escasa trasmisión en medios públicos y participación en festivales y poco impacto social.

Es cierto que las dificultades tecnológicas, financieras y de promoción han tenido un peso negativo en el declive de su desarrollo. Pero ha influido también la falta de reconocimiento a la producción independiente en este género; además de la subestimación de la animación como arte.

Esta no se estudia como carrera, salvo talleres, cursos o iniciativas en las escuelas de artes visuales o en la Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisual de la Universidad de las Artes. No existe un camino directo para ser animador, la mayoría son autodidactas, que llegan a la animación con mucho de vocación y esfuerzo, después de incursionar en otras profesiones.

La baja producción de cortos y largometrajes animados se hace notar más porque en otros momentos sí hubo una mayor producción, con impacto en el público y en el imaginario popular, a través de los animados de Juan Padrón sobre Elpidio Valdés (1974) o su largometraje Vampiros en La Habana (1985).

Más allá del didactismo propio de aquella época, también hay que recordar las posibilidades experimentales exploradas en obras de Jesús de Armas, Sandú Darié, Luis Rogelio Nogueras, Hernán Henríquez, Jorge Carruana, Eduardo Muñoz Bachs y Tulio Raggi en el Departamento de Dibujos Animados del Icaic.

Cartel de Chimbe, animado cubano laureado en la 12 edición de los Premios de Televisión de América Latina. (Cortesía de VLAstudio Laboratorio de Animación)

Experiencias a lo largo del país

Pensamos en este caso en la animación —esa ilusión de movimiento que se origina a partir de una secuencia de imágenes fijas— como la producción de dibujos animados (cortos, medio y largometrajes) para un público infanto-juvenil, su tradicional espectador, y no en las muchas posibilidades de crecimiento de esta en la actualidad. Pues aplicada en las artes visuales y la danza (video-arte y video-danza), en la industria musical y de espectáculos, así como en la comunicación (video-clips, spots de bien público o institucionales y publicidad), o como parte de producciones de ficción o documentales (como en el reciente La tierra de la ballena, de Armando Capó), esta ha alcanzado logros interesantes.

Mientras las investigaciones afirman que hay menor consumo del animado tradicional por los niños, los realizadores no dejan de preguntarse qué representatividad tienen estas producciones en los medios de comunicación nacionales ―más cuando los

Estudios de Animación Icaic celebran su 65 aniversario.

La creación del Fondo de Fomento del Cine Cubano y Registro del Creador Audiovisual y Cinematográfico ha estimulado en el escenario actual esta forma expresiva, que resulta bastante costosa, aunque algunos puedan pensar que la producción de animados es sencilla.

Dentro del país existen todavía realizadores que buscan altos niveles de visualidad y solidez conceptual, e intentan realizar obras rompedoras y de vanguardia, que amplíen el espectro icnográfico del animado cubano.

Cartel de Los gatos de Ulthar, corto cubano que adapta el clásico literario del estadounidense H.P. Lovecraft. (Cortesía de la directora)

Nuevos realizadores en la isla

Más allá de La Habana están los Estudios ANIMA en Holguín, que en los últimos años ha presentado varios capítulos de la serie Retoños de almendro, realizada junto a Ediciones La Luz.

En Camagüey, los jóvenes Henry de Armas y Keiter Castillo han realizado cortos para adultos como Mi estrella y Cerdo, respectivamente, con el apoyo de Animados Icaic; en tanto, Lídice Fernández, de Villa Clara, hizo Cuentos de la tía Li, de.

El equipo de Animados Icaic, dirigido por Esther Hirzel y en constante reinvención, ha trabajado en proyectos como La súper, largometraje de Ernesto Piña; Fernanda y el documento de Figueroa, de Mario Rivas; Cuentos de Ñañaseré, de José Martín Díaz; Ciberdanz, de Danny de León, y Cuentos para Federico, creación transmedial a partir de la obra del joven dramaturgo Maikel Chávez, con dirección de Alexander Rodríguez.

Ivette Ávila y Ramiro Zardoya realizan un trabajo meritorio y reconocido, que ahonda también en la investigación sobre el tema. Dentro de la realización independiente aparece el habanero Allpa Studio y el corto de animación BU, dirigido por Daniel Alemán Montero.

FIC Gibara potencia la animación

La cantidad de materiales presentados a concurso en ediciones anteriores, aunque mayormente foráneos, hizo que el Comité Organizador del 19 Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara abriera en 2025 un apartado para las obras de animación o experimentales.

