Paula Hernández y Lluvia
Los largometrajes de la argentina Paula Hernández proponen un giro en el canon.
«Quiero irme, y luego volver», jura un personaje de Herencia (2001), la ópera prima de la argentina Paula Hernández. Y en esa frase se desliza la persecución, a ratos agónica, a ratos gozosa, del pasado en que se envuelven sus protagonistas. Olinda, una italiana que ha echado media vida en Argentina, observa a Peter, un joven alemán decidido a reencontrar en Buenos Aires un gran viejo amor. Ella en su restaurante y él en la calle del frente. La lluvia cae. Y en ese momento en que Olinda lo acoge, le permite pasar la noche a salvo del agua; Herencia da un vuelco, algo se tuerce en el futuro de ambos, que no será ya mero reflejo de su más entrañable pasado.




