La Habana, sus reflejos
Los pequeños charcos de la ciudad son espejo de su gente.
Esto que amo intensamente/ en cada minuto de cruzarla a diario/ es la ciudad. Heridas/ simulan ser las calles que penetran/ su hermosa piel de asfalto./ Va conmigo/ en la pasión y el llanto/ Como lámparas, cuelgan/ de sus múltples manos vegetales/ oscuras tempestades interiores de todo el que la habita./ A polvo y grito la despierta el alba./ Triste a veces, en medio de sus voces/ transcurre/ como una cosa más. Prendido/ en su interior, el tedio/ a todos ya desconocido va realizando/ una labor de siglos. Ella/ en silencio espera y duerme/ sobre sus propios ruidos.
«La ciudad», Georgina Herrera
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