En la más reciente cita de Gibara concursaron 15 obras de animación, pero solo cuatro de Cuba y no recibieron premios. El Lucía en este apartado lo obtuvo Yo voy conmigo, de Chelo Loureiro (España, 2023) y las menciones fueron para dos argentinas: el videoarte Cedro libanés (Nuria Suaya y Facundo Rodríguez) y el animado 40° a la sombra (Eduardo Elli).

Por Cuba compitieron Chimbe, de Vladimir García Herrera, La pantalla, de Kadier Fuentes Cardet, Los gatos de Ulthar de Melissa Sanz y Monstruo efervescente de Frank Canino.

De estos realizadores, el más experimentado es García Herrera, un creador prolífico en el panorama nacional y que está al frente del proyecto VLAstudio Laboratorio de Animación, donde realizó Chimbe.

Alrededor de esa creación y de Los gatos de Ulthar, ambas relacionadas por su tema, nos detendremos, particularmente, en este comentario para Altercine.

Chimbe: primer capítulo para un proyecto mayor

De solo 12 minutos, Chimbe es el primer y único capítulo hasta ahora de una serie producida junto al canal Cubavisión. Lejos de los intereses didácticos que podrían asociarse al tema, resulta un material orgánico, atractivo, que mantiene el interés del espectador.

Obviamente, esta muestra solo nos da indicios, pistas, de una historia seriada en la que la protección ambiental, especialmente de las especies autóctonas y protegidas, así como la importancia de las relaciones familiares y la amistad, resultan piedra angular de un material donde los efectos de sonido ―no hay diálogo en el capítulo― y las secuencias animadas contribuyen a reforzar el guion de Olga Montes, autora del relato.

Chimbe es la historia de una jutía rescatada por una familia campesina de Pinar del Río ―observamos la geografía característica de esta región cubana― y que criada en esa casa, adopta el comportamiento de los humanos. Hasta el día en que, ya adolescente, huye hacia el monte y descubre que su medio natural le es desconocido. A partir de ahí aparecen conflictos y aventuras, en los que el personaje crece, antes de regresar al hogar.

Este capítulo piloto recibió el premio al Mejor Contenido de Animación en la 12ma. edición de los Premios TAL (Televisión de América Latina), donde compitió contra realizaciones de República Dominicana, Argentina, Uruguay, Colombia y México.

Si bien el director de VLAstudio plantea que la reducción del presupuesto estatal convierte estas realizaciones en productos limitados y de muy bajo costo, actualmente está enfrascado en el largometraje Chimbe al rescate, listo para entrar en producción, mientras continúa la búsqueda de coproductores y presupuesto.

Los gatos de Ulthar cobran vida en Cuba

En Holguín trabaja la joven realizadora Melissa Sanz, quien asegura que entre los animadores cubanos predomina la estética marcada por las obras del Icaic, principalmente las realizadas con animación vectorial luego de 2007.

Ella es una creadora interesada en ampliar el espectro icnográfico, y también temático y referencial del animado cubano. Su cortometraje Los gatos de Ulthar, con el que se graduó en la filial holguinera de la Universidad de las Artes, es una demostración de esto.

Con producción de El Nido y Karma´s Studio, en sólo 9 minutos adapta un famoso cuento homónimo de Howard Phillips Lovecraft, seleccionado por su narrativa rica en elementos visuales y por el mensaje de protección animal ―en lo que coincide con Chimbe.

Ulthar es un pueblo ficticio, perteneciente al universo creado por el escritor estadounidense, conocido comúnmente como Cthulhu Mythos, dimensión donde se combinan elementos de horror gótico tradicional con temas científicos. “Desde la creación del guion adaptado se decidió que el cuento fuese narrado por un historiador simulando una leyenda. Esto facilitó la narración sin tener que recurrir a los diálogos”, comenta la realizadora.

Los personajes, fondos y animaciones vectoriales sobre un fondo modelado en 3D facilitaron la creación de una atmósfera más realista y se agilizó el proceso de producción.

Una experiencia “lovecraftiana” en la animación

Los gatos de Ulthar narra la llegada de una caravana de gitanos a un pueblo. En ella viaja Menes, un huérfano que poseía un gato como compañero y amigo. Este fue raptado por una pareja de campesinos que se divertía capturando y asesinando gatos.

Antes de abandonar ese lugar, Menes elevó una plegaria que provocó que los felinos de la zona fueran a la cabaña de los campesinos y los devoraran. Las autoridades locales establecieron una ley que prohibía el asesinato y el maltrato de los gatos en el pueblo de Ulthar.

Melissa Sanz da entrada al venerado Lovecraft en la animación cubana con originalidad, dinamismo, atractivo diseño de animación y un aire fresco que, por derecho propio, merece llegar a un amplio público a través de los medios de alcance nacional (2025).

